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Lo inevitable: El devenir de los cambios

por 17 abril, 2013

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Desde que comenzaron los movimientos ciudadanos y estudiantiles, tenemos la percepción de que hay un tiempo histórico agotado. Es decir, el tiempo que se generó con la Dictadura, con la crisis política, con la crisis valórica. Al parecer, emerge otra sensibilidad y otro criterio de lo social, para explicar “el fenómeno humano”, que se va percibiendo, de una manera muy diferente a la tradicional.

Muchos pretenden ignorar el salto cualitativo que han significado las crisis manifiestas de los partidos políticos, de la Iglesia y de muchos supuestos y categorías que parecían, inmutables, o al menos, no modificables en el tiempo presente.

Los proyectos políticos del mundo socialista y marxista han buscado readecuarse a una realidad no totalmente diagnosticada, ni tan certeramente definida. Se han reactivado en nuestra sociedad algunos viejos términos y conceptos, que muchas veces no fueron entendidos o fueron mal interpretados. Hay miedo y casi terror en los sectores más conservadores, de que se produzcan cambios que terminen con esta supuesta sociedad equilibrada y se vuelva a viejos escenarios de la política chilena.

Quienes así piensan, se equivocan en la forma y en el fondo. Aparecen como fantasmas ciertos conceptos ajenos a la cotidianidad política. Por ejemplo, el terror a la palabra revolución y el terror en consecuencia, a los cambios estructurales. Ciertamente cualquier cambio de estructura significa una revolución en la sociedad, que no tiene porque ser ni violenta ni traumática.

Quiero recordar un viejo texto de Radomiro Tomic, en entrevista concedida a Andrés Kramer el 14 de septiembre de 1970 después de su derrota electoral: “En donde la Democracia Cristiana, no sea una fuerza revolucionaria-democrática, pero revolucionaria, su acción carecerá de raíces, por lo tanto de continuidad. “Ganar la votación derechista” como a veces dicen algunos, implica inevitablemente un precio. Ese precio para la Democracia Cristiana, es tremendo. Solo puede ganar la “Votación Derechista” dejando de ser una fuerza revolucionaria, y pasar a ser otro elemento más del “sistema” predominante. No enfoco este asunto como ideológico, sino, con gran sentido realista. Estoy convencido que en América Latina y en Chile el “Sistema predominante”, ha agotado sus posibilidades, está fracasado, no tiene posibilidades de continuar. Esta condenado irremisiblemente por hechos y fuerzas desencadenadas de un proceso histórico irresistible. El propio Chile, ofrece una demostración palmaria. Asociarse a este “naufragio” condenaría, a quien lo intente, a perecer en él”.

El texto es premonitorio, no solo para un sector ideológico de la política chilena, sino para el país y para determinadas formas políticas y económicas que han imperado en las últimas décadas.

Sin duda, la dictadura militar dejó pendiente los proyectos de liberación y transformación de Chile y de América Latina, planteados en la década del setenta. No se trata de volver al pasado, ni a ningún tipo de violencia propuesta o realizada, menos a un provocar a sectores ultraconservadores a tener tentaciones de corte autoritario. Pero no podemos negar que estamos frente a una verdadera “dictadura del capitalismo”. Sin espacios para la expresión de la soberanía popular y de una autentica democracia. Un sistema que no está diseñado para producir equilibrios políticos, sino para que no haya modificaciones que puedan transformar un modelo político y económico, a esta altura, perverso e inmoral. No es el sistema imperante en Chile, un modelo para crear paz y justicia, y menos aún niveles más dignos de mayor igualdad: “Hay una paz que imponen los poderosos. Esa paz no la quiere Chile (…) se puede lograr la paz aceptando con resignación la injusticia. Esa paz, tampoco la quiere Chile (…) no hay paz sino hay justicia en todo, en la distribución de los bienes materiales sin duda, pero también en darnos el uno al otro el respeto, la participación y la igualdad que nos corresponden” (Comité permanente del Episcopado de Chile 1972).

Estos breves textos son del Chile que quedó pendiente con la Dictadura, y en gran medida con la transición pactada. Ciertamente hay mucho que debemos comprender y entender. Pero, lo que está claro que no es el Chile que queremos, que no es el país de los jóvenes y de los ciudadanos marchando por las calles. Chile, mayoritariamente quiere cambiar. Esa es la tarea pendiente que debiera partir, inevitablemente, con una asamblea constituyente que nos transforme a todos en ciudadanos.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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