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Selfie, carabineros y violencia

Sebastián Smart
Por : Sebastián Smart Abogado y estudiante Doctorado, Institute of the Americas, UCL, Londres
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La preocupación por la violencia ejercida por las policías y las formas de actuar de estas, tiene también una razón que se ha vuelto práctica constante a nivel global, la de enmarcar a los movimientos sociales y la protesta como actos de orden público y seguridad nacional, poniendo a estos en un nivel exageradamente similar al de actos terroristas, práctica utilizada por el Estado chileno, que anunció hace poco una posible modificación a la legislación que regula su aplicación.


La publicación que el Carabinero Esteban Encina Castillo realizó en Facebook el pasado miércoles 5 de noviembre, en la cual trata peyorativamente al pueblo Mapuche, no puede dejar a nadie indiferente. El repudio en las redes sociales fue inmediato y Carabineros, mediante un comunicado de prensa, señaló que “se dispuso la indagación del caso  y se adoptarán las medidas administrativas que la situación amerite”.

El problema de dicha publicación radica, podríamos decir, en tres puntos fundamentales. El primero de ellos es el problema entre lo público y lo privado, que debe quedar inmediatamente descartado, toda vez que el Carabinero publica dicha fotografía y comentario haciendo uso de uniforme y por tanto representando a una Institución del Estado, pública. El segundo de ellos, se refiere a la capacidad que tienen hoy las redes sociales de generar un movimiento social que logre transparentar y vigilar a las Instituciones públicas y privadas, movimiento que parece del todo democrático y ampliamente debatido, el cual no me detendré a analizar en detalle.

El tercer punto y sobre el cual me interesará detenerme un poco más en profundidad dice relación con los actos de las policías en los movimientos sociales y en especial en la represión del derecho a la protesta que les cabe a los mismos, catalogado, por el profesor Roberto Gargarella, como el primer derecho.

[cita]La preocupación por la violencia ejercida por las policías y las formas de actuar de estas, tiene también una razón que se ha vuelto práctica constante a nivel global, la de enmarcar a los movimientos sociales y la protesta como actos de orden público y seguridad nacional, poniendo a estos en un nivel exageradamente similar al de actos terroristas, práctica utilizada por el Estado chileno, que anunció hace poco una posible modificación a la legislación que regula su aplicación.  [/cita]

Quienes han estudiado las políticas de represión de las policías a los movimientos sociales (por ejemplo, DellaPorta, 2010) llegan a la conclusión de que las policías ejercen actos represivos como respuesta a protestas que son por lo general radicales y/o violentas. Sin embargo, se ha visto –con preocupación– cómo dichos actos represivos de las policías hoy se ejercen sobre movimientos sociales pacíficos, o que tienen acciones puntuales de ejercicio fuera de la legalidad. Lamentablemente estamos ante un hecho que se ha transformado en práctica global. El punto más álgido está en la utilización de armas de guerra por las policías uniformadas.

La preocupación por la violencia ejercida por las policías y las formas de actuar de estas, tiene también una razón que se ha vuelto práctica constante a nivel global, la de enmarcar a los movimientos sociales y la protesta como actos de orden público y seguridad nacional, poniendo a estos en un nivel exageradamente similar al de actos terroristas, práctica utilizada por el Estado chileno, que anunció hace poco una posible modificación a la legislación que regula su aplicación.

La utilización de formas represivas por las policías, que parecen más a las de un estado de guerra o terrorista, tiene efectos terribles en el derecho a la protesta que se ve cada vez más y más disminuido. En paralelo, sería interesante conocer cuáles son las indicaciones que se les dan a las policías y si los indicadores de represión tienen que ver con una clase política cada vez más distante de la sociedad civil y que atraviesa –mundialmente– por una crisis de representación.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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