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Bachelet sin partidos

por 14 mayo, 2013

Bachelet podría presentar su candidatura presidencial como independiente y mostrar su proyecto con sinceridad, sin componendas que la decepcionen. Si gana de esta forma, la clase política no podrá desconocer el espaldarazo a los cambios que se requieren; si pierde, habrá que seguir, sabiendo que hay candidatos que representan estas demandas de mejor manera. Pero si se presenta con el apoyo de los partidos así de decepcionada como está, será para más de lo mismo… y de eso ya hemos tenido suficiente.
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Para Michelle Bachelet no ha sido fácil volver a la arena política y acomodarse a los partidos que la reciben. No creo que su paso por ONU-Mujer la haya cambiado radicalmente, pero lo cierto es que ha llegado con un discurso mucho más izquierdizado que hace cuatro años, emulando silenciosamente las candidaturas de Enríquez-Ominami y Arrate en 2009. Sin embargo, su discurso por la construcción de una nueva mayoría, que permita superar los todavía vigentes enclaves autoritarios del diseño de la dictadura, tiene un enemigo interno: la propia Concertación.

De muestra, dos acontecimientos políticos de diversa magnitud. La apuesta por una asamblea constituyente desde el seno de sus nuevos equipos de trabajo, vino a confirmar el significativo rechazo que genera la demanda en los pilares más fuertes de la coalición: los partidos socialista y democratacristiano. El otro, el reciente rechazo a la realización de primarias parlamentarias, frente a lo que la propia candidata ya se ha manifestado ‘decepcionada’.

Bachelet podría presentar su candidatura presidencial como independiente y mostrar su proyecto con sinceridad, sin componendas que la decepcionen. Si gana de esta forma, la clase política no podrá desconocer el espaldarazo a los cambios que se requieren; si pierde, habrá que seguir, sabiendo que hay candidatos que representan estas demandas de mejor manera. Pero si se presenta con el apoyo de los partidos así de decepcionada como está, será para más de lo mismo… y de eso ya hemos tenido suficiente.

Bachelet no es la solución a todas las demandas que ha levantado el pueblo de Chile en estas décadas (en especial desde 2011), aunque el respaldo que muestran las encuestas pueda llamar al engaño de pensar lo contrario. Ella no fue capaz de materializar el tremendo respaldo popular que tuvo durante su mandato, capital político que, o ella no estuvo dispuesta a arriesgar, o los partidos no le permitieron. Pero dado que aún cuenta con dicho capital, podría estar dispuesta a arriesgarlo esta vez, quién sabe. Lo que sí es seguro, es que no podrá hacerlo con el apoyo de los partidos políticos que se han acomodado con el sistema de distribución de privilegios que diseñó la Constitución de Pinochet.

La negativa a la asamblea constituyente (con frases tales como "las barreras a la asamblea constituyente las pondrá la mayoría nacional que logremos constituir"), la falta de voluntad para reformar el sistema binominal y el rechazo a las primarias parlamentarias (escudado en que no son legalmente obligatorias), solo muestra una clase dirigente cómoda con sus privilegios, insensible a una sociedad que presiona sobre el sistema reclamando cambios significativos en diversos órdenes de su convivencia, quizá lo más sensibles: salud, educación, trabajo, seguridad social.

Chile está viviendo, hace varios años ya, un momento constituyente excepcional en su historia política. La demanda por un nuevo orden constitucional, por un nuevo trato del Estado hacia los ciudadanos y sus derechos, por una revaloración de la política y la desmercantilización de los espacios públicos, se ha instalado y no se retirará hasta que sea suficientemente satisfecha. Sin embargo, el ninguneo de los partidos políticos hacia este fenómeno social los pone en una situación compleja: los partidos son claves en el sistema actual, pero estos políticos no. Su ninguneo no detendrá el proceso de cambios sociales que se ha iniciado; como mucho, lo retrasará. Bachelet podría presentar su candidatura presidencial como independiente y mostrar su proyecto con sinceridad, sin componendas que la decepcionen. Si gana de esta forma, la clase política no podrá desconocer el espaldarazo a los cambios que se requieren; si pierde, habrá que seguir, sabiendo que hay candidatos que representan estas demandas de mejor manera. Pero si se presenta con el apoyo de los partidos así de decepcionada como está, será para más de lo mismo… y de eso ya hemos tenido suficiente.

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