miércoles, 7 de diciembre de 2022 Actualizado a las 10:52

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La energía desde la vereda de enfrente

Los exitosos casos de países de la OCDE que en su gran mayoría han cambiado radicalmente la cara de su matriz energética –no sólo eléctrica– en menos de 20 años, dan cuenta de que esta: obedeció a deliberadas políticas de Estado, subsidios, apoyos financieros y económicos efectivos, mucha ciencia y tecnología inducida, promoción y estímulo de nuevos negocios, de estímulo a la competencia en los mercados, de intervención directa e incluso empresarial del Estado, definición estricta de planes de transición para el cierre y abandono de la opción nuclear y del carbón y, last but not least, teniendo el cambio climático como telón de fondo.
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A pocas semanas de la entrega de la Agenda de Energía y del no rotundo a HidroAysén, se delinean algunas condiciones que preocupan. Un par de ellas: el debate, si este existe, sigue siendo eléctrico y no de energía y, dos, de no plantearse derechamente el cambio de reglas de los mercados energéticos los problemas continuarán y se agudizarán. Sin pretender responder o asumir uno y cada uno de los aspectos relevados u olvidados por la citada Agenda, queremos exponer nuestras ideas respecto de algunos de los problemas y desafíos energéticos actuales y futuros y, de paso, opinar sobre dicha Agenda. En primer lugar, el rol de las energías limpias en una supuesta estrategia de desarrollo, el tema del acceso a la energía y en estricto rigor su creciente costo, la eficiencia energética mirada desde la economía política y, si “más energía” fuese la opción, ¿de qué oferta se habla?, y, finalmente, una breve propuesta de desarrollo energético en donde ganen todos.

Alemania, Dinamarca, Suiza, etc., tendrán una matriz energética limpia al 2050, no eléctrica sino energética, totalmente exenta de hidrocarburos y nuclear. ¿Cuáles son las opciones adoptadas? Uso eficiente de la energía, nanotecnologías, nuevos materiales, redes inteligentes, cogeneración, nuevos modelos de distribución de energía, nuevos modelos de negocios y, evidentemente, energías limpias y renovables, en donde destaca el hidrógeno en el caso del transporte. La lista es tan larga en los países de la OCDE como cortas parecen ser nuestras opciones.

Los exitosos casos de países de la OCDE que en su gran mayoría han cambiado radicalmente la cara de su matriz energética –no sólo eléctrica– en menos de 20 años, dan cuenta de que esta: obedeció a deliberadas políticas de Estado, subsidios, apoyos financieros y económicos efectivos, mucha ciencia y tecnología inducida, promoción y estímulo de nuevos negocios, de estímulo a la competencia en los mercados, de intervención directa e incluso empresarial del Estado, definición estricta de planes de transición para el cierre y abandono de la opción nuclear y del carbón y, last but not least, teniendo el cambio climático como telón de fondo.

Las consecuencias de tales políticas deliberadas, monitoreables, sectoriales, son impactantes: creación de centenares de miles de empleos y puestos de trabajo de calidad, mayor competitividad, disminución de la dependencia y vulnerabilidad de esas economías, mejoramiento del medio ambiente en toda su extensión (agua, tierras, aire y recursos naturales), pérdida de valor bursátil de empresas energéticas convencionales y, por el contrario, aumento del valor de empresas involucradas en energías limpias. En suma, la mirada ha sido y es global, holística, eficaz, rentable en el corto pero, sobre todo, en el mediano y largo plazo. Una nueva, completa y total estrategia de desarrollo.

¿Ellos pueden porque son ricos y nosotros no porque somos pobres? No. Contamos con recursos naturales en abundancia, se dispone de recursos financieros y de ciertos conocimientos básicos para el desarrollo de nuestros recursos energéticos, insuficientes pero alcanzan. Subsisten, no obstante, importantes barreras: concentración de mercados, elevadas rentabilidades para mercados regulados, marcos regulatorios que no premian ni estimulan la innovación tecnológica, inexistencia de reales apoyos financieros y económicos con bancos-socios en emprendimientos de riesgo, etc., pero, sobre todo, un Estado poco eficiente y, peor aún, sin voluntad real de cambio ni de cambiar las reglas.

Los exitosos casos de países de la OCDE que en su gran mayoría han cambiado radicalmente la cara de su matriz energética –no sólo eléctrica– en menos de 20 años, dan cuenta de que esta: obedeció a deliberadas políticas de Estado, subsidios, apoyos financieros y económicos efectivos, mucha ciencia y tecnología inducida, promoción y estímulo de nuevos negocios, de estímulo a la competencia en los mercados, de intervención directa e incluso empresarial del Estado, definición estricta de planes de transición para el cierre y abandono de la opción nuclear y del carbón y, last but not least, teniendo el cambio climático como telón de fondo.

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