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La Autopista Vespucio Oriente y el sentido de la vida en la ciudad

por 11 enero, 2013

El progreso debe estar al servicio del ser humano. Las ciudades desarrolladas se han modernizado, funcionan, y sin embargo han resguardado la escala humana, no sólo conservando edificios antiguos, sino permitiendo que la ciudad sea amable con sus habitantes. Hay ciclovías, paseos, parques habitables, no solo para adornar, barrios donde hay convivencia. Esta movilización ha puesto en el tapete la discusión acerca del concepto de urbanismo, faltante en el proyecto del Gran Santiago.
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El tema de la definición del trazado y de la forma del  último tramo de la Autopista Américo Vespucio Oriente, ha suscitado revuelo.

Después de que se supo la noticia de que se estudiaba un trazado alternativo a Américo Vespucio, por dentro de las comunas de Peñalolén y La Reina, los vecinos se hicieron escuchar.

Al principio, tímidamente, pocos vecinos haciendo algo de ruido en la intersección de Javiera Carrera norte y Larraín; luego cada fin de semana se sumaban más. Se ampliaron también los lugares de encuentro, a Plaza Egaña y a Orientales, en el eje de A. Vespucio. Deteniendo el tránsito, tocando tambores, bailando, expresándose.

Y luego aparecieron las autoridades electas, de todos los colores políticos, apoyando a los vecinos.

Esta movilización, que parte en torno a los intereses personales de los vecinos, que quieren mantener su comuna con el carácter que los identifica, que quieren conservar sus casas; ha obligado a todos, vecinos y autoridades a una reflexión mayor.

¿Queremos detener el progreso? ¿Qué queremos para Santiago? ¿Cómo integramos el concepto del ser humano en el concepto de una ciudad moderna?

El progreso debe estar al servicio del ser humano. Las ciudades desarrolladas se han modernizado, funcionan, y sin embargo han resguardado la escala humana, no sólo conservando edificios antiguos, sino permitiendo que la ciudad sea amable con sus habitantes. Hay ciclovías, paseos, parques habitables, no solo para adornar, barrios donde hay convivencia. Esta movilización ha puesto en el tapete la discusión acerca del concepto de urbanismo, faltante en el proyecto del Gran Santiago.

El progreso debe estar al servicio del ser humano. Las ciudades desarrolladas se han modernizado, funcionan, y sin embargo han resguardado la escala humana, no sólo conservando edificios antiguos, sino permitiendo que la ciudad sea amable con sus habitantes. Hay ciclovías, paseos, parques habitables, no solo para adornar, barrios donde hay convivencia.

Esta movilización ha puesto en el tapete la discusión acerca del concepto de urbanismo, faltante en el proyecto del Gran Santiago.

Ya se han cometido suficientes aberraciones, se han fracturado comunas, poniéndoles una autopista por el medio, en donde el vecino del frente ya no está al alcance de una visita amistosa.

Aberraciones como la descontrolada construcción en altura en barrios residenciales, en que las casas han sido tragadas por las sombras de estos, dejando sus jardines oscuros, sus habitaciones sin sol.

Las calles tranquilas, donde era posible respirar a la sombra de árboles, están convertidas en vías atestadas de vehículos, en taco, ya que se aumenta la densidad sin pensar en los automóviles que trae aparejada esa densidad habitacional.

Santiago tiene barrios que tienen su propia personalidad. Son barrios donde se convive, se camina por las veredas, se anda en bicicleta, con niños que juegan en las plazas. Se conocen los vecinos, se trata por su nombre al cartero, se recicla, se colabora. Pasa el organillero y la gente sale a la vereda.  Hay árboles, muchos, llegan a estas zonas verdes y mas frescas, las aves que han tenido que migrar desde la precordillera arrasada por condominios que matan la flora nativa.

Estos son los barrios que necesitamos apoyar, integrarlos a lo moderno sin destruirlos, son los barrios donde todo, aún, es a escala humana. Son los que tienen la personalidad de su gente, donde podemos no sólo rescatar un barrio sino un concepto, el de “carácter chileno”.

De un chileno moderno, que cuida su entorno, que recicla, que se moviliza en bicicleta cuando puede, que usa el auto sólo cuando es necesario. Que le importa su entorno, que quiere sentir que vive en comunidad con sus vecinos. Que aprecia el pensamiento, el sentimiento, que su vida no es un vértigo por llegar mas rápido a un lugar, sino que le importa el trayecto.

Porque finalmente ese trayecto es el símbolo de lo que hacemos con nuestra vida. Es el espacio de tiempo que nos pertenece, entre el nacimiento y la muerte, y lo que hacemos con ese tiempo define si nuestra pasada por este mundo valió la pena o, sencillamente, dio lo mismo y solo estuvimos para hacer número.

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