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Un camino peligroso para la Nueva Mayoría

por 21 julio, 2014

Es necesario abrir en la Nueva Mayoría un debate franco y serio para superar una política económica que se mueve en el marco de lo posible y que vive prisionera de los dogmas neoliberales. En definitiva, esta discusión deja en claro que permanentemente enfrentaremos la presión de los mercados, pero en algún momento debemos romper con el chantaje de los nuevos poderes fácticos, que son el gran capital y la tecnocracia tanto gerencial como mediática que labora a su servicio.
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La opinión pública fue sorprendida con la firma en el Senado de un acuerdo transversal sobre Reforma Tributaria promovido por el ministro de Hacienda. En la foto para el bronce se vio desde un sonriente presidente de la UDI, el diputado Ernesto Silva, hasta el severo rostro del senador PS Carlos Montes.

La imagen difundida a través de los medios de comunicación habla por sí sola. Instala un temor fundado de que la Nueva Mayoría ceda a la presión del gran capital y caiga en la tentación de revivir la funesta política de los consensos, dispositivo central utilizado en la década del noventa para mantener el neoliberalismo.

Para no quedarnos en la foto, como pidió el vocero de gobierno, es necesario profundizar el análisis sobre los efectos políticos del acuerdo.

Un primer aspecto apunta a evaluar cómo afecta la estrategia política de la Nueva Mayoría. Existe inquietud sobre si este protocolo es una señal respecto de cómo el gobierno enfrentará en el Parlamento la tramitación de la reforma educacional, el sistema electoral y la nueva Constitución.

Es evidente que revivir la política de los consensos conlleva aceptar un cogobierno con la derecha que impide avanzar en el cumplimiento de aspectos sustanciales del programa de gobierno y contradice el esfuerzo que realizó la propia Presidenta Bachelet durante la campaña para conseguir mayorías parlamentarias que empujaran las transformaciones. Un acuerdo de este tipo le entrega a la derecha un innecesario tanque de oxígeno y un protagonismo que la envalentona para apropiarse de banderas tan sensibles como son la defensa de las PYMES o de las capas medias aspiracionales.

Lo delicado es que también se debilitan las confianzas dentro de la Nueva Mayoría por un acuerdo generado a espaldas de buena parte de la coalición (los llamados partidos chicos, PC-IC-MAS-PR). Pero lo más grave es que se lesiona gravemente la credibilidad frente a los movimientos sociales y al activo democrático de la Nueva Mayoría.

Es necesario abrir en la Nueva Mayoría un debate franco y serio para superar una política económica que se mueve en el marco de lo posible y que vive prisionera de los dogmas neoliberales. En definitiva, esta discusión deja en claro que permanentemente enfrentaremos la presión de los mercados, pero en algún momento debemos romper con el chantaje de los nuevos poderes fácticos, que son el gran capital y la tecnocracia tanto gerencial como mediática que labora a su servicio.

Estoy convencido de que hay otro camino para sacar adelante las reformas estructurales que contempla el programa. Para darle sustentabilidad en el tiempo a la reforma tributaria, lo que se requiere es ampliar las fronteras de la democracia, aislando las concepciones ultraliberales y autoritarias que aún predominan en la derecha chilena.

Otra dimensión del acuerdo que tampoco ha sido plenamente dilucidada y que es clave para el cumplimiento del programa, es saber si efectivamente se recaudarán los 8 mil 200 millones de dólares fijados por el propio Ministerio de Hacienda. Sin duda, dada la maraña de normativas tributarias existente en el país, así como la sorprendente capacidad para encontrar subterfugios que permiten evadir impuestos entre los dueños del capital, es fundamental la redacción que tendrán las indicaciones que debe presentar el Ejecutivo en el Senado. Es ahí donde se debe velar para que este protocolo de acuerdo no se preste para nuevas escandalosas evasiones tributarias.

El argumento de fondo que levanta Hacienda para defender el acuerdo transversal es la desaceleración que evidencia nuestra economía y las incertidumbres que el proyecto original habría generado en los mercados. Este es el corazón de las motivaciones que tuvo el ministro Arenas para promover el compromiso.

Esta preocupación es razonable, ya que si el año 2015 se repiten los modestos niveles de crecimiento de este año, la recaudación de 8 mil 200 millones de dólares quedaría en entredicho, pero también es cierto que aceptar que cualquier incertidumbre en los mercados dañaría la economía nos conduce a un callejón sin salida.

Es necesario abrir en la Nueva Mayoría un debate franco y serio para superar una política económica que se mueve en el marco de lo posible y que vive prisionera de los dogmas neoliberales. En definitiva, esta discusión deja en claro que permanentemente enfrentaremos la presión de los mercados, pero en algún momento debemos romper con el chantaje de los nuevos poderes fácticos, que son el gran capital y la tecnocracia tanto gerencial como mediática que labora a su servicio.

Deseo quedarme con la frase del ministro Alberto Arenas, quien el lunes 14 de julio se reunió con nuestra Bancada del Partido Comunista: "Este es un acuerdo para implementar la reforma tributaria; no para transarla".

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