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La histórica reapertura de Educación Parvularia y Trabajo Social en la U. de Chile

por 5 septiembre, 2014

No es lo mismo creer que hay menores en situación irregular que niños vulnerados en sus derechos; que hay mujeres abandonadas que mujeres jefas de hogar; delincuentes que jóvenes infractores de ley; pobladores problemáticos que barrios en situaciones extremas. No hay sujetos de 1ª, 2ª o 3ª clase.
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La Facultad de Ciencias Sociales (FACSO) de la Universidad de Chile, reabrirá las carreras de Trabajo Social y Educación Parvularia, siendo un paso histórico para dos disciplinas clave en la agenda social de nuestro país. Ambas carreras además, tienen elementos comunes, que van desde sus sustentos epistemológicos hasta sus trayectorias, siendo pioneras en Chile y habiendo dejado una huella trascendente en Latinoamérica.

En 1925 se funda en la Universidad de Chile la Escuela Alejandro del Río, primera escuela de Trabajo Social en América Latina. Al ser la primera disciplina de Ciencias Sociales en el país, es a través de ella que se desarrollan los primeros diagnósticos y se concretan las primeras leyes sociales, trabajando en conjunto con las áreas de salud pública y de derecho laboral. En las décadas del veinte al setenta adquirió un gran prestigio nacional e internacional, pese a ello al inicio de la dictadura en 1973 llega el decreto de su cierre. Testimonio de sus enfoques y compromisos públicos, son los diecisiete detenidos desaparecidos estudiantes y académicos de dicha escuela. Su directora de entonces, Lucía Sepúlveda, es una de las grandes pioneras de la disciplina en Chile y es reconocida por su concepción progresista y en defensa de los derechos humanos. Fue en 2007 que ella –desde el Colegio de Asistentes Sociales– y académicos de diversas universidades, fueron artífices de la recuperación de la exclusividad del Rango Universitario para Trabajo Social.

Así también, en 1944, se crea en la misma universidad la Escuela de Educadoras de Párvulos, bajo la rectoría de Juvenal Hernández, quien se desempeñó en dicho cargo por más de veinte años. Es así que con el apoyo de dos destacadas mujeres feministas de la época, pertenecientes a la Asociación de Mujeres Universitarias, Amanda Labarca y la exiliada española Matilde Huici, se relevó este nivel educativo y su saber pedagógico especializado.

En 1946, egresa la primera generación de Educadoras de Párvulos y así las siguientes tuvieron gran protagonismo y liderazgo en el país, aportando a iniciativas como la Ley de Jardines Infantiles y la instalación de jardines en empresas estatales y privadas; la creación del Comité Chileno de la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP) y la Asociación Chilena de Educadoras de Párvulos, además del Currículo Integral, modalidad de trabajo para los niños y niñas menores de seis años, que se utiliza en la mayoría de los centros educativos que trabajan con este tramo etario.

Posteriormente, el desarrollo de la carrera fue impactado por la nueva institucionalidad del Sistema de Educación Superior, establecido por el gobierno militar con la Ley de Universidades de 1981, quedando excluida de las funciones académicas en la Universidad de Chile la formación de Educadores(as) de Párvulos y circunscrita al Instituto Pedagógico, que posteriormente pasa a ser parte de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE).

La ratificación en nuestro país, en 1990, de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, obliga al Estado y a las distintas instituciones públicas a asumir los compromisos de promoción y protección de los derechos de los niños y niñas. Así, con el proceso de recuperación democrática, y conscientes de la importancia de la educación infantil para el mejoramiento de la calidad de la educación, el Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales desarrolla un proyecto innovador destinado a la educación de niños entre 0 y 8 años, que otorga a los egresados el título de Educador de Párvulos y Escolares Iniciales, además de una Licenciatura en Educación; así, desde el año 2001, se abre esta carrera. Después de una evaluación referida al campo laboral y las necesidades específicas, se decide separar ambas especialidades en dos carreras como lo que hoy es noticia.

Hoy la Educación Parvularia está en la agenda presidencial con acciones trascendentes, no sólo desde la ampliación de cobertura, sino con estructuras orgánicas que favorezcan la calidad. Evidentemente para nadie hoy es indiferente el importante rol que cumple la educación parvularia para promover una verdadera igualdad de oportunidades.

Si no se ofrecen oportunidades de aprendizaje pertinentes, se produce gran inequidad y diferencias en las habilidades cognitivas y socioemocionales de los niños(as), las que están muy asociadas a indicadores económicos, sociales y culturales de los hogares. La Universidad de Chile se hace cargo de ello favoreciendo que se revierta dicha situación, aportando con educadores(as) capaces de comprender  y comprometerse socialmente con esta realidad; adecuadamente preparadas(os) y en permanente formación, siendo el énfasis la generación de conocimiento como profesionales de la educación, la reflexión de la práctica, la innovación, el trabajo en diferentes modalidades de atención (no solamente en centros educativos) y desarrollando un corpus de conocimientos y habilidades para el trabajo con niños y niñas desde el nacimiento hasta los 6 años de edad.

Por su parte, reabrir Trabajo Social después de 41 años significa, al menos, enfrentar tres grandes desafíos. El primero es cambiar de lógica, es decir, salir de los esquemas dicotómicos de pensamiento que banalizan lo social, al volverlo un esquema de oposiciones. “O crecimiento o redistribución social”, por ejemplo. Nos desbordan los estudios y las intervenciones sociales exitosas que demuestran que lo que no funciona es una lógica que observa sólo un lado de esa distinción.

No es lo mismo creer que hay menores en situación irregular que niños vulnerados en sus derechos; que hay mujeres abandonadas que mujeres jefas de hogar; delincuentes que jóvenes infractores de ley; pobladores problemáticos que barrios en situaciones extremas. No hay sujetos de 1ª, 2ª o 3ª clase.

En segundo lugar, tenemos que mostrar que la redistribución social y económica va de la mano con un enfrentamiento a toda esa dinámica social del desprecio, del agravio moral y de la discriminación. Avanzar hacia un Chile de todos significa una apuesta por un país más cosmopolita, donde exista un reconocimiento sustantivo hacia la pluralidad legítima de formas de vida. Donde nadie sea estigmatizado por razones de cuna, de raza, de opción sexual, de género, de edad, de capacidades mentales o físicas.

Por ello, y en tercer lugar, enfrentar la desigualdad significa dignificar a las personas, valorar sus derechos. Allí existe una deuda con el potencial enunciativo, al trabajar lo social. No es lo mismo creer que hay menores en situación irregular que niños vulnerados en sus derechos; que hay mujeres abandonadas que mujeres jefas de hogar; delincuentes que jóvenes infractores de ley; pobladores problemáticos que barrios en situaciones extremas. No hay sujetos de 1ª, 2ª o 3ª clase. Lo que es precario, lo que está en riesgo, lo que es vulnerable son las ofertas sociales. Ellas sí son de 1ª, 2ª o 4ª categoría. Entender esa brecha y enfrentarla con propuestas específicas significa trabajar en aumentar los niveles de calidad de la oferta social, tanto pública como privada.

Estas coordenadas sustentan la propuesta de Trabajo Social en la Universidad de Chile. Avanzar por los caminos de la redistribución y el reconocimiento, desde enfoques críticos reflexivos, propositivos, innovadores. Hacer que se encarnen en investigaciones, en intervenciones que impacten en la esfera pública. Que se traduzca en propuestas formativas de pregrado, de Magíster, de Doctorado. Un Trabajo Social que asume lo mejor de su herencia, que dignifica su pasado, que rinde homenaje a sus muertos, que construye lazos secretos entre generaciones, significa asumir hoy sus tareas intelectuales, profundizar en la riqueza disciplinaria de sus enfoques, construir y trabajar en equipos interdisciplinarios, ya que no hay un fenómeno social que se deje abordar en serio desde un solo saber. Por eso nos alegra mucho poder abrir en marzo del 2015 un primer paso y abrir para todos(as) los(as) jóvenes que sueñan con un Chile mejor, la carrera de Trabajo Social en la Universidad de Chile.

Lo anterior es importante, ya que si bien la oferta tanto en Trabajo Social como en Educación Parvularia se ha ampliado mucho en los últimos 20 años, donde la mayoría de las universidades públicas cuentan con estas carreras y también algunas universidades privadas, la Universidad de Chile tiene dentro de su sello un compromiso social y se compromete a hacer un aporte al país con académicos(as) de excelencia, cumpliendo con su misión en la que asume con vocación de excelencia la formación de personas y la contribución al desarrollo espiritual y material de la Nación, favoreciendo la conciencia social, crítica y éticamente responsable y reconociendo como contenido de su misión la atención de los problemas y necesidades del país.

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