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Corazón de León

por 19 abril, 2016

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Se trataría, en principio, del don. De dar, de entregar, de proyectar sin esperar nada a cambio. Se trataría del donar como algo que no tiene devolución, dar por dar, sin cálculo, sin beneficio posterior al acto mismo del dar, sin ningún horizonte que implique un regreso. En fin, dar pesando en que nada, nunca, podría ser devuelto.

El corazón que espera León Smith, hijo de Juan y Miriam (gente de mi juventud), no revela simplemente el drama de una familia que espera el órgano-corazón-salvador sino, y con toda la tristeza que nos deja este escenario biopolítico, un tipo de sociedad convencida desde sus orígenes de que dar incondicionalmente es un error, una pifia sistémica, un atentado al yo-privado, a lo que me pertenece y a lo que jamás debiera darse porque en el dar se desestabiliza lo que hemos construido, no como sociedad, sino como economía.

En la ausencia de la donación se expresa la más nítida sociología de un país que nunca se reconcilió con el otro, sino con un yo único y delirantemente autorreferente, donde el más mínimo gesto dativo se estrella con nuestra cultura mercantil y especulativa.

El corazón que espera León no es un problema de política pública simplemente, tampoco tiene que ver con la ausencia de voluntades urgentes para hacer de Chile un país de “donantes”. Tras toda esta historia lo que se nos enrostra es una forma de comprendernos en relación con lo que podría ser el otro –el prójimo, si se quiere en nomenclatura cristiana, a la cual, debo decirlo, no pertenezco–.

Se trata de un país que se fundó sobre las bodas del mercado y lo “mío”, de la mercancía que no repartiré y que no podré jamás compartir porque un tipo de racionalidad, específica y bursátil, se nos instaló como axioma y como principio. Dar en Chile es un error, insisto, una pifia y un atentando al paradigma de la concentración.

Se trata de un país que se fundó sobre las bodas del mercado y lo “mío”, de la mercancía que no repartiré y que no podré jamás compartir porque un tipo de racionalidad, específica y bursátil, se nos instaló como axioma y como principio. Dar en Chile es un error, insisto, una pifia y un atentando al paradigma de la concentración.

Habría mucho que decir sobre los padres de este niño. Sobre su insistencia en la vida y en los rostros optimistas que, casi extraordinariamente, nos regalan día a día. También, y sin duda, mucho que decir de los amigos, los medios y de la enorme capacidad comunicativa de su padre. Sin embargo, al final del día y es el objetivo de esta breve columna, quisiéramos resaltar que el corazón que le falta a este valiente niño es un navajazo a la sociedad que hemos construido y que hemos tallado cada vez que lo “nuestro” se siente bajo amenaza. Dar es darlo todo, no “algo”, sino todo.

El fin de semana León no estuvo bien, le falló un corazón artificial que, si bien lo mantiene con vida, es un artefacto que no puede “darle” la vida que se merece y por la que se despellejan diariamente sus padres. Es un corazón tan artificial como el Chile que hemos creado, el mismo que se corona con las guirnaldas de la propiedad privada y que esculpe día tras día la trampa de un país que no sabe de dar sino, únicamente, de almacenar y concentrar.

Un corazón para León, aunque, incluso sin él, ya es el hombre más valiente de este país.

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