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Los derechos de los animales y la matanza de perros en Punta Arenas

por 17 enero, 2013

La única salida moral y ética al problema del exceso de perros callejeros son políticas de tenencia responsable, esterilización masiva, campañas de adopción, creación de refugios a cargo de las municipalidades y una legislación que penalice el abandono y maltrato a los animales de compañía.
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El pasado domingo 13 de enero, un centenar de personas se manifestaron en la ciudad de Punta Arenas en contra de la matanza de 37 perros callejeros ocurrida en la madrugada de ese mismo día. El sentir de esos ciudadanos ha tenido eco dentro de las redes sociales donde circulan cartas a nivel nacional e internacional pidiendo la remoción del obispo de dicha ciudad, Bernardo Bastres, cuyos reiterados llamados a matar perros callejeros son considerados como la causa directa del envenenamiento de los perros.

La protesta en Punta Arenas y el revuelo que ha causado en el —coloquialmente— llamado mundo animalista debería de obligar a la sociedad chilena a hablar abiertamente sobre una realidad innegable: el movimiento por la defensa de los derechos de los animales existe en Chile y con los años cada vez será más fuerte. Esto es consecuencia lógica del hecho que la defensa de los derechos de los animales es uno de los movimientos sociales más importantes en el mundo occidental del siglo XXI.

Pero ¿qué es lo que busca este movimiento social? El concepto de derechos de animales se origina en Inglaterra en el siglo XIX paralelamente a la formación de la Sociedad Real para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales (RSPCA por sus siglas en inglés). Los derechos de los animales se basan en el imperativo filosófico que los animales, al igual que los humanos, poseen ciertos derechos fundamentales e inalienables, por lo que deben ser tratados moralmente como iguales, lo que en filosofía se conoce como principio moral de igualdad en la consideración.

La única salida moral y ética al problema del exceso de perros callejeros son políticas de tenencia responsable, esterilización masiva, campañas de adopción, creación de refugios a cargo de las municipalidades y una legislación que penalice el abandono y maltrato a los animales de compañía.

El que sienta las bases filosóficas en el siglo XX para los derechos de los animales es el filósofo australiano Peter Singer, quien en su libro Liberación Animal llega a la conclusión que la base filosófico-moral en donde se sustenta la relación humana con el mundo animal, misma de donde se desprende el trato y la concepción que los humanos tenemos de los animales, planteaba un problema moral de grave índole. Singer, concluyó que esta relación en sí es un sistema de opresión de otras especies por los seres humanos o como literalmente la define una “tiranía de los humanos sobre los no-humanos”.

Singer busca convencernos que los animales son seres sensibles e independientes y no simples objetos cuya existencia se reduce a satisfacer nuestros intereses humanos. El principio básico de igualdad no requiere igual o idéntico trato; requiere igualdad en la consideración. Igualdad en la consideración para seres diferentes conlleva a diferentes tratos y a diferentes derechos.

Por lo tanto, el principio de igualdad es una idea moral no un hecho, de manera tal que, de acuerdo a Singer, el principio de igualdad entre seres humanos no es una descripción sobre una igualdad pretendida entre los seres humanos, sino una receta de cómo debemos tratar a los seres humanos.

Así, este principio aplicado a los animales es una receta de cómo debemos tratar a los animales y no la mofa que muchos hacen en contra de los derechos de los animales al argumentar que estos buscan otorgar a los animales los mismos derechos que a los humanos. Efectivamente, los defensores de los derechos de los animales no buscan que los mamíferos tengan acceso a la educación, pero sí a que no sean asesinados de manera cruenta o que sean utilizados como divertimento en circos o zoológicos.

Recientemente el debate en la filosofía moral se inclina a un acuerdo al aceptar como un presupuesto fundamental en las teorías morales el dar a los intereses de todos los seres una igualdad en la consideración.

Es la consecuencia de este principio de igualdad la que nos lleva a que la preocupación por otros y nuestra prontitud a considerar sus intereses no dependan en la apariencia o habilidades de los otros. Singer establece que precisamente lo que este principio requiere de nosotros es que tomemos en cuenta las características de los seres afectados por nuestros actos. Por lo tanto la consideración por el bienestar de un niño  requerirá que se le enseñe a leer, mientras que la consideración por el bienestar de un cerdo requerirá que se le deje en compañía de otros cerditos en un lugar adecuado con suficiente agua, comida y espacio para correr libremente. El elemento básico –el tomar en cuenta los intereses del ser, cualquiera que estos intereses sean- debe, de acuerdo al principio de igualdad, ser extendidos a todos los seres, negros o blancos, masculinos o femeninos, humanos o no-humanos.

Hay que tener presente que es en este fundamento filosófico-moral en el que se basaron los casos en contra del racismo y en contra del sexismo. Singer afirma que es basado en este principio que debemos condenar lo que se ha denominado “especiesismo” en analogía con racismo. El término especiesismo refiere a prejuicios o actitudes predispuestas para con los intereses de los miembros de nuestra misma especie y en contra a los intereses de los miembros de otras especies. Los derechos de los animales establecen que si el hecho de que un ser humano sea más inteligente que otro no lo faculta para que esclavice o use al otro para la consecución de sus fines ¿Por qué ese mayor grado de inteligencia faculta a los humanos a explotar a los no-humanos?

Lo que nos lleva de vuelta a las matanzas de perros en Punta Arenas. No existe argumento de políticas públicas, religioso o moral que justifique el asesinato de perros callejeros. La decisión tomada por esos ciudadanos fue un acto de especiesismo o de la tiranía de los humanos sobre perros callejeros, que asimismo son víctimas del abandono de los humanos.

La única salida moral y ética al problema del exceso de perros callejeros son políticas de tenencia responsable, esterilización masiva, campañas de adopción, creación de refugios a cargo de las municipalidades y una legislación que penalice el abandono y maltrato a los animales de compañía.

Esto solamente se logrará en la medida que como sociedad aceptemos que los derechos de los animales existen.

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