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Cristina K en el Vaticano: La jugada imperfecta

por 21 marzo, 2013

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La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, no esperó ni que el Papa se instalara en sus habitaciones del palacio apostólico para pedir audiencia. Francisco, el primer Papa latinoamericano y argentino, viene como anillo al dedo a las pretensiones de la Casa Rosada sobre las islas Malvinas y no desperdiciará la sorpresiva ventaja que ofrece ser la primera mandataria en ser recibida –en su defecto, en la residencia de Santa Marta, lugar donde se alojaron los cardenales durante el cónclave– por el flamante nuevo pontífice.

Si bien, el jesuita Jorge Bergoglio, mientras fue arzobispo de Buenos Aires, no fue santo de su devoción, Cristina K es un animal político y durante la audiencia se vieron cercanos y afables. Incluso, cariñosos. Ambos saben que el mundo observa: por un lado, el Papa Francisco dando muestras de “afecto y cortesía” a la presidenta de su natal Argentina y demostrando que la Iglesia ha iniciado sus transformaciones enviando señales de cercanía y perdón; y, por otra, la señora K mostrándose cercana a un Vaticano que hoy le es de mucha utilidad.

No es sorpresa que el país trasandino solicite a un Papa con estas características mediar en el largo conflicto por las Islas Falkland-Malvinas. Es un escenario obvio, aunque su utilidad es incierta. Francisco debe ser muy discreto al inicio de su pontificado y esta situación lo pone en aprietos. ¿Es ético aceptar esta responsabilidad? ¿Cristina Fernández hubiese recurrido al Vaticano como mediador si el papa no hubiese sido un argentino? ¿Aceptará de buena gana Francisco este proyecto?

¿Quién era Bergoglio?
Según la filtración de cables diplomáticos norteamericanos en 2007 –los Wikileaks– el entonces cardenal Jorge Bergoglio era considerado un opositor al fallecido ex presidente y marido de Cristina Fernández, Néstor Kirchner, especialmente porque criticaba la acumulación de riquezas y concentración del poder de los "K" en desmedro de las instituciones estatales argentinas.

La supremacía de la política por sobre los intereses de la Iglesia Católica era una condición impuesta por los Kirchner para negociar. Sin embargo, Bergoglio se negó a aceptarla. Para él, la Iglesia y el Estado tenían el mismo fin: ayudar a la gente, a los ciudadanos, a los más pobres. La Iglesia no podía ni debía ser un engranaje más de la maquinaria del Estado ni ser utilizada políticamente.

Sin embargo, es también el lazo político-religioso el que le ha valido las críticas más duras. Tal como ocurrió con su antecesor, Joseph Ratzinger y su participación en las Juventudes Nazi, Bergoglio es cuestionado por su participación en el gobierno militar encabezado por Jorge Videla.

Dictadura argentina: Religiosos y terrorismo de Estado
El periodista Horacio Verbitsky denunció hace tres años en el diario Página/12, que al inicio de la dictadura militar argentina, dos sacerdotes –Orlando Yorio y Francisco Jalics– fueron detenidos en la villa donde realizaban trabajos pastorales, mantenidos en cautiverio y torturados durante seis meses –entre mayo y octubre de 1976– sin que Bergoglio, superior de la congregación jesuita, hiciese “lo suficiente” para ayudarles. Pero, en 2010, cuando se le llamó a declarar en calidad de testigo, el hoy pontífice afirmó que él percibía temor de los curas jesuitas que trabajaban con los más pobres por la violencia que ejercía contra ellos la dictadura argentina, pero por su juventud y pocos contactos, no podía hacer más de lo que hizo “para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar”.

Lo cierto es que entre 1974 y 1976, se vivió la época más cruenta entre el Estado y quienes “optaron por los pobres”: primero, el Padre Carlos Mujica, fue asesinado el 11 de mayo de 1974, a balazos luego de celebrar una misa en Villa Luro, por un ultraderechista de la Alianza Anticomunista Argentina; luego, Gabriel Longueville y Fray Carlos de Dios Murias, ambos sacerdotes, fueron secuestrados el 18 de junio de 1976 y ese mismo encontrados con evidentes signos de haber sido maniatados, torturados para finalmente ser asesinados a balazos y arrojados a un lado de las vías del tren en La Rioja. Finalmente, el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, firme y abierto opositor a la dictadura de Videla, sufrió un fatal accidente de tránsito mientras llevaba en su maletín tres archivos con notas de la investigación sobre el asesinato de Longueville y Murias, tras asistir a la misa en homenaje a los sacerdotes. Siempre se ha especulado sobre la intencionalidad y conveniencia de esta muerte para los militares; de hecho, la Iglesia Católica habla de “un extraño accidente mientras se encontraba en ardua misión investigativa”. Hoy la causa está abierta.

La misión de Francisco
“Es una esperanza para los argentinos, para que nos unamos y reine la paz entre nosotros” rezaba María Laura, una de las tantas mujeres, hombres, jóvenes y niños trasandinos que viajaron –a pesar de la petición del papa de no hacerlo y donar ese dinero a causas benéficas– al entronamiento de Francisco en la Plaza de San Pedro. Pero, el mundo también tiene puestas sus esperanzas en el papa jesuita y latinoamericano.

El informe de 300 páginas sobre la filtración de documentos del Vaticano ya está en manos del nuevo pontífice. La Iglesia Católica espera atenta las transformaciones que tanto anhela. La Curia observa en silencio, mientras Francisco da signos de austeridad y transgrede algunas normas protocolares, de menor importancia pero que significan fuertes mensajes sobre la conducción de una iglesia lujosa que hoy deberá hacer su trabajo frente a los pobres; como lo haría San Francisco de Asís.

Habiendo admitido los pecados de la Iglesia, es hora de enfrentar los casos de pederastia, escándalos financieros, caída de los católicos en el mundo, alejamiento de los fenómenos sociales (anticoncepción, divorcio, aborto, homosexualidad, eutanasia, rol de la mujer) y los grupos de presión dentro de la Curia. Nadie espera que sean cambios de la noche a la mañana porque los cristianos entienden que las transformaciones son profundas, pero sí es necesario que los lineamientos estén claros para todos. La transparencia será la cualidad más valorable en este escenario.

Malvinas-Falkland: ¿La piedra en el zapato?
El papa debutante tiene bastante fiesta en su nueva casa como para envolverse en otra que podría generar ruido internacional y perjudicarlo más que ser de su beneficio: ¿por qué al Vaticano no le conviene involucrarse en el conflicto entre Gran Bretaña y Argentina por las Islas Malvinas-Falkland?

En primer lugar, el papa es argentino. No hace falta ahondar en el conflicto de interés que ello genera, más aún cuando hablamos de una autoridad moral más allá de las fronteras nacionales. ¿Podría Londres confiar en la objetividad del papa? ¿Podría Francisco sentirse free to decide? ¿No es su nacionalidad una presión per se?

En segundo término, Reino Unido rechaza la intervención papal ya que considera que el conflicto es bilateral. La diplomacia británica espera que la postura vaticana se mantenga en la misma línea que se ha seguido o, dicho en palabras del primer ministro de Reino Unido, David Cameron, “la disputa de las Falkland es entre dos naciones libres y que ellos (el Vaticano) no tiene ningún rol que jugar”. Sin embargo, la postura de Jorge Bergoglio sobre las Islas Malvinas no es desconocida para la Foreign and Commonwealth Office (Cancillería británica) y las palabras “territorio usurpado por Inglaterra” podrían jugar en contra de Francisco como eventual mediador.

Finalmente, Inglaterra no está dispuesta a negociar con Argentina. Y el argumento más fuerte no lo dio Londres, sino que los propios habitantes de la zona en disputa. Entre el 10 y 11 de marzo de este año, los isleños decidieron continuar siendo parte del territorio de ultramar británico y esto, según Londres, debe interpretarse como un acto definitivo de autodeterminación ante la comunidad internacional y una clara señal al gobierno argentino para que deje de tomar decisiones que no representan a los Falkland Islanders.

Latinoamérica: Importancia estratégica
Según afirma la cancillería inglesa, Reino Unido tiene un “interés considerable” en Latinoamérica por su gran potencial económico y de crecimiento futuro. Es por ello que, no sólo están dispuestos a mantener bajo su soberanía a las Islas Falkland, sino que aspiran además a intensificar su presencia —por cercanía y oportunidad— en el territorio antártico, uno de sus 14 territorios de ultramar.

Queen Elizabeth Land es el nombre con que los británicos bautizaron 271 mil kilómetros cuadrados de la Antártica (dos veces el territorio de Inglaterra) como un regalo de honor al Jubileo de Oro de la Reina Isabel II, a pesar de ser un territorio reclamado tanto por Chile como por Argentina, denominada Antártica Sudamericana.

Antártica viene del griego Antarkticos que significa “lo opuesto al Ártico” y hoy esa definición no puede ser más precisa. Mientras el Ártico se derrite y con ello las aspiraciones decimonónicas de poseerla, el territorio antártico es el fruto prohibido: rica en recursos minerales sin explotar (carbón, petróleo y uranio); gran biodiversidad; 10 por ciento de tierra insumergible potencialmente habitable; 80 por ciento de reservas de agua dulce del mundo. Sin embargo, toda esta maravilla está protegida por el Tratado Antártico de 1959. Hasta la actualidad, son 7 los países que reclaman soberanía: Francia, Nueva Zelanda, Noruega y Australia reclaman territorios dependientes, mientras que Chile, Argentina y Reino Unido superponen sus límites. Además, Brasil, Perú, Uruguay y Ecuador han reconocido sus aspiraciones antárticas.

El análisis geopolítico de la actualidad no hace más que reinterpretar nuestro entorno. ¿Cuál será el rol que jugará Chile en la demanda argentina, aún cuando no es menos cierto que las islas han sido británicas desde 1833 y que desde la Guerra de las Malvinas en 1982 ni Reino Unido ni los habitantes de las Falkland quieren dialogar con Buenos Aires? ¿Debemos ver este conflicto desde los ojos del colonialismo versus el Imperio Británico como durante fines del siglo XIX? ¿Debe América Latina unirse bajo una pseudo doctrina Monroe de “América para los americanos”? Chile no puede mantenerse ajeno a lo que ocurre en el vecindario; tarde o temprano, deberemos dejar la añeja neutralidad para ser partícipes del mundo y no simples observadores que aceptan los dictámenes internacionales.

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Envíada por Pietro Sferrazza T | 7 diciembre, 2019

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