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Egipto nuevamente en la encrucijada

por 6 julio, 2013

La presión popular y militar ha mostrado ya el fracaso del modelo islamista en el gobierno, abriendo el camino a nuevas alternativas políticas. El fracaso de la Hermandad Musulmana, el movimiento social y político más organizado del país, conducirá a nuevos escenarios y dilemas. En particular, el dilema islamismo vs. laicismo, que también se ha vivido en Irán y Turquía, parece ser un tema de gran trascendencia para la agenda presente y futura del mundo árabe y musulmán.
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Casi dos años y medio han pasado desde la caída del ex presidente egipcio, Hosni Mubarak. Recordemos que cientos de miles de manifestantes en la Plaza Tahir, de El Cairo y en otras ciudades, pedían, en enero y febrero de 2011, la dimisión de Mubarak en un movimiento conocido como “Primavera Árabe”, que había comenzado en Túnez y que afectaba también a otros países del mundo árabe.

Después de 30 años en el poder, y tras el término de la era Mubarak, comenzaron negociaciones para la celebración de elecciones parlamentarias y presidenciales en un país fuertemente dividido en dos bloques: los islamistas, por una parte, y los sectores liberales, laicos y simpatizantes del antiguo régimen, por otro.

En las elecciones parlamentarias de enero de 2012, el partido islamista Libertad y Justicia, de los Hermanos Musulmanes, alcanzó el 47% de los votos, seguido del Movimiento Islámico Salafista, con un 24%, lo que dio un amplio margen a los islamistas, al obtener en forma conjunta poco más del 70%. Los liberales y socialdemócratas, así como el ex Partido Nacional Democrático, que agrupaba a los simpatizantes de Mubarak, obtenían de manera conjunta poco más del 20% de los votos.

La presión popular y militar ha mostrado ya el fracaso del modelo islamista en el gobierno, abriendo el camino a nuevas alternativas políticas. El fracaso de la Hermandad Musulmana, el movimiento social y político más organizado del país, conducirá a nuevos escenarios y dilemas. En particular, el dilema islamismo vs. laicismo, que también se ha vivido en Irán y Turquía, parece ser un tema de gran trascendencia para la agenda presente y futura del mundo árabe y musulmán.

Seis meses después, en junio de 2012, se dieron a conocer los resultados de la segunda vuelta en las elecciones presidenciales, donde se observa que la división de los dos bloques se mantiene, siendo esta vez casi equivalente en votos: Mohamed Mursi, representando a la Hermandad Musulmana, consiguió 51,73%, frente a Ahmed Shafiq, general retirado y primer ministro nombrado por Mubarak en enero de 2011, con un 48,27%. Esto significa una diferencia de votos inferior a un millón, en un universo en el que votaron más de 25 millones.

La elección de Mursi se dio en un contexto de fuerte división y polarización en el país. Por un lado, un bloque islamista, que a su vez está dividido en distintas facciones, que busca una islamización de Egipto, más lenta o más rápida, pero que lleve a un mayor peso de la religión, siguiendo un camino parecido en algunos aspectos al modelo turco del primer ministro Erdogan. Por otro lado, sectores laicos, al principio fuertemente divididos y que al cabo de un año de gobierno de Mursi, han logrado articularse en torno al bloque opositor Frente Nacional de Salvación, al movimiento social Tamarod (Rebelión) y a la figura del premio Nobel de la Paz y ex director de la Organización Internacional de Energía Atómica, Mohamed el-Baradei.

Uno de los principales errores de Mursi consistió en gobernar exclusivamente en torno a un bloque islamista, buscando una mayor concentración del poder para adoptar una Constitución de tipo islamista. De este modo, en noviembre de 2012 anunció una nueva ley contemplando amplios poderes presidenciales, lo que motivó masivos enfrentamientos en las principales ciudades del país.

Esto ha producido una creciente polarización en donde la falta de diálogo entre el bloque en el gobierno y el bloque opositor ha sido el rasgo principal.  Además, Mursi ha tratado de consolidar su bloque islamista, más allá de la moderada Hermandad Musulmana, incorporando a sectores más duros e intransigentes, como Gama Islamiya, movimiento considerado como terrorista por Estados Unidos, responsable de atentados en contra de turistas extranjeros en la ciudad de Luxor.  A lo anterior, se suman los problemas económicos, desempleo, escasez de alimentos y combustibles, apagones eléctricos, sostenido declive del turismo, una de las principales actividades económicas del país. Frente a la actual situación, sólo la intervención militar es conducente a una salida, a través de la formación de un gobierno provisional, que convoque a nuevas elecciones presidenciales.

A diferencia de lo que ha pasado en Turquía, donde el régimen islamista ha logrado erosionar y cooptar a las fuerzas armadas, descabezando y llevando a juicio a altos militares, en Egipto estas mantienen un importante poder.  Las fuerzas armadas egipcias, las más grandes del mundo árabe, han tenido un papel crucial en la historia contemporánea de Egipto, incluyendo la revolución de 1952, a través de la cual llegó al poder Gamel Abdel Nasser; el derrocamiento del presidente Mubarak en 2011; y las cuatro guerras luchadas contra Israel, 1948-49, 1956, 1967, 1973.

Lo que suceda en Egipto, principal país del mundo árabe, tendrá repercusiones en toda la región del Medio Oriente. Egipto es uno de los principales países receptores de ayuda militar y económica de Estados Unidos, además de ser el primer país del mundo árabe que reconoció a Israel, con el cual mantiene un tratado de paz y amistad desde 1979. La salvaguardia de este Tratado es un elemento crucial para evitar otra gran guerra árabe-israelí.

En suma, tras dos años y medio de la caída de Mubarak, Egipto se encuentra nuevamente en una encrucijada, que ha implicado la caída del gobierno de Mursi. La presión popular y militar ha mostrado ya el fracaso del modelo islamista en el gobierno, abriendo el camino a nuevas alternativas políticas. El fracaso de la Hermandad Musulmana, el movimiento social y político más organizado del país, conducirá a nuevos escenarios y dilemas. En particular, el dilema islamismo vs. laicismo, que también se ha vivido en Irán y Turquía, parece ser un tema de gran trascendencia para la agenda presente y futura del mundo árabe y musulmán.

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