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Desaciertos diplomáticos

por 3 mayo, 2013

Una sola es la hipótesis: en algún sector del Gobierno (no del Estado) se aprecia que el peligro mayor del litigio con Perú es la suerte de las inversiones. En Bolivia casi no existen inversiones chilenas.
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Desgraciadamente para nuestro país, en los últimos días han quedado de manifiesto el mal momento que vivimos en nuestras relaciones vecinales.

El Perú desconoció los tratados del 52 y 54, y ahora tenemos la demanda de Bolivia. No es una buena situación.

Sabemos que tenemos desafíos vecinales, pero llama la atención los desaciertos que hemos cometido. No podemos evitar las pretensiones ajenas, pero sí podemos organizar nuestra respuesta, y ahí, lamentablemente en el último tiempo hemos asistido a graves desaciertos diplomáticos.

Una sola es la hipótesis: en algún sector del Gobierno (no del Estado) se aprecia que el peligro mayor del litigio con Perú es la suerte de las inversiones. En Bolivia casi no existen inversiones chilenas.

Uno es la demora en nombrar embajador en Argentina, nuestro principal vecino. Han transcurrido más de dos meses desde el  lamentable fallecimiento del Embajador Zaldívar, quien estuvo cuatro de meses de licencia. Es decir, el lamentable deceso no fue súbito, sin embargo, han pasado meses y aún no se nombra embajador. Un país puede demorar una designación un embajador cuando no es una relación prioritaria, otras veces es para emitir una señal de malestar. ¿Estamos en una situación difícil también con Argentina que no nombramos embajador?

En un reciente encuentro con una delegación boliviana, manifestaron que la demanda no era una señal inamistosa, que podíamos retomar la agenda de los 13 puntos, nada más que sería sobre 12 porque el otro quedaría en La Haya. El argumento era que Chile había hecho eso con Perú, al aceptar la estrategia de “las cuerdas paralelas” que nos propuso Lima. La Cancillería chilena ha dicho que comparar demandas ante La Haya es sumar peras con manzanas, pero se trata de dos acciones procedentes de dos Estados diferentes, que demandan territorio nacional. Y aquí no se entiende el lenguaje duro, a ratos hasta brusco con Bolivia y lo versallescos que estamos frente al Perú.

No sólo es lenguaje, recordemos el incidente de los soldados bolivianos y comparémoslo con las intrusiones de navíos peruanos algunos de los cuales nuestra Armada los ha interceptado varios centenares de kms. al sur de la frontera.

¿Qué explicaría tamaña disonancia? Una sola es la hipótesis: en algún sector del Gobierno (no del Estado) se aprecia que el peligro mayor del litigio con Perú es la suerte de las inversiones. En Bolivia casi no existen inversiones chilenas.

Chile necesita una política de Estado en política exterior, y especialmente en materia vecinal. Ningún chileno se va restar a contribuir y apoyar este propósito. Pero se requiere tener visión de Estado para ello, superar lo mercantil y asumir a plenitud la diplomacia como una tarea profesional y estatal.

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