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En la calle y en La Moneda

por 31 diciembre, 2013

Lo central se encuentra en el hecho político de que la izquierda avanza en la ejecución de la visión gramsciana de la historia y de la sociedad con mayor éxito de lo que ellos mismos esperaban. Si los dirigentes de derecha pasan por alto esta realidad, estarán destinados a seguir fracasando elección tras elección, con los efectos trágicos que viven los ciudadanos de países estatistas.
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La dura derrota que sufrió la Alianza por Chile ha suscitado ácidas críticas de un histórico dirigente en contra del Gobierno del Presidente Piñera, dando lugar a una “reyerta comunicacional” bien impresionante por los términos utilizados en ella. Todas las críticas efectuadas entre políticos de los partidos de la derecha omiten la más importante: la eficiencia de la izquierda en Chile para avanzar en su proyecto político, y que nuestro sector ha sido incapaz de enfrentar con una estrategia adecuada.

En efecto, la izquierda chilena ha utilizado la lógica de Gramsci, quien sustenta el denominado método político permanente que consiste en advertir el peso de la sociedad civil, la cual adquiere cada vez mayor injerencia asumiendo más decisiones vitales sobre el conjunto de la sociedad, que a su turno funciona como un Estado ampliado, escenario sobre el cual es necesario actuar.  La revelación de la instauración de las ideas de Gramsci en el país quedan claras en la obra del profesor Jaime Massardo, cuyo título es precisamente Gramsci en Chile. Texto que ningún dirigente político de derecha debiera dejar de leer para construir una estrategia que, basada en las ideas de una sociedad libre, pudiera contrarrestar.

Lo central se encuentra en el hecho político de que la izquierda avanza en la ejecución de la visión gramsciana de la historia y de la sociedad con mayor éxito de lo que ellos mismos esperaban. Si los dirigentes de derecha pasan por alto esta realidad, estarán destinados a seguir fracasando elección tras elección, con los efectos trágicos que viven los ciudadanos de países estatistas.

Tan claros son los conceptos de este nuevo tipo de Marxismo que, lenta y eficazmente, han ido permeando a toda la sociedad nacional, donde queda claro que las tareas políticas que se proponía realizar Gramsci se están llevando a cabo anudándose concretamente en la convocatoria a una asamblea constituyente, en la cual cada expresión política se mide con sus propias fuerzas. Como manifiesta el profesor Massardo en el libro citado: “También nosotros necesitamos reunir la fuerza social que convoque a una Asamblea Constituyente y que nos permita dar el paso más trascendente de las fuerzas populares de Chile, el que debe unificar todas las fuerzas democráticas para fundar una segunda República” (p. 103).

Cuando un senador socialista electo del sur manifiesta “si la gente sale a protestar yo voy a estar con ellos en la calle”, no es otra cosa que expresar y llevar a cabo la teoría de Gramsci. Y que se concretará al estar en la calle con las protestas y en La Moneda con sus autoridades. Y eso va a ser así permanentemente con todas las personas que integren el nuevo gobierno, con excepciones obviamente.

De tal manera que el diagnóstico que salga de las discusiones que se lleven a efecto en los próximos días en los partidos de la Alianza necesariamente tendrá que detenerse en la nueva sociedad construida a partir de Gramsci y establecer una estrategia para enfrentarla y contrarrestarla; que la bajada y subida de candidatos, que los cambios de ellos de un lugar a otro, las peleas internas fueron la causa de la derrota, puede ser que haya coadyuvado a ello, pero lo central se encuentra en el hecho político de que la izquierda avanza en la ejecución de la visión gramsciana de la historia y de la sociedad con mayor éxito de lo que ellos mismos esperaban. Si los dirigentes de derecha pasan por alto esta realidad, estarán destinados a seguir fracasando elección tras elección, con los efectos trágicos que viven los ciudadanos de países estatistas.

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