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La tabla de salvación

por 18 marzo, 2015

La tabla de salvación
Por eso la gente está enojada. Porque ve que las instituciones se ponen de acuerdo para maquillar hechos gravísimos. Y nosotros, desde nuestros pupitres en la Cámara de Diputados, vemos cómo el Tribunal Constitucional pretende reemplazar no sólo al Congreso, sino que además a los Tribunales de Justicia.
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Relatar, a grandes rasgos, la historia reciente del Tribunal Constitucional (TC), evidencia el deterioro en la calidad de nuestra democracia. Y, al mismo tiempo, arroja una de las razones por las cuales la gente ha perdido la confianza en las instituciones.

Hasta antes de la reforma que llevó adelante el Presidente Ricardo Lagos en 2005, cuando en una imponente ceremonia en La Moneda dio por eliminada las Constitución de Pinochet, el Tribunal Constitucional era un organismo sustantivamente más autónomo que el de hoy.

Eran 7 miembros, de los cuales 3 eran designados por la Corte Suprema, 1 por el Presidente, 2 por el Senado, y otros 2 por el Consejo de Seguridad Nacional.

Actualmente, se mantienen los 3 ministros de la Corte Suprema, pero se aumenta a 3 los designados por el Presidente, 2 por el Senado, y 2 propuestos por la Cámara de Diputados y designados por el Senado.

El cuoteo es evidente. Como también es evidente que para la clase política tradicional, que quiere mantener las cosas tal como están, el Tribunal Constitucional se está transformando en una tabla de salvación.

El Tribunal Constitucional es un órgano cuoteado, donde sus miembros son elegidos con cuotas políticas, no por votación popular. Y ahora, que estamos en un momento clave y está en juicio la política en general, la calidad de la democracia, debemos exigir con más fuerza que nunca que las instituciones funcionen.

Porque si a la Alianza no le gusta el cambio al binominal, recurre al TC. Y si una empresa como Soquimich quiere bloquear una investigación, presenta un requerimiento y paraliza la acción de la Fiscalía.

Por eso la gente está enojada. Porque ve que las instituciones se ponen de acuerdo para maquillar hechos gravísimos. Y nosotros, desde nuestros pupitres en la Cámara de Diputados, vemos cómo el Tribunal Constitucional pretende reemplazar no sólo al Congreso, sino que además a los Tribunales de Justicia.

El Tribunal Constitucional es un órgano cuoteado, donde sus miembros son elegidos con cuotas políticas, no por votación popular. Y ahora, que estamos en un momento clave y está en juicio la política en general, la calidad de la democracia, debemos exigir con más fuerza que nunca que las instituciones funcionen.

Lo hemos dicho en reiteradas ocasiones: se debe investigar hasta el final, caiga quien caiga. Eso es lo que están esperando todos los chilenos y lo mínimo que podemos ofrecer quienes estamos legislando.

Hoy comienzan las audiencias públicas en el Tribunal Constitucional para analizar el requerimiento ingresado por la Alianza, y que busca dejar sin efecto el cambio al sistema binominal. Cambio que fue aprobado por mayoría en el Congreso y, lo decimos orgullosos, con los votos de Amplitud.

Y ahí estaremos, defendiendo los cambios que hicimos, porque creemos que uno de los pasos fundamentales para recuperar la confianza de la gente, es poner fin a la odiosa y artificial división entre izquierda y derecha.

La verdadera disputa es entre la gente y la política mal hecha. Y esa gente está pidiendo que el TC haga lo correcto, y no busque torcer la mano a los cambios al binominal, ni dilatar la investigación de Soquimich para que, finalmente, no haya culpables.

La única tabla de salvación para reivindicar la política es hacer las cosas bien.

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