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Los doblemente olvidados

por 3 enero, 2013

Hay que cuestionarse respecto al tipo de sociedad que estamos construyendo y que queremos construir, a la luz de hoy pareciésemos ir hacia una sociedad que no es capaz de valorar a sus personas mayores. Si Chile no es capaz de generar estrategias nacionales para la prevención y el tratamiento del Alzheimer, no sólo se olvida de sí mismo por los enormes costos que tendrá que asumir, sino también se olvida de quienes contribuyeron con su vida a que en conjunto logremos lo que hoy tenemos.
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El sistema de salud mental nacional atraviesa una profunda crisis debido a la falta de una estrategia nacional que permita tratar uno de los temas que más impacta la calidad de vida de los chilenos.

Chile es el país más longevo de Sudamérica. Eso conlleva, al menos, una consecuencia a la Salud Mental del país, en que la edad es el principal factor de riesgo: la aparición del Alzheimer. El Alzheimer es un tipo de demencia, gracias a él se alteran las capacidades cognitivas, sobretodo la memoria, hay alteraciones conductuales y disminuye la autonomía. Se hace evidente que la persona es otra respecto a su funcionamiento previo, sin poder realizar sus actividades sociales habituales.

En el mundo se estima que hay 35,6 millones de personas que sufren Alzheimer. Si el Alzheimer fuera un país sería la décimo octava mayor economía del Mundo, dado que consume el 1 % del PIB mundial (US$ 604 billones). Así lo estimó el año 2010 el Reporte Mundial de Alzheimer  elaborado por el Kings College de Londres y el Karolinska Institute de Suecia. Este mismo informe nos pone en alerta como país, al situarnos junto a Uruguay y Argentina, como el sector de América con la mayor prevalencia de enfermedad: 7,2 % en los mayores de 60 años.

Hay que cuestionarse respecto al tipo de sociedad que estamos construyendo y que queremos construir, a la luz de hoy pareciésemos ir hacia una sociedad que no es capaz de valorar a sus personas mayores. Si Chile no es capaz de generar estrategias nacionales para la prevención y el tratamiento del Alzheimer, no sólo se olvida de sí mismo por los enormes costos que tendrá que asumir, sino también se olvida de quienes contribuyeron con su vida a que en conjunto logremos lo que hoy tenemos.

Obviamente estamos entonces frente a un gran tema país. Lamentablemente el adagio nacional de que las cosas obvias se callan, y por calladas se olvidan, acá aparece como una doble ironía.

Cerca de 200 mil chilenos actualmente sufren demencia, y si incluimos a las familias afectadas, al menos 1 millón de chilenos padecen los estragos de esta enfermedad. Hoy se estima que el Alzheimer tiene un costo para el país de unos US$ 2 mil millones al año, compuesto por los gastos de la enfermedad y la pérdida de fuerza laboral secundaria a los cuidadores. Quien lea esto, conocerá a alguien de su entorno con esta patología. En lo personal dos de mis abuelos han padecido esta enfermedad, con un enorme desgaste familiar, y pese a que me dedico a la salud mental nunca le había tomado el peso a lo que estamos viviendo. De no ser por el descubrimiento de la Terapia Ocupacional como estrategia de intervención, y el contacto con expertos que me han “geriatrizado”, seguiría sin dimensionar que los 20 cupos que nos financian para tratar a quienes padecen de esta enfermedad en Peñalolén, habla de un serio problema de falta de visión país.

Actualmente países de todo el mundo como Estados Unidos, Holanda, Noruega, Francia, Corea e incluso Bolivia entre otros, han implementado planes nacionales para el tratamiento del Alzheimer. En nuestro caso pese a la declaración políticamente correcta del Ministerio de Salud, de incluir el envejecimiento activo como un lineamiento estratégico, y poner al Alzheimer como una prioridad en salud mental, además de hacer guías para el diagnóstico y tratamiento, esto no pasa de ser una declaración de intención, ya que las cifras muestran que a nivel nacional apenas se está tratando cerca del 2 % de los afectados. Hoy salud se ha marginado del debate, y es el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama), quien intenta suplir esta falta de liderazgo.

Hay que cuestionarse respecto al tipo de sociedad que estamos construyendo y que queremos construir, a la luz de hoy pareciésemos ir hacia una sociedad que no es capaz de valorar a sus personas mayores. Si Chile no es capaz de generar estrategias nacionales para la prevención y el tratamiento del Alzheimer, no sólo se olvida de sí mismo por los enormes costos que tendrá que asumir, sino también se olvida de quienes contribuyeron con su vida a que en conjunto logremos lo que hoy tenemos. Nadie quiere ni espera lidiar con el doble olvido, por un lado de una enfermedad de esta envergadura, y por otro el de su país.

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