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Ruta de la energía: hora de cambiar la dirección

por 7 febrero, 2015

La demanda energética de electricidad para el desarrollo se convierte así en un recurso discursivo falaz que utiliza unidades semánticas asociadas al miedo de la escasez, tal como el apagón del Estadio Nacional si ocupo mi secador de pelo; el egoísmo de bienestar personal por querer seguir ocupando aparatos electrónicos (como celulares o televisores modernos), pero rechazar nuevos proyectos de generación eléctrica; y por último la culpa social, el rechazo a estos proyectos impide que el país progrese y será la culpa de ese rechazo el que impida que otros compatriotas se integren a dicho progreso.
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Mucho se habla respecto a la importancia de la energía para el desarrollo del país, poniendo como ejemplo la situación de los países desarrollados y, en cierto sentido, es correcta la idea respecto a que estos necesitaron de más energía para tener el nivel actual de desarrollo, pero hay un punto en que no se repara y es a lo que esta discusión apunta: ¿la energía eléctrica que se usa en Chile va para el desarrollo?

Si tomamos los balances energéticos medidos en petajoule (PJ) desde la IEA (International Energy Agency), Chile tuvo durante 2012 (último año de balance para todos los países indicados en la IEA) un consumo final de energía de 1.004,8 PJ, de los cuales 224 corresponden a electricidad y 527,1 al petróleo y sus derivados. La industria consumió 151,8 de los 224 PJ, correspondiendo al 67%, y la minería como parte del sector industrial consumió 87,4 de los 151,8 PJ, ocupando así el 58% de la electricidad del sector industrial y el 39% del total del consumo eléctrico para el mismo año. Y el sector residencial consumió 36,6 de los 224 PJ, es decir, un 16,6%.

La demanda energética de electricidad para el desarrollo se convierte así en un recurso discursivo falaz que utiliza unidades semánticas asociadas al miedo de la escasez, tal como el apagón del Estadio Nacional si ocupo mi secador de pelo; el egoísmo de bienestar personal por querer seguir ocupando aparatos electrónicos (como celulares o televisores modernos), pero rechazar nuevos proyectos de generación eléctrica; y por último la culpa social, el rechazo a estos proyectos impide que el país progrese y será la culpa de ese rechazo el que impida que otros compatriotas se integren a dicho progreso.

El caso de Portugal, país de referencia, ya que se le pone en nuestro mismo estadio de desarrollo, tuvo en el mismo año 2012 un consumo final de 691 PJ, de los cuales 166,5 PJ corresponden a electricidad. Su industria consumió 57,4 PJ de los 166,5 PJ, es decir, el 34% de la electricidad se la llevó esta área de consumo, la cual está diversificada en trece áreas (Chile aparece con siete) que consumen de manera más o menos pareja esos 57,4 PJ, siendo el mayor consumo el de la industria química y petroquímica con 8,3 PJ y actividades indicadas como maquinaria y equipamiento de transporte consumieron 4,6 y 1,3 PJ, respectivamente. Y el sector residencial consumió 46,6 de los 166,5 PJ, es decir, un 28%.

Como se ve, una actividad como la minería consume parte importante de la energía eléctrica en Chile, hecho que lleva a preguntarse: ¿qué es la minería para nuestro país?

1. La actividad económica más importante llamada “el sueldo de Chile”, especialmente por el cobre.

2. Una actividad extractiva cuyo principal producto es el concentrado de cobre, una especie de pulpa que contiene entre 28 y 32% de cobre. Este concentrado tiene un bajo aporte de valor agregado, ya que requiere de poco proceso tecnológico (chancado, molienda y sistemas de flotación, donde se usa mucha agua) en comparación al proceso de refinamiento, y qué decir si se fabricaran en Chile productos con altos componentes de cobre y después se exportaran.

3. Las empresas mineras privadas, nacionales e internacionales, exportan el concentrado y no tienen interés en dar valor agregado al cobre porque su preocupación es obtener la mayor cantidad de utilidades antes de que se acabe el mineral y, francamente, no tienen en carpeta tomarse las molestias de generar valor agregado. Además, con el sólo hecho de producir concentrado de cobre reducen considerablemente la mano de obra.

4. Y la entidad que da algo de valor agregado al cobre es CODELCO, que lo funde y refina en Ventanas (adquirida a ENAMI en 2005) y realiza investigación para otros usos de este mineral, de hecho, CODELCO es la entidad número uno en patentamiento industrial en Chile (111 entre 2000 y 2009). Y se toma las molestias de realizar investigación y dar valor agregado al cobre porque es una empresa estatal con proyectos de largo plazo, su trabajo se debe a la sociedad chilena y no puede mandarse a cambiar a otro país una vez que llegue el minuto en que cierre sus faenas. En su presentación de inversionista en abril de 2014, las ventas de concentrado correspondieron al 21%, mientras que el cobre refinado al 79% (72% de cátodos y 7% de blíster)

5. Los hechos desde el 1 al 3 provocan un efecto rentista que CESCO (Centro de Estudio del Cobre y la Minería) en un estudio de 2013 lo describe como la consideración de la minería solamente como una “vaca lechera”, que concentra desproporcionadamente el interés fiscal en la mera extracción, con el único propósito de llenar arcas fiscales.

6. Hay un royalty con vigencia desde enero de 2006 (antes de ese año el Estado de Chile regaló el cobre) con una modificación tarifaria en 2010 que consiste en pagos por parte de las mineras entre un 0,5 y 4,5% si sus ventas anuales son entre 12.000 y 50.000 ton métricas de cobre fino, por sobre esta última cantidad el pago va entre un 5 y 34,5% dependiendo del margen operacional mínimo, cuyo rango va desde 35 a 85 y cuando este último margen es superior a 85 el royalty baja a 14%. Por tanto, ¿qué mineras están en condiciones de producir sobre 50.000 ton métricas de cobre fino y tener margen operacional mínimo de 85 y así pagar 14%? La respuesta es clara, considerando que el royalty es voluntario y en estricto rigor va entre el 5 y 14%, está asociado a una invariabilidad tributaria más otras franquicias que tienen estas empresas, lo que  hace que las grandes mineras se acojan a él, o sea, prácticamente no pagan nada de impuestos. Y mientras tanto, CODELCO desembolsa un 40% al fisco.

7. Y el empleo, bueno, un estudio del Consejo Minero y Fundación Chile titulado Fuerza Laboral de la Gran Minería Chilena 2012-2020: Diagnóstico y Recomendaciones, indica que 45.535 personas tienen contrato directo con las once empresas participantes del estudio y representan el 98% de la fuerza laboral de las empresas socias del Consejo Minero, y adivine, de esa cantidad el 40% corresponde a trabajadores de CODELCO. Y un total de 19.929 personas son empleados de veinte empresas que prestan servicios a las mismas once mineras del estudio. En Chile la fuerza laboral ocupada, revisando los datos del INE, es al menos de unos siete millones y medio de chilenos.

Si la gran minería en Chile es la lista del 1 al 7, tengo que decir que eso no es desarrollo y si creen que sí, porque es parte importante del PIB, entonces el problema es qué entendemos por desarrollo; si es sólo aumentar un indicador año a año, eso es crecimiento y no desarrollo. Por cierto que la minería ha permitido mejorar el bienestar de una parte de la sociedad chilena (me imagino que las comunidades indígenas y no indígenas del Norte de Chile no habrán sentido ese bienestar con la llegada de las mineras) mediante los ahorros que se han generado y  transformarla en una consumidora de bienes importados al estilo venezolano, lo cual ha dado otra característica a nuestra economía actual, basada en el consumo y dando vida a una gran construcción de malls y pocos centros de innovación tecnológica o industria de valor agregado.

Chile no logrará el desarrollo con más energía, viendo el caso de Portugal, si ésta va a proyectos mineros como los de la lista arriba mencionada, que aportan sólo crecimiento y casi nulo valor agregado. Ahora, si quieren convencernos de que con más energía se alcanzará el desarrollo, perfecto, pero cambiemos la dirección de su ruta y  que vaya a  industrias de valor agregado, y todavía más, si desean que la minería sea el motor de desarrollo tendrán que, por lo menos, seguir el camino de lo que actualmente plantea el CNID (Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo) en su documento Minería: Una Plataforma de Futuro para Chile, donde pone una agenda con diez compromisos a iniciarse en 2015, entre ellos, generar y financiar ideas colaborativas de I+D+i.

Tal como están las cosas, la demanda energética de electricidad para el desarrollo se convierte así en un recurso discursivo falaz que utiliza unidades semánticas asociadas al miedo de la escasez, tal como el apagón del Estadio Nacional si ocupo mi secador de pelo; el egoísmo de bienestar personal por querer seguir ocupando aparatos electrónicos (como celulares o televisores modernos), pero rechazar nuevos proyectos de generación eléctrica; y por último la culpa social, el rechazo a estos proyectos impide que el país progrese y será la culpa de ese rechazo el que impida que otros compatriotas se integren a dicho progreso.

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