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La crisis de la seguridad humana en Chile

por 22 agosto, 2014

La crisis de la seguridad humana en Chile
Si se escarba la composición del presupuesto nacional, rápidamente se llega a la conclusión de que en demasiadas partes él está “cortado al ojo”, y que lo hecho por el Ministerio de Hacienda durante décadas es una “peluquería de volumen” de gasto, sin prioridades estratégicas. Todo lo que atañe a seguridad de las personas en Chile entra en este criterio. Si no fuera así, no viviríamos en la emergencia permanente y no seríamos el país de las mediaguas, las comisiones y los delegados presidenciales después de cada catástrofe.
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Los mexicanos, con enorme sabiduría burocrática, acuñaron un dicho político certero: “El que no vive en el presupuesto, vive en el error”. Ello significa que ninguna promesa o declaración gubernamental es real, si no existe una partida presupuestaria que la acompañe.

El país, pese a estar completamente imbuido de la filosofía de la política fiscal sana, también recibe de sus gobiernos promesas en el aire. Ya sea porque necesitan ganar elecciones, dar respuestas de ocasión a emergencias reiterativas y previsibles, o simplemente porque quieren ganar puntos en la próxima encuesta. Por lo tanto, el dicho mexicano viene de perillas para traslucir la factibilidad de las promesas. Si no están en el presupuesto, el que las cree y repite vivirá en el error.

En todas partes, el presupuesto refleja de manera fiel las prioridades gubernamentales, incluidos los parientes y los clientes políticos. Los mexicanos (otra vez) tienen también sentencia para ello: “Cariño que no se expresa en la nómina, pura demagogia”. En Chile el gasto público es refrendado (imputable a un ítem presupuestario previamente aprobado por ley), por lo tanto, para recibir un sueldo, hay que “vivir en el presupuesto”. Ello obliga a entenderse con el Ministerio de Hacienda.

Tal disciplina fiscal se viene al suelo si no va acompañada de un criterio de calidad de gasto. Este es su complemento natural y hace creíble el aserto de que todo presupuesto es limitado y refleja áreas priorizadas de gobierno de acuerdo a un análisis técnico. Lo contrario es discrecionalidad pura.

En Chile no sólo es evidente la crisis de la seguridad policial del país (con un subsecretario de Seguridad Pública totalmente ausente y uno del Interior que habla de “delincuentes de conductas indebidas”). También está en crisis prácticamente todo el sistema de persecución y sanción penal, cárceles incluidas. Desde la insuficiencia de recursos financieros y técnicos del Ministerio Público para investigar los delitos de alta complejidad que se multiplican en la escena nacional, hasta corrupción policial y judicial, y tratos degradantes y torturas en un sistema penitenciario caracterizado por la promiscuidad y el hacinamiento.

Si se escarba la composición del presupuesto nacional, rápidamente se llega a la conclusión de que en demasiadas partes está “cortado al ojo”, y que el Ministerio de Hacienda durante décadas ha hecho “peluquería” al volumen de gasto, sin prioridades estratégicas. Todo lo que atañe a seguridad de las personas en Chile está impregnado de ello. Si no fuera así, no viviríamos en la emergencia permanente y no seríamos el país de las mediaguas, las comisiones investigadoras y los delegados presidenciales después de cada catástrofe.

En Chile no sólo es evidente la crisis de seguridad policial, con un subsecretario de Seguridad Pública totalmente ausente y uno del Interior que habla de “delincuentes de conductas indebidas”. Está en crisis prácticamente todo el sistema de persecución y sanción penal, cárceles incluidas. Desde la insuficiencia de recursos financieros y técnicos del Ministerio Público para investigar los delitos de alta complejidad que se multiplican en la escena nacional, hasta corrupción policial y judicial, y tratos degradantes y torturas en un sistema penitenciario caracterizado por la promiscuidad y el hacinamiento.

Esa crisis toca el nudo del bienestar de la población. La calidad de sus barrios y las condiciones de vida que recibe la ciudadanía frente a un hábitat geofísico complejo y propenso al riesgo de accidentes naturales: terremotos, tsunamis, incendios, inundaciones, erupciones volcánicas y pérdidas abruptas de sustentabilidad geológica de los suelos.

Por ello, tal crisis es de seguridad humana, y un indicativo cierto de que el país no tiene un gobierno interior de calidad. Los presupuestos destinados a la seguridad son meros ajustes de peluquería, sin potencia técnica, calidad de gasto o eficiencia sectorial, y un ejercicio contable de una administración rutinaria, que genera precariedad en todo el territorio, desde los basurales a las crisis medioambientales, desde el agua al funcionamiento del transporte público en las ciudades.

La iniciativa para crear un Sistema Nacional y un Servicio de Protección Civil, nacida de la gran crisis del 27/f del 2010, aún duerme el sueño de los justos en el Congreso Nacional. Mientras tanto, lo que se ha hecho es apenas mejorar los protocolos de la ONEMI, y meterle más presupuesto al mismo envase que colapsó definitivamente durante ese siniestro. El Ministerio que ha llevado la voz cantante en la iniciativa mencionada ha sido el de Defensa, cuyas instituciones dependientes se caracterizan por la ausencia de calidad de gasto en sus presupuestos. El Ministerio del Interior, al que corresponde el tema, casi no tiene opinión, mientras instituciones fundamentales para situaciones de emergencia, como Conaf u otras, ni siquiera han sido consideradas en la iniciativa. Típica respuesta de circunstancias para una emergencia grave.

La ocurrencia del incendio de Valparaíso simultáneamente con el terremoto de Iquique y Arica, hizo aparecer de manera nítida el neopopulismo y la vieja tensión entre hacer más de lo mismo o innovar. La innovación vino de parte de Conaf, que explicó los problemas técnicos de un incendio en un área perimetral de la ciudad, de los vientos y la complejidad de las quebradas y del tipo de medios técnicos y humanos requeridos. Explicando detalles como el nivel de impulso y tamaño que requieren los aviones para poder operar en esas condiciones, y dejando en claro que “los incendios se apagan en invierno”, es decir, con prevención y control, sobre todo en el interfaz urbano rural, que es un riesgo creciente. En el otro extremo, el más de lo mismo, estuvo en la designación de delegados presidenciales y el embarque de mediaguas hacia el norte en buques de la Armada.

Está claro cuál es calidad de gasto y cuál es ajuste de peluquería. La diferencia está en que el primero no da lugar a fotos de ministros sino a eficiencia sectorial –siempre que tenga presupuesto– y el segundo le lleva la infaltable foto de ministro, aunque las mediaguas terminen en una fogata que sólo calienta la desesperanza de la gente.

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