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Por qué voto por Longueira

por 28 junio, 2013

Por qué voto por Longueira
Lo que se juega en esta primaria es la vigencia de la consigna que, poco a poco, se asienta en la centroderecha, en virtud de la cual algunos creen que la prosperidad de la Alianza pasa por hacer guiños al sector “liberal progresista”, transando ciertos principios que me parecen muy relevantes de cara al futuro.
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Hace algunos años tomamos junto a un grupo de personas la decisión generacional de abrir un espacio nuevo e independiente. Uno para muchos jóvenes comprometidos con el país, jugados por lo público y en búsqueda de un lugar donde se trabajara con dedicación y entrega por ofrecer a Chile cientos de servidores públicos sociales, culturales y políticos. Queríamos aportar un discurso que a ratos notábamos un poco ausente, que tenía que ver con llamar a una participación de verdad, comprometida y cotidiana, poniendo las destrezas y habilidades al servicio de los que más lo necesitan. Nos interpelaba el ofrecer nuevas perspectivas en temas como la adopción, el medioambiente, el matrimonio y su rol público, la economía social de mercado y la urgencia de la paz social y el diálogo. Nos rebelamos ante contradicciones instaladas, pues entendíamos que la dignidad humana se juega tanto en el respeto a la vida del que está por nacer como en las condiciones de trabajo y en la situación de las cárceles. Si no nos jugamos por todas, en realidad no nos jugamos en serio.

En ese contexto de construcción generacional tomé la decisión de apoyar a Pablo Longueira en esta elección presidencial. Y lo digo con nombre y apellido, porque mi motivación se encuentra concretamente en su estilo de liderazgo y su mirada de país. Pienso que el contexto histórico no es indiferente pues, como pocas veces en Chile, acá se juegan modelos de sociedad profundamente marcados, lo que implica que permanecer indiferente raya en la indolencia y la irresponsabilidad.

Mis razones son básicamente tres.

La primera es porque lo conozco hace muchos años. Sé de su compromiso genuino y muchas veces anónimo de mejorar la vida de los que más lo necesitan. Me consta cómo le perturban las injusticias sociales a partir de las experiencias de vida que le ha tocado vivir. He presenciado cómo no se presta para chanchullos y lo mismo que dice en privado, lo repite en público. Y finalmente, pienso que ese sello de poner siempre el país por delante, me parece que es un modelo inspirador para aquéllos que tienen interés por la política. Y de eso pueden dar testimonio Ricardo Lagos —en momentos donde tambaleaba su gobierno por el MOP–GATE— y Ricardo Hormazábal, presidente DC cuando Longueira se jugó porque no perdieran sus candidatos por haberlos inscrito equivocadamente.

Su mirada económica entiende que hay que conjugar libertad con solidaridad y justicia. Tiene claro que la respuesta a las desigualdades y postergaciones no pueden ser copadas ni por los apocalípticos del modelo, pero tampoco por los apóstoles del mismo. Da espacio para ofrecer una mirada más integral, que nos mantenga en la senda de desarrollo, haciendo que éste llegue a las familias que más lo necesitan.

Pienso que en momentos donde la política está tan desprestigiada —pues a ratos se ha transformado en luchas de poder por el poder antes que trabajo mancomunado por el bien común—, referentes como los de Pablo Longueira dan luces de virtudes cívicas que debemos recuperar y resaltar.

La segunda es porque —dentro del contexto actual— es quien promueve y defiende con mayor decisión los principios que me mueven personalmente. Longueira se juega por una participación pública de verdad. Se juega por empoderar a las comunidades de base para que sean ellas las que resuelvan sus problemas. Entiende que votar es el mínimo deber cívico y por eso se opuso a que sea voluntario. E interpela como pocos, para convocar a jóvenes y adultos a salir de la comodidad e involucrarse. Además, su mirada económica entiende que hay que conjugar libertad con solidaridad y justicia. Tiene claro que la respuesta a las desigualdades y postergaciones no pueden ser copadas ni por los apocalípticos del modelo, pero tampoco por los apóstoles del mismo. Da espacio para ofrecer una mirada más integral, que nos mantenga en la senda de desarrollo, haciendo que éste llegue a las familias que más lo necesitan.

Luego, sé de su compromiso con fortalecer la familia y el matrimonio como base esencial de una sociedad más humana. Y si bien discrepo de su posición equívoca respecto del AVP, es evidente la diferencia entre opinar positivamente sobre la necesidad de regular, a hacer de esto un eje de campaña parte de la franja televisiva. Además no se queda en la pechoñería, pues entiende que estar a favor de la familia exige dotarla de viviendas dignas, de educación de calidad, de horarios de trabajo compatibles, de sueldos dignos, de espacios públicos donde puedan compartir y de estructuras tributarias favorables.

Finalmente, me parece que lo que se juega en esta primaria es la vigencia de la consigna que, poco a poco, se asienta en la centroderecha, en virtud de la cual algunos creen que la prosperidad de la Alianza pasa por hacerle guiños al sector “liberal progresista”, transando ciertos principios que me parecen muy relevantes de cara al futuro. Pienso que al apoyar a Pablo Longueira la apuesta es otra y tiene que ver con que el crecimiento del sector se juega fortaleciendo su presencia en sectores populares, haciendo eco de sus preocupaciones antes que de las de las agendas ideológicas de ciertos grupos de interés minoritarios. Y en ese clivaje, evidentemente me parece que el vilipendiado “centro” lo componen los votantes moderados que no se debaten diariamente en las temáticas de la elite de Twitter, sino en cuestiones como la vivienda, la salud, la educación y la paz social; y que siguen la tendencia de las mayorías silenciosas de Chile que no quieren ni aborto, ni matrimonio homosexual, ni adopción por parejas del mismo sexo, ni reformas tributarias o asambleas constituyentes al voleo. Me interpreta y entusiasma, en consecuencia, mucho más la idea que coyunturalmente representa  Pablo Longueira.

Pienso que el candidato más competitivo en noviembre es aquél que tiene mayor capacidad de empatizar y conquistar aquellas voluntades donde se concentran las mayorías en Chile, es decir, el 64,5 % de los chilenos y chilenas de segmentos populares.  Así, incluso en esta lectura pragmática —que en mi opinión, siempre debe subordinarse al análisis de fondo—, me parece que Pablo Longueira es mejor alternativa pues ha hecho del compromiso con los más pobres un sello personal indiscutible.

Mi expectativa es una Alianza capaz de atraer a sectores socialcristianos que, sin duda, se sentirán huérfanos en un bloque opositor cada vez más ultrón. Y lograr construir una coalición más amplia en términos reales y no puramente instrumentales. Pienso que así se podrá hacer frente a los desafíos del futuro sin los cantos de sirena de los quiebre radicales, sino con la moderación y sentido de proceso de las reformas sustantivas que tantas familias requieren para tener una vida más humana, más justa y, por ende, mejor.

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