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Improvisada y errática

por 24 julio, 2013

Improvisada y errática
La pregunta que surge, entonces, es si la derecha tiene alguna idea de cómo obtener lo que quiere; porque la duda es inevitable cuando las rutas que toma para llegar a destino conducen a direcciones opuestas. Culpar a la casualidad de haber perdido el rumbo parece, en ese sentido, un poco presuntuoso de su parte.
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Uno emergió de las profundidades de la mina, pero un sondaje equivocado lo devolvió al fondo de la tierra; el otro llegó desde el más allá y después de descender a los infiernos, no pudo salir de ellos. No fue obra del azar ni de Murphy, mucho menos de la Providencia, porque como dice un escritor francés, “nada hay de imprevisto para el que nada ha previsto”.

Ni la casualidad ni los designios de Dios hacen falta, por tanto, para explicar lo que actualmente ocurre con la derecha. Su situación es, más bien, el resultado de la improvisación.

Porque los embates que Golborne recibió en su momento no fueron algo que la UDI no pudiera anticipar. Y si por esas cosas de la vida no lo hizo, por un mínimo sentido estético debió aguantar hasta el final con su candidato, aunque él no resultara ser tan competitivo como se pensó. Y por fulminante que haya sido la depresión de Longueira, es evidente que una carrera de alta velocidad como la que tuvo que correr era de alto riesgo, también para su salud.

La pregunta que surge, entonces, es si la derecha tiene alguna idea de cómo obtener lo que quiere; porque la duda es inevitable cuando las rutas que toma para llegar a destino conducen a direcciones opuestas. Culpar a la casualidad de haber perdido el rumbo parece, en ese sentido, un poco presuntuoso de su parte.

Pero no sólo improvisadas, también erráticas han sido las decisiones de la derecha.

De otra forma no se explica que entre los tres candidatos que ha tenido, no sea posible encontrar semejanza alguna que permita identificar, en medio del cambio, una estrategia mínimamente consistente.

La pregunta que surge, entonces, es si la derecha tiene alguna idea de cómo obtener lo que quiere; porque la duda es inevitable cuando las rutas que toma para llegar a destino conducen a direcciones opuestas.

Culpar a la casualidad de haber perdido el rumbo parece, en ese sentido, un poco presuntuoso de su parte.

Tampoco el afán de poder permite dar razón de los hechos: probablemente el poder sea algo que muchos quieren por sí mismo, pero con toda seguridad, es algo que jamás se consigue sin una estrategia clara y definida.

La derecha fracasó, ésa es la verdad. La desesperación ante una candidata que parecía imbatible la impulsó a dar palos de ciego y esos palos no fueron eficaces. Murió y no la mató la fuerza del adversario, sino su propia desinteligencia.

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