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España: la reestructuración del tablero político

por 29 diciembre, 2015

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El resultado en España nos deja un Congreso con más de 10 partidos políticos representados. Y, al mismo tiempo, tres partidos (PP, PSOE y Podemos) que obtuvieron más del 20 % de los votos cada uno (más C’s que logró casi el 14 %). Una pluralidad y una polarización nunca antes vista en España.

Superada (o, al menos, parcialmente) la crisis de representación, nos enfrentamos a un desafío por la gobernabilidad. El sistema español establece el siguiente mecanismo para investir un presidente de Gobierno: mayoría absoluta en una primera votación o mayoría simple ―más votos a favor que en contra― en una segunda convocatoria, 48 horas después. Sin embargo, esta nueva distribución del Congreso vuelve prácticamente imposible la investidura en la primera votación, pues solo se lograría con un acuerdo entre PP y PSOE o bien con la suma de PSOE, Podemos, confluencias, IU y C’s. Ambas opciones, muy improbables. En la segunda ronda de votación entrará en juego la abstención y aquí veremos cómo juegan sus fichas los principales líderes.

El resultado electoral deja a Pedro Sánchez frente a una gran responsabilidad. No ha ganado las elecciones, pero podría formar gobierno. Sánchez se la juega. Si pacta con el PP, traiciona su propuesta, aunque obtuviera la cabeza de Mariano Rajoy, de quien cuestionó su honorabilidad en un debate. Y si pacta con Podemos, se le rompen las costuras internas, y se complica ―y mucho― su imagen de centralidad.

Esta ha sido, sin duda, la campaña electoral más profesionalizada en la historia política española; con unos equipos de movilización digital que han llegado a su madurez política y organizativa. Una campaña donde las redes sociales jugaron un papel destacado. Twitter, como punto de encuentro de referencia para la conversación y el debate político (el hashtag #7dElDebateDecisivo, por ejemplo, se convirtió en récord en España), y como hábitat natural de infinitos memes que demostraron, una vez más, la fuerza creativa del ARTivismo digital y la potencia seductora del humor. Facebook, por su parte, mostrando todo su potencial como segunda pantalla e incluso explorando su dimensión off/on con el primer Facebook Meeting.

Pablo Iglesias intentará impedir un nuevo gobierno popular. Pero esto no quiere decir que vaya a pactar con el PSOE o, al menos, que se lo vaya a poner fácil. Ya avisó que su apoyo supone un referéndum en Cataluña, una reforma de la Constitución y otra del sistema electoral. Un precio demasiado alto para el PSOE, muy difícil de asumir.

Albert Rivera no consiguió los votos necesarios (y esperados) para erigirse como partido bisagra, pero tratará igualmente de hacer valer el peso de sus 40 diputados. En los últimos días de campaña, había adelantado que se abstendría para asegurar la gobernabilidad y el pasado lunes, ya con los resultados sobre la mesa, lo confirmó. Rivera, con esta decisión, está intentando poner a Sánchez entre la espada y la pared.

Otra pieza importante es el Rey Felipe y el rol que juegue en las que son sus primeras elecciones generales. Por norma, el Rey es el responsable, entre otras cosas, de liderar una ronda de consultas con los líderes de los partidos, a fin de proponer un candidato a la Presidencia del Gobierno y de firmar la disolución de las Cámaras y la convocatoria de nuevas elecciones, en caso de que sea necesario. Pero, en realidad, se espera que el rey sea árbitro y facilitador de las negociaciones, y que tenga un control inteligente del timing para evitar que el período de incertidumbre se alargue. Veremos, en la que será su primera gran demostración como Rey, si ha heredado algo de los atributos de negociador que solían adjudicarle a su padre.

Estamos ante un cambio radical en las lógicas políticas y en las ecuaciones parlamentarias. El bipartidismo ha perdido más de 5,12 millones de votos. El PP obtuvo un 15,9 % menos que en las elecciones pasadas (desde 1989 no conseguía un porcentaje tan bajo); mientras que el PSOE, con 6,8 % menos, logró un nuevo récord negativo. Durante todas las legislaturas pasadas, el cambio se reducía a la opción de la alternancia. Se gana cuando el ciclo de tu rival se agota (PP en 1996), o cuando comete errores muy graves (11M de 2004). El valor de la opción de la alternancia era la paciencia, la resistencia y la disponibilidad. Es decir, con estar ahí, ya era suficiente.

Pero ya no. Los partidos emergentes, las nuevas expresiones de lo político, así como la resistente solidez electoral de las opciones soberanistas, han pateado el tablero y cambiado las reglas del juego. Hace cuatro años ni estaban, ni se les esperaba. El 20D marcó el inicio de un nuevo modo político, abriendo, definitivamente, nuestro mapa político de manera irreversible. La política del piloto automático (mayorías absolutas), del copiloto (bipartidismo), da paso a una conducción más coral, más dialogante, más constructiva y más comprometida. El sistema de la alternancia bipartidista deja su lugar a alternativas, por ahora, desconocidas.

Esta ha sido, sin duda, la campaña electoral más profesionalizada en la historia política española; con unos equipos de movilización digital que han llegado a su madurez política y organizativa. Una campaña donde las redes sociales jugaron un papel destacado. Twitter, como punto de encuentro de referencia para la conversación y el debate político (el hashtag #7dElDebateDecisivo, por ejemplo, se convirtió en récord en España), y como hábitat natural de infinitos memes que demostraron, una vez más, la fuerza creativa del ARTivismo digital y la potencia seductora del humor. Facebook, por su parte, mostrando todo su potencial como segunda pantalla e incluso explorando su dimensión off/on con el primer Facebook Meeting.

Una campaña, por otro lado, que fue ampliamente televisada, la política pop en todo su esplendor. Los candidatos visitaron los platós televisivos para cantar, bailar, hacer deporte y hasta jugar al futbolín. Y un último punto a destacar fue que la campaña no se limitó al ámbito de gestión del partido, sino que la creatividad social logró desbordar los márgenes de las campañas y los activistas tomaron, parcialmente, el control. Ha sido, pues, una campaña ciudadana, de multitudes inteligentes y empoderadas.

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