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Una consulta pública trascendente

Una consulta pública trascendente

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José Eduardo Sanhueza
Por : José Eduardo Sanhueza Director ejecutivo de Cambio Climático y Desarrollo Consultores Consultor en materia de Negociaciones sobre Cambio Climático del Ministerio de RR.EE. de Chile y de la CEPAL.
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Los acuerdos establecidos en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y luego en su Protocolo adoptado en Kioto, que sólo ha establecido obligaciones cuantitativas a las economías de las naciones industrializadas, han dado señales a los sectores financieros de esos países y a la banca internacional hacia donde deberían redirigir sus flujos de inversiones para posibilitar los recambios tecnológicos y conductuales que permitan controlar la tasa actual de sus emisiones de GEI.


Las noticias sobre las reanudaciones de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU, que con razón han dominado los titulares y las columnas de opinión de la prensa nacional este último par de semanas, y las relacionadas con las celebraciones de la Navidad, han, sin embargo, dejado a la sombra la notoriedad de una noticia de alta trascendencia nacional debido a sus implicancias para el Chile que podremos imaginar para el mañana.

El 17 de diciembre, el ministro del Medio Ambiente, Pablo Badenier, anunció el inicio del proceso de Consulta Pública del Anteproyecto de la “Contribución Nacional” frente al Cambio Climático que se extenderá hasta el 31 de marzo 2015, contemplando también cuatro talleres informativos regionales en Antofagasta, Santiago, Concepción y Valdivia, e informaciones al Congreso.

Durante esta Consulta Pública se espera recibir insumos y observaciones de todos los sectores y actores del quehacer nacional con la finalidad de mejorarla. Concluido este proceso, la Contribución Nacional será presentada al Consejo de Ministros por la Sustentabilidad y Cambio Climático para que antes del 31 de junio del 2015 el Ministerio de Relaciones Exteriores entregue el documento a la Secretaria de la Convención de Cambio Climático.

Hasta aquí la noticia. Pongámosla en su contexto. En la actualidad existe un amplio consenso científico en que el actual cambio climático en curso es un hecho inequívoco, causado principalmente por la acción del hombre. La atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y el sistema climático del planeta evidencia alteraciones crecientes. Los efectos adversos de este nuevo clima son considerados como amenazas, con impactos que pueden poner en riesgo el desarrollo de los países y la integridad ecosistémica a nivel mundial.

Frente a estas evidencias, la comunidad internacional ha intentando desde hace ya 25 años acordar pautas de comportamiento que permitan controlar el aumento de la concentración de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en la atmósfera causantes de estas alteraciones climáticas. Esta tarea no ha resultado fácil. Los cambios conductuales en las formas de producción requeridos para que esto sea posible son enormes. De hecho, hay autores que estiman que cerca del 90% del PIB mundial actual se explica como resultado de actividades que directa o indirectamente significan emisiones de GEI. Más todavía, son estas formas de producción y las tecnologías que las sustentan las que explican en forma sustantiva el orden económico y geopolítico mundial que se ha ido construyendo en los últimos 200 años.

En este escenario de complejas consideraciones, los acuerdos establecidos en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y luego en su Protocolo adoptado en Kioto, que sólo ha establecido obligaciones cuantitativas a las economías de las naciones industrializadas, han dado señales a los sectores financieros de esos países y a la banca internacional hacia donde deberían redirigir sus flujos de inversiones para posibilitar los recambios tecnológicos y conductuales que permitan controlar la tasa actual de sus emisiones de GEI. Sin embargo, esas señales distan de ser lo suficientemente claras y tener la magnitud para movilizar capitales en la cantidad y la velocidad requerida para controlar esas emisiones a niveles que posibiliten estabilizar el aumento de la temperatura global promedio a una temperatura no mayor de 2° C para fines de siglo con respecto a la existente al inicio de la era industrial. Este límite no es antojadizo: permitiría, según se estima, un manejo económico del daño colateral de la alteración climática asociada.

Por lo mismo, en la reunión de las Partes de esta Convención que tuvo lugar en Durban, Sudáfrica, en diciembre de 2011, se acordó enmendar esta situación e iniciar negociaciones para lograr a fines del 2015, en la próxima “Cumbre de París”, un nuevo acuerdo global con fuerza legal sobrereducciones de emisiones de GEI aplicable esta vez a todos los países miembros de este Acuerdo Internacional a partir del 2020”.

 En el marco de los progresos de estas negociaciones, las Partes de la Convención han sido invitadas a anunciar durante el 2015 sus Contribuciones Nacionales a dicho acuerdo, entendiendo que ellas deberían expresar sus esfuerzos más ambiciosos posibles, particularmente pero no exclusivamente en materias de mitigación del cambio climático, en correspondencias y consideración tanto de sus capacidades como circunstancias nacionales.

A esta consulta pública es que el Ministro Badenier invita a participar a la comunidad nacional, entendiendo que ésta debe contar con un amplio respaldo-país porque la Contribución Nacional, aunque sea aplicable a partir del 2020, significará comenzar a alinear desde hoy los planes ministeriales, las políticas públicas y las inversiones privadas en sectores clave del desarrollo económico, como son provisión energética, minería, agricultura, forestal, transporte y vivienda, para hacerlos compatible con el cumplimiento de este compromiso internacional que adoptará Chile.

Para dar inicio a esta consulta el Ministro del Medio Ambiente pone a consideración de la opinión pública el anteproyecto en que se proponen cifras posibles para este esfuerzo de control de emisiones de GEI de nuestra economía en las próximas décadas y que consecuentemente modelarían los planes de desarrollo económico posibles para nuestra nación en el futuro, situación inédita en nuestro país. Esas cifras se construyen sobre los resultados de un serio y sólido trabajo de análisis pormenorizado de un centenar de medidas posibles de mitigación en todos los sectores económicos, incluyendo sus costos y sus impactos socio-económicos.

Este ejercicio, que se inició en el Gobierno del Presidente Piñera y fue finalizado por éste, y que apropiadamente el Ministro Badenier denomina resultados de una “Política de Estado”, participaron un centenar de representantes de los sectores público, académico, privado y de la sociedad civil. Obviamente no es la “verdad” sobre la materia y seguramente adolece de todas las debilidades que aquejan a las aún más serias modelaciones e incluso recibir críticas por falta de completitud en sus análisis.

A lo que nos convoca el Ministro Badenier es una vivida discusión que con base a esas informaciones y todas las necesarias que se puedan aportar nos permitan construir una Contribución Nacional al Cambio climático, pero una que permita ser leída no sólo como una condicionalidad más a nuestro desarrollo, sino también como una oportunidad para éste en los “tiempos del Cambio Climático”, que es mi visión y motivación personal para aceptar esta invitación.

Es esperable entonces que una vez finalizada las fiesta de celebración de fines de año, el sitio Web del Ministerio de Medio Ambiente, donde se encuentran el anteproyecto, las informaciones que la respalda y los formularios para participar en esta consulta, sea visitado en un alto número por todos aquellos que estimen que deben expresar una opinión sobre esta materia tan decisiva para Chile.

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