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Aylwin y Sichel: en otra vereda

por 13 diciembre, 2014

En ese diagnóstico nace Fuerza Pública, la cual vendría a ser una filial liberal de la Democracia Cristiana, en donde podríamos dar cabida y realidad a aquellos que, no gustando de Maritain ni menos de Tomic, sienten cariño por sus símbolos mas no por su historia ni menos por su proyecto. En dicho escenario ¿alguien podría asegurar sinceramente que eso significa abrir el partido? No lo creo.
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La historia de la Democracia Cristiana, como estructura política, ha estado marcada por una permanente tensión interna. Algunos lo asumen por la existencia de dos almas, las cuales, con intención o no, han dado sentido de futuro al proyecto colectivo humanista cristiano. En ese sentido, el correcto debate y la permanente disidencia interna han sido esenciales para el bienestar programático.

Sin embargo, los Partidos en su orden estructural no tan solo vienen a ser instituciones normativas, en las cuales determinados preceptos rigen la vida política de los que en ellos participan, de ser así, despreciaríamos el insustituible aporte que realizan a la democracia. Sin duda son mucho más que eso, en cuanto se fundan en el concepto comunitario de sociedad, en donde los individuos concurren voluntariamente a jurar la defensa de un catálogo de principios y valores que configuran la doctrina y por complemento la identidad partidaria. En aquel orden de cosas, Mariana Aylwin y Sebastián Sichel, legítimamente optaron por otro camino, aquel que implica ver el Gobierno de la Presidenta Bachelet desde la vereda de la oposición. Entonces ¿es posible compatibilizar esas diferencias?

Para entender mejor la respuesta, habría que analizar hechos más que elucubraciones, así los mencionados camaradas de un tiempo a esta parte consideraron que el partido debía “abrirse al mundo de los independientes”, debiendo “dejar de mirarnos el ombligo”, so pena de extinguirnos.

En ese diagnóstico nace Fuerza Pública, la cual vendría a ser una filial liberal de la Democracia Cristiana, en donde podríamos dar cabida y realidad a aquellos que, no gustando de Maritain ni menos de Tomic, sienten cariño por sus símbolos mas no por su historia ni menos por su proyecto. En dicho escenario ¿alguien podría asegurar sinceramente que eso significa abrir el partido? No lo creo.

En ese diagnóstico nace Fuerza Pública, la cual vendría a ser una filial liberal de la Democracia Cristiana, en donde podríamos dar cabida y realidad a aquellos que, no gustando de Maritain ni menos de Tomic, sienten cariño por sus símbolos mas no por su historia ni menos por su proyecto. En dicho escenario ¿alguien podría asegurar sinceramente que eso significa abrir el partido? No lo creo.

No podemos entonces pretender hacer más grande el partido, dejando de hacer partido, evidente contradicción.

Lo que hoy se reclama es honestidad en los propósitos como también en los mecanismos. Fuerza Pública quiere ser gobierno y para ello ya tiene candidato, pero no le alcanza, les falta algo, lo más importante y de lo cual depende su vitalidad, el centro político. Para eso el Partido Demócrata Cristiano es fundamental, entonces el cálculo y la estrategia se hacen perfectos, tensar desde adentro para aglutinar desde afuera.

Ante la necesidad de apertura, argumento en el cual sustentan su actuar los camaradas Sichel y Aylwin, podemos compartir el diagnóstico pero en ningún caso los medios. No hay necesidad alguna, ni de orden social, cultural ni menos económico de promoverla desde el liberalismo como antecedente doctrinario, el pensamiento humanista cristiano y por ende no liberal, tiene la capacidad de ampliar nuestro margen de acción política, corriendo efectivamente el cerco de lo posible y no siendo en lo absoluto necesario modificar nuestro domicilio político-doctrinal.

Sin embargo, en ese escenario surge un problema de orden eminentemente ideológico al interior del PDC, dado que ¿cuán dispuestos estamos a ampliar el efecto de nuestra doctrina? En ese sentido el V Congreso Ideológico es un importante referente, por cuanto ha desarrollado y comprometido avances de vanguardia en materias tales como educación, trabajo, previsión, matrimonio igualitario o los asuntos indígenas y multiculturales, por decir algunos, no obstante, la convocatoria debería ser aun más amplia y ambiciosa en relación a las conquistas que hoy se reclaman. Frente a ello no sabemos si Fuerza Pública comparte nuestro más importante y actual sustento doctrinario. Por lo menos en el tema lucro en educación, está claro que no.

Tanto Diego Calderón, Esteban Sanhueza como quien escribe no concebimos el requerimiento como un fin, sino como el medio idóneo para que las instituuciones partidarias correspondientes se pronuncien conforme a derecho. En el PDC no hay perseguidos ni inquisidores, ni tampoco militantes de primera o segunda categoría, lo que hoy se nos exige es solo una recta coherencia entre el pensamiento y la acción. Es hora de definiciones.

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