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El “Elemento” de la educación en Chile

por 2 mayo, 2013

Si nuestro sistema educativo no es capaz de desarrollar esa particular inteligencia o capacidad de ese “ser humano”, éste no va a encontrar su elemento, lo que sabe y le gusta hacer y, por lo tanto no va a desarrollar procesos creativos en el ámbito donde se desempeña.
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Si bien me parece que la discusión actual respecto al lucro en educación es muy relevante para lograr extirparlo del sistema educativo en todos sus niveles, creo que hay un aspecto de fondo respecto a lo que nuestras universidades y, sobre todo, los colegios deben realizar para educar a nuestros estudiantes.

¿Para qué se está educando a la población chilena: para  que encuentre un trabajo y aporte a nuestro sistema económico o para que desarrolle en plenitud sus capacidades? No es lo mismo entrenamiento o aprendizaje de ciertas habilidades que educar.

Es en la era de digital, donde la información se desarrolla y desplaza a velocidades que nos cuesta comprender, que la educación juega un rol primordial por ser la plataforma donde nuestros estudiantes descubren y potencian sus capacidades para poder aplicarlas en este mundo vertiginoso.

Desde el retorno a la democracia el sistema educacional chileno se ha preocupado, de modo casi exclusivo, que sus estudiantes puedan tener un nivel adecuado en dos áreas instrumentales como lo son lenguaje y matemáticas, en desmedro del resto, no permitiendo el desarrollo de la potencialidad del ser humano en forma integral. Sin duda, un efecto natural del modelo de vida competitivo de nuestra sociedad.

Si nuestro sistema educativo no es capaz de desarrollar esa particular inteligencia o capacidad de ese “ser humano”, éste no va a encontrar su elemento, lo que sabe y le gusta hacer y, por lo tanto, no va a desarrollar procesos creativos en el ámbito donde se desempeña.

Este aspecto no es menor, porque el futuro de nuestra sociedad y de la economía radica en tener ciudadanos capaces de sacar lo mejor de sí mismos, ya que personas autómatas que solamente saben hacer lo que "les enseñaron" y que desconocen sus habilidades, difícilmente podrán adaptarse y renovarse ante los constantes cambios que la era digital y de la información implican. Esto es esencial para que nuestra sociedad sea capaz de generar valor agregado que permita su crecimiento sustentable en todos los ámbitos en un proceso integral.

En nuestro sistema educativo muchos estudiantes sienten que no se valora lo que son, ya que el sistema únicamente aprecia ciertas aptitudes, centradas en lenguaje y matemáticas, no dando el adecuado espacio para el desarrollo de todo el potencial humano. La realidad es que en el ser humano existen muchas formas de inteligencia entre las cuales podemos nombrar la lingüística, matemática, musical, espacial, interpersonal, intrapersonal, kinestésica y otras que quizás aún no descubrimos. Así, el proceso educativo se hace menos universal, más “técnico”, en apariencia más útil, pero socialmente más desadaptado, formando individuos en serie al estilo del libro de Aldous Huxley “Un mundo feliz”, pero menos personas.

En el actual escenario de la era digital, de gran cambio y mucha información, es fundamental generar espacios donde cada habitante y estudiante pueda encontrar su elemento y desarrollar su particular inteligencia. Pero, ¿a qué me refiero con el elemento? Tomando la idea expresada por Ken Robinson en su libro El Elemento, es: "El punto de encuentro entre las aptitudes naturales y las inclinaciones personales". ¿Cómo lo logramos? El sistema educativo debe ser capaz de acompañar a los estudiantes para que encuentren el espacio o la actividad donde se sienten dotados y, unido a aquello que les apasiona, puedan encontrar en ello la razón para levantarse cada día. Para lograr esto, nuestra educación debe dar un giro con foco hacia el ser humano y centrarse en desarrollar cualquier capacidad o inteligencia del estudiante. No se trata de olvidarse que los niños puedan adquirir ciertas destrezas básicas en áreas como lenguaje y matemáticas, pero esto no puede ser el centro de nuestro sistema educativo, entendido como centro que desmerece todo el resto como ocurre hoy.

En definitiva, si nuestro sistema educativo no es capaz de desarrollar esa particular inteligencia o capacidad de ese “ser humano”, éste no va a encontrar su elemento, lo que sabe y le gusta hacer y, por lo tanto, no va a desarrollar procesos creativos en el ámbito donde se desempeña. Así, es muy difícil que una persona sea capaz de tener ideas originales que agreguen valor a nuestra sociedad en un espacio donde sienten que no pueden sacar lo mejor de sí mismos, ya sea la escuela, la educación superior o el trabajo.

Podemos colocar todos los fondos imaginables para el emprendimiento y la innovación, pero estos van a ser insuficientes si no trabajamos desde la base para que todos puedan descubrir sus potencialidades y, en libertad definan como quieren aplicarlas.

Probablemente en la actualidad estamos perdiendo o subvalorando muchísimos talentos, a cualquier nivel socioeconómico, ya que nuestro sistema no es capaz de enseñar a descubrirlas o al menos dar el espacio cuando comienzan a manifestarse.

Desde este año, nuestra novel Fundación Educándonos, a través del programa “Bazar de Aprendizaje”, está buscando potenciar las capacidades de nuestros estudiantes de enseñanza básica, utilizando una metodología pedagógica colaborativa donde los estudiantes ponen sus talentos en común y los intercambian solidariamente dependiendo de las necesidades e intereses de los participantes. Así, el programa logra “descubrir” sus talentos y potenciarlos a través del enseñar al par, impactando de manera indirecta en áreas en que esos mismos estudiantes no son buenos, además de beneficiar a los que reciben la enseñanza aprendiendo algo que necesitan o que les interesa aprender. De paso, se desarrolla la personalidad, al dotarla de la capacidad de interactuar.

El desafío de cambiar el paradigma educacional que le pesa a nuestro sistema es enorme, pero es tarea de todos transformarlo para que tengamos una sociedad en que cada uno entregue lo mejor de sí y no lo que se le determinó hacer.

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