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¡Por favor, al menos no hablemos de probidad!

por 27 abril, 2015

He leído a Cristián Monckeberg, presidente de RN, declarando, en El Mercurio, que su partido no apoyará a nadie que haya sido condenado por faltar a la probidad. Pero ¿cómo? Si ya lo hizo y todos saben que lo volverá a hacer. Sebastián Piñera había sido condenado por la resolución 306 de la SVS por faltar a la probidad al comprar acciones con información privilegiada y RN lo llevó como candidato presidencial y ganó con él. ¿Alguien cree que no lo volverá a hacer en 2017? Entonces, ¿por qué dice Monckeberg esas cosas?
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“Nadie es profeta en su tierra”. He referido cómo, hasta en mi propia familia, critican que yo exponga TODAS las faltas a la probidad y no sólo las que convienen “a nuestro sector”.

Un amigo que vive en ultramar me escribe: “…no escasean los ululantes dispuestos a castigar o a amedrentar a quien se atreva a desafiar a los caudillitos de pacotilla que ensombrecen la vida nacional, pero lo más elevado de la condición humana clama por perseverancias ennoblecedoras como la tuya. No son pocos quienes redescubren el utilitarismo ignominioso de la prudencia y del silencio. Shakespeare, conocedor perspicaz de estas sutilezas, inmortalizó el problema y lo aconsejable que a muchos se les antoja resolverlo a gran distancia del honor, la decencia y la honestidad. He ahí el inmortal monólogo de Falstaff en la segunda parte de su Enrique IV, en el cual el insigne vate –a través de su rotundo personaje— presenta el concepto del honor como algo tan ridículo como carente de valor. Por supuesto que tal parlamento es salvajemente irónico y sólo sirve para acentuar la estatura moral ejemplarizante de aquellos seres humanos privilegiados, como tú, que comprenden que vidas huérfanas de honor y honestidad no sólo son corruptas sino que corrompen todo a su alrededor”.

Yo entiendo la desesperación de la derecha. La Nueva Mayoría está destruyendo el modelo de sociedad libre que legó el Gobierno Militar y la gente que aprecia lo que ello significa para el futuro de Chile está dispuesta a todo, hasta a asirse de un clavo ardiente, con tal de que el socialismo no se perpetúe en el poder. Cada vez más personas creen que lo hará. Leo que el millonario Nicolás Ibáñez, que tras vender su red de supermercados a Walmart amasa unos miles de millones de dólares, emigra a los EE. UU. con su patrimonio y disuelve su oficina local de negocios. Leo que Horst Paulmann vende el Banco París y está buscando comprador. Un experto financiero me refiere los casos de otros empresarios chilenos (del rango de los 200 millones de dólares), que están cerrando su venta a inversionistas extranjeros. Lo interpreto como que los chilenos “sabemos mejor” del futuro local que los foráneos. Los que vendieron universidades privadas a extranjeros antes de la razzia de Piñera y la Concertación contra la industria de la educación superior chilena por lo del “lucro”, que tantas pérdidas les ha generado, sin duda “sabían mejor”.

Entonces, me dicen, “el fin justifica los medios”. ¿Qué necesidad hay de destacar las facturas ideológicamente falsas de Piñera o el hecho de que haya pagado a sus ejecutivos con platas electorales que le dio Soquimich? Y añaden: “Nuestra prensa” oculta todo eso, pero tú insistes en exponerlo”. “¿Por qué no te callas?” Piñera tiene la plata, tiene ganas, está bien en las encuestas y comprará todo lo necesario para ganar, incluso a la Nueva Mayoría, a la cual llevó a votar en favor suyo días atrás en la Cámara, para rechazar el informe que lo acusaba de faltar a la prescindencia en el caso Cascadas. ¿En qué país vives, Hermógenes?”

Yo les contesto que bueno, pero entonces, por favor, al menos no mintamos y no hablemos de ética. Digamos francamente que estamos buscando la ventaja política y la manera de ganar a cómo dé lugar. Confesemos que nada de esto tiene que ver con la probidad.

El problema es que ni siquiera lo confesamos. Hoy he leído a Cristián Monckeberg, presidente de RN, declarando, en El Mercurio, que su partido no apoyará a nadie que haya sido condenado por faltar a la probidad. Pero ¿cómo? Si ya lo hizo y todos saben que lo volverá a hacer. Sebastián Piñera había sido condenado por la resolución 306 de la SVS por faltar a la probidad al comprar acciones con información privilegiada y RN lo llevó como candidato presidencial y ganó con él. ¿Alguien cree que no lo volverá a hacer en 2017? Entonces, ¿por qué dice Monckeberg esas cosas?

¿Alguien cree que la Presidenta no sabía de los negocios de su nuera y su hijo si lo había nombrado en un cargo ad honorem y, sin embargo, ambos exhibían obscenos “signos exteriores de riqueza”? Porque incluso ella, que es no creyente, sabe que “sacristán que vende velas y no tiene cerería, de dónde peccatas mea, si no es de la sacristía?" Y está empeñada en una tremenda campaña político-publicitaria por la probidad.



Al menos seamos honestos en reconocer que no nos importa, con tal de ganar dinero o poder. ¿Para qué agravar con la mentira y la hipocresía nuestro estado de corrupción general?

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