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Políticos: ¿para qué los necesitamos?

por 14 julio, 2015

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La pregunta, a estas alturas de la realidad, no es baladí. Partamos, eso sí, de una premisa que es absolutamente verdadera: nosotros los pusimos donde están. Pero ahora, luego de más de veinte años de observar la casi permanente actitud de obtener beneficios particulares por sobre los comunes o generales, después de ver que gracias a casualidades es que se han destapado gravísimos escándalos relacionados con platas políticas, que han generado una deslegitimación de prácticamente todos los actores políticos, pasando por La Moneda, el Congreso, los partidos políticos, instituciones públicas, etc., es que uno se formula la pregunta del millón: ¿para qué los necesitamos?

Observemos, por ejemplo, que hoy por hoy se discute la ley que autoriza el aborto en determinadas circunstancias, y simplemente no se resuelve porque existe una disputa interna, entre la DC y los demás partidos de la Nueva Mayoría. Por una simple (capaz que compleja, vaya a saber uno…), disputa por el poder.

Llevan meses discutiendo una reforma educacional vital para el país y, simplemente, no se avanza porque en la dirigencia del Colegio de Profesores existe una intensa disputa, adivinen por qué: exacto, el poder.

Se paralizan las posibilidades de acuerdos en las más relevantes materias para el país, porque la Justicia se encuentra persiguiendo a “distinguidos” personajes de la política por la comisión, hoy todavía presunta, de diversos delitos vinculados a plata. Sí, a plata, incluso para el bolsillo.

 El factor  común de todas las circunstancias señaladas, más aquellas que por razones de espacio y tiempo no podemos indicar, es la presencia de los mismos, de los que están hace más de veinte años dando vueltas a la estructura política para simplemente perjudicar al país. Y reitero: nosotros los pusimos ahí; no podemos perder de vista este elemento. Pero tampoco podemos perder otro que deriva de la misma razón (la democrática): nosotros los podemos sacar de ahí.

El factor común de todas las circunstancias señaladas, más aquellas que por razones de espacio y tiempo no podemos indicar, es la presencia de los mismos, de los que están hace más de veinte años dando vueltas a la estructura política para simplemente perjudicar al país. Y reitero: nosotros los pusimos ahí; no podemos perder de vista este elemento. Pero tampoco podemos perder otro que deriva de la misma razón (la democrática): nosotros los podemos sacar de ahí.

Y este es un dato no menor, toda vez que por la vía democrática derrocamos a un dictador. Cómo no va a ser posible hacer lo mismo con esta estructura, también dictatorial, de dos coaliciones que hoy se aferran al poder como el náufrago a la tabla de salvación.

Y cuando digo dictatorial no cometo un desliz, es cosa de ver a Coloma por un lado amenazando a Jorratt y, por el otro, a Peñailillo haciendo lo mismo; es cosa de ver que el nivel de decisiones se encuentra atorado en Santiago, sin que las regiones y sus provincias tengan acceso a ese nivel. Es cosa de recordar cómo corrieron todos cuando la DC no inscribió a sus candidatos dentro de plazo; de recordar que nos tienen a todos acorralados contra las AFP, que mes a mes nos expropian nuestro dinero, lo sacan del país y obtienen pingües ganancias, en tanto que los jubilados acceden a pensiones miserables, siendo condenados a la pobreza. La evidencia demuestra que existen varios métodos de ahorro para la jubilación que aseguran una pensión muchísima más digna para cada jubilado. ¿Por qué no se cambia entonces el sistema de pensiones? Porque los mismos tienen asegurada su vejez y simplemente no les interesa lo que ocurra con el pueblo.

Estoy convencido de que Chile hoy no es lo que debiera ser gracias a los mismos, es decir, estos son un lastre para el desarrollo de un país que, por todas las potencialidades que tiene, debiera tener niveles de desarrollo y de igualdad mucho más elevados. Entonces, respondamos la pregunta inicial: ¿para qué los necesitamos? Para nada. Salvo que queramos seguir siendo esquilmados, que queramos seguir indignándonos, que queramos seguir viendo pasar las oportunidades que nos brindan las elecciones y sigamos votando por los mismos.

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