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Nuestro asado con Piñera

por 30 agosto, 2014

Se nota que tiene ganas de trabajar. Está concentrado y disfruta de toda nuestra atención. Comparte cientos de gráficos, encuestas, nos alimenta con cifras y más cifras. Responde todas las preguntas, propone, lo hace con interés verdadero. Me creía bueno para los números, ahora ya no tanto.
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Hace frío y voy atrasado, siempre me pasa lo mismo de noche. Me pierdo. Veo el diminuto GPS de mi teléfono y me doy cuenta que me estoy alejando cada vez más de mi lugar de destino. La casa del diputado Pedro Browne. El auto salta y golpea fuerte contra un lomo de toro, se me cae el cigarrillo entre las piernas, freno al máximo, me bajo del auto y no encuentro la maldita colilla, doy la vuelta por el otro lado, abro la puerta y CTM parte el riego automático de un jardín y me moja entero. ¡A quién se le ocurre regar en pleno invierno!

Finalmente encuentro la calle, no alcanzo a ver ningún número. Me detengo un rato para que la calefacción seque mi ropa. Me miro al espejo y me pegó una peinada rápida con la mano. Veo muchas luces más adelante.

Afuera de la casa unos camiones con antenas satelitales gigantes. Decenas de camarógrafos prenden sus focos y me encandilan, de pronto un periodista grita chiquillos no es él. Se apagan las luces y todos marchan de vuelta a sus lugares. Me hubiera encantado que al menos uno hubiese mostrado algo de interés en mi llegada. Pronto llegaría el invitado por el cual brillaban las luces.

La casa de los Browne Bezanilla es de aquellas en las cuales uno se siente cómodo inmediatamente. Saludo a todos los invitados mientras me doy cuenta que la tenida es informal y el ambiente que se respira también. El lugar de encuentro es un quincho cerrado bien calefaccionado con una de esas estufas a gas tipo torre. El dueño de casa pegado a la parrilla me saluda cariñosamente mientras seca su frente con una servilleta. Al fondo hay un taca-taca y en la mitad de la cancha de madera una pelota de golf. Me da risa el contraste.

¡Papá llego el presidente! Nos alerta un hijo pequeño de Pedro, un segundo de silencio y luego una estampida a la entrada de la casa.

Sebastián Piñera camina rápido por la vereda, el primero en saludarlo es el diputado Joaquín Godoy. Un beso a la senadora Lily Pérez y apretón de manos al dueño de casa. Estamos en el ante jardín, hace mucho frío. Yo me ubico cerca para poder escuchar lo que dice al enjambre de periodistas. Sin mediar pregunta alguna en voz alta y firme lanza que el gobierno en vez de enviar a cinco ministros a descalificar, debería aprender a escuchar y sobre todo a tomar medidas para recuperar nuestra economía, y no perjudicar a la clase media, a nuestras PYMES y empredendedores. Eso es lo que yo espero de un gobierno que piensa en Chile. Luego continúa, la economía y los empleos se están destruyendo. El país no va por buen camino. Seguramente dijo algunas cosas más que no recuerdo bien. No acepta preguntas y se hace paso al interior de la vivienda.

Al regresar me tropiezo con una mesa con café y sándwiches para quienes reportaran afuera. Por suerte no la doy vuelta. Una periodista joven me pregunta si pueden ingresar a tomar imágenes, justo llega Paola nuestra periodista, se quedan conversando afuera. Mientras regreso veo al presidente saludando a todos. Está de buen ánimo, lo veo bien, de buen humor. Dejo mi Ipad en una mesita del living y me dirijo al quincho.

Lo primero que dice el presidente, yo quiero saber cuantas mujeres hay en Amplitud. Lily Pérez rápidamente se las presenta una por una, son varias. Me doy cuenta que todos los presentes tienen afecto y respeto genuino hacia Sebastián Piñera, lo confirmo cuando cuenta un par de chistes y todos ríen a carcajadas. Yo no le veo nada de gracioso, sin embargo me sumo a las risas. Vengo programado para portarme bien.

Finalmente todos se sientan alrededor de una mesa de centro. Me quedo parado atrás del presidente quien pide una carpeta. Me impresiona su rapidez con los números. Nos da tips de cómo organizar nuestras cartas, estrategias región por región, me da la impresión que sabe al detalle cuántos candidatos a concejal deberíamos llevar hasta en Pelotillehue. Se nota que tiene ganas de trabajar. Está concentrado y disfruta de toda nuestra atención. Comparte cientos de gráficos, encuestas, nos alimenta con cifras y más cifras. Responde todas las preguntas, propone, lo hace con interés verdadero. Me creía bueno para los números, ahora ya no tanto.

Como un relámpago se levanta del sofá, se saca la chaqueta y parte hacia la parrilla. Me doy cuenta de que no sabe mucho de carnes, confunde los cortes. Se acerca Lily Pérez y dice Sebastián este es Eduardo Yáñez, se da vuelta y dice lo conocí hace muchos años, sólo atiné a decir buenas noches señor presidente. Al acercarme me percato que Piñera no lleva consigo el desgaste de los cuatro años en la presidencia, fuera del pelo más blanco se ve igual que antes. Parece disfrutar mientras pincha las longanizas.

La comida era auto servicio. Mientras se preparaba la carne conversé con la diputada Karla Rubilar sobre sus proyectos en el área de salud. Salgo al jardín a fumar, me encuentro con Pablo, marido de Magdalena Piñera, y Carlos Lobos, quien nos explicó con lujo de detalle las bondades de los cigarrillos electrónicos. Al volver conocí en persona a Cecilia Pérez. La noche empezaba a tomar sentido. Una mujer brillante.

No me explico como terminé sentado en la mesa principal frente a frente con el presidente. Debo decir que Piñera tiene buen apetito, se repitió tres veces, prefiere el asado de costilla, me fijo que Piñera tiene buenos modales de mesa. La carne estaba deliciosa, todo lo demás también.

De repente Lily pregunta, Sebastián, ¿has leído las columnas que escribe Eduardo en El Mostrador? Algunas más que otras responde. Yo que pensaba que nadie las leía, casi me atoro de la sorpresa. Sólo atiné a decir muchas gracias presidente, agregando que me había encantado su postura con la prensa a la llegada. Veo que no se achica con nada le dije, es lo mismo que deben hacer ustedes respondió, bajo ningún título jamás acepten humillaciones de nadie. Clara referencia al trato propinado a nuestro movimiento por parte de algunos lideres de Renovación Nacional.

Ahora, estimados lectores, es cuando me reservo en los detalles que continuaron. Sí voy a decir que personalmente no me cabe duda alguna que la casa natural y lógica de Sebastian Piñera es Amplitud. No hay más. En nuestra tienda se conoce bien mi pensamiento minoritario independentista, no soy hincha de Piñera. Tampoco soy ciego veo con mucha nitidez el liderazgo vigente de Sebastian Piñera, el cual crecerá linealmente con el descontento económico que se nos viene.

Miro el reloj, es casi media noche y la conversa sigue animada. Pronto se levanta la mesa.

Antes de llegar al primer lomo de toro, recuerdo que olvidé mi Ipad, me devuelvo a buscarlo. Veo a Pedro Browne junto a su señora retirando la mesita de los café. Me despido nuevamente. Mientras manejo de vuelta a casa, se me viene a la cabeza una y otra vez que el respeto se gana, la honestidad se aprecia, la confianza se adquiere y la lealtad se devuelve.

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