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Modernización de la Cancillería: tarea inconclusa y pendiente

por 19 mayo, 2013

El proyecto de modernización, en su actual forma, significa el fin de la carrera diplomática entendida como un cuerpo de profesionales altamente especializados y capaces de defender los intereses permanentes del Estado.
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Desde el retorno a la democracia, se han presentado más de diez proyectos sobre la modernización del Ministerio de Relaciones Exteriores, sin que ninguno haya visto la luz. Todas por lo mismo: poco ambiciosos, centrados en adecuaciones administrativas mínimas, procurando que Relaciones Exteriores siga expuesta a retribuir favores políticos, postergando su completa profesionalización y desperfilando al Servicio Exterior de carrera.

El gobierno del Presidente Sebastián Piñera tuvo la oportunidad histórica de distanciarse de propuestas anteriores anticuadas. Al nombrar al 80 % de sus embajadores a funcionarios de carrera, todo indicaba que la actual administración iba a plasmar su huella en uno de los Ministerios más complejos y relevantes para Chile. Pero pasaron los años, y ese deseo no se materializó.

Durante el 2012, y después de numerosas insistencias de la Asociación de Diplomáticos de Carrera (Adica) y de las demás asociaciones de funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores, se informó que se entregaría un borrador antes de que terminara el año. El 31 de diciembre, al mediodía, finalmente se tuvo acceso al texto de un borrador, del que se solicitó “comentarios”. A éste, los diplomáticos de carrera no sólo respondieron con comentarios, sino también con aportes y propuestas responsables, expresadas en un documento entregado a la autoridad el 15 de marzo.

El proyecto de modernización, en su actual forma, significa el fin de la carrera diplomática entendida como un cuerpo de profesionales altamente especializados y capaces de defender los intereses permanentes del Estado.

De lo que conocemos del proyecto, se puede constatar que se persigue materializar un cambio conceptual respecto de la naturaleza de nuestra Cancillería. Se pretende, por primera vez desde 1817, poner a la par con la política exterior, las relaciones económicas internacionales. Los funcionarios diplomáticos no nos oponemos a que se cambie de nombre a la Dirección de Relaciones Económicas (Direcon) por el de Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales, pero estamos convencidos de que la necesaria coordinación de nuestra política exterior requiere que las decisiones de orden económico-comercial estén supeditadas a una cuidadosa consideración política y valórica, determinada por el Presidente de la República.

El borrador del proyecto de ley carece de elementos que permitan identificar un real afán modernizador al obviar en donde es posible que los cargos directivos del ministerio continúen bajo la supervisión y experiencia de diplomáticos de carrera, omisión que deja abierta la puerta para el ingreso de operadores políticos a dichos puestos y a la instauración de prácticas clientelistas al interior de la Cancillería, debilitando el carácter de Estado que tiene la proyección internacional de Chile. El proyecto tampoco atiende una sentida aspiración del Servicio Exterior, que es la fosilización de su escalafón. Esto significa que cientos de diplomáticos ven postergado sus ascensos por varios años por sobre lo que establece la normativa, generando una inevitable frustración y preocupación en un servicio, que como lo señala la ley, es jerarquizado. Aunque se pretende fijar una edad de retiro a los 70 años, llama la atención que se haga una propuesta que transgreda el párrafo 2 de la Ley N° 18.575, al no contemplar (artículo 43)  la edad como causal para el cese de funciones. La reducción del número de años mínimo en cada grado antes de ascender —difundida como una medida "modernizadora"— carece de sentido al establecer un sistema que no genera vacantes para promociones durante los próximos años.

El proyecto de modernización, en su actual forma, significa el fin de la carrera diplomática entendida como un cuerpo de profesionales altamente especializados y capaces de defender los intereses permanentes del Estado. Una ley realmente modernizadora no puede detenerse en querer dar “rango de embajador” a autoridades que el Presidente de la República no ha nombrado como tales, según lo faculta la Constitución, por el mero hecho de ubicarlos mejor en el protocolo, ni acreditando en el extranjero a funcionarios ajenos al Servicio Exterior con grados que la ley sólo otorga a egresados de la Academia Diplomática “Andrés Bello”, bajo el mismo argumento anterior. Sorprende esta burda necesidad de empoderarse artificialmente, buscando otorgar medidas efectistas.

Los funcionarios diplomáticos consideramos lamentable constatar que se haya entendido por “modernización” realizar adecuaciones administrativas y desperfilar al Servicio Exterior de carrera.

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