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Revolución Pingüina, rebelión pedagógica

por 2 mayo, 2016

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Es 24 de junio del 2015. Educación 2020 junto con Fundación Luksic participan de un We Tripantru en un liceo de Puerto Saavedra, celebrando una "colaboración para la calidad educativa". El secretario ejecutivo de la Agencia de la Calidad, Carlos Henríquez, y la presidenta del Consejo de la Agencia, Paulina Araneda, comparten la celebración. Araneda es la socia fundadora de la empresa de Asesorías Técnicas Educativas (ATE) Grupo Educativo. Su socia, Claudia Peirano, tuvo que renunciar a la Subsecretaría de Educación antes de asumir, justamente por ser cuestionada en su rol de prestadora ATE.

En Grupo Educativo destacan la realización de un servicio llamado Sistema Educacional Relacional Fontán (SERF). En octubre del 2015, la ATE que fundó la actual presidenta del Consejo de la Agencia de la Calidad realizó un taller abierto sobre SERF en Antofagasta, al cual asistió la encargada de la macrozona de la Agencia de la Calidad, Mabel Bustos. Según el sitio de la Fundación Luksic, Bustos señaló que el servicio que presta Grupo Educativo en alianza con la Fundación Luksic "está en la misma línea de lo que hoy buscamos como Agencia".

La Fundación Luksic también participa en las "redes de tutoría", proyecto que lleva a cabo con Educación 2020 y que fue lanzado por la propia ministra Adriana Delpiano a finales de octubre del 2015.

Solo resumiendo: la Agencia de la Calidad, una institución pública nueva, valora públicamente un servicio que ofrece la empresa de la presidenta de su Consejo. La ministra de Educación inaugura un proyecto que ofrece la ATE que antes dirigió. Todo unido por los Luksic.

Hay algo más que une a Educación 2020, Grupo Educativo y la Agencia de la Calidad: todos son inventos que respondieron a la oportunidad del movimiento pingüino del 2006.

Han pasado 10 años desde el sintético grito ¡No al lucro! que lanzaron los estudiantes secundarios. Que lanzamos como sociedad también. Desde entonces, han pasado hartas cosas. Me enfoco en una en particular: la élite entendió que no puede seguir solo lucrando con las escuelas públicas sin construir un discurso pedagógico. Quizá lo entendió antes que los mismos pedagogos. Esa es la clave de lo que hacen las ATEs, y lo que hace Educación 2020, Elige Educar y Enseña Chile, entidades que dan cuenta de la fórmula post-2006. El reflujo post-2006 y el abandono y precariedad de la formación inicial docente le dio a la élite una ventana de oportunidad para redefinir el sentido de la pedagogía, tanto a nivel político como en la acumulación de prácticas escolares.

Entre los pingüinos del 2006 hay muchos y muchas que hoy son docentes principiantes. Desde finales del 2014 y casi todo el 2015 esa generación de rebeldes pingüinas del 2006 se reencontró, quizá por la fuerza de la historia, en la rebelión docente. Esta rebelión movilizó a las escuelas por más de 50 días contra la ley de Carrera Docente propuesta por el nuevo gobierno de Bachelet y apoyada por cuanta organización pro empresarial tiene intereses en educación. Al igual que el 2006, los canales políticos tradicionales fueron incapaces de entender y procesar las demandas docentes del 2014 y 2015, y optaron por destruirlas y aplastarlas, asumiendo que así las resolvían. En esta pasada contaron incluso con la venia y energía de la dirección comunista del Colegio de Profesores, que ha salido a defender la propuesta y ley del gobierno, sin comprender, quizá, que lo que se juega no es solo una condición de trabajo, sino el futuro mismo de la pedagogía como disciplina en Chile.

Podemos decir que la élite –a pesar de su estupor inicial– supo aprovechar el 2006 y hoy nos presenta un desafío mayor y un confuso juego de condiciones y discursos. Los esfuerzos de la élite se fueron por dos lados.

Uno fue, y es, el legislativo. Tanto la Ley de Subvención Escolar Preferencial (SEP), La Ley General de Educación, y la Ley que crea el Sistema de Aseguramiento de la Calidad, La Ley de Inclusión y la reciente Carrera Docente, permitieron –y permiten– estimular el "emprendimiento" en el negocio de la "mejora escolar privatizada". Hoy sabemos –gracias a la Contraloría e investigaciones de la prensa– que hay una gran cantidad de dineros públicos de la SEP que están perdidos, que nunca llegaron a quienes supuestamente iban a beneficiar: los pobres, los "vulnerables", como les gusta decir a los progresistas. También sabemos que gracias a la SEP se financian lucrativos negocios para militantes o cercanos a partidos de gobierno.

Gracias al discurso del "aseguramiento de la calidad", se ha legitimado la creación de un monstruo de control gerencial –la Agencia de la Calidad de la Educación– que tiene un presupuesto anual de unos $33 mil millones, más de la mitad de los cuales va a parar al diseño y aplicación –privatizada– de pruebas Simce. Vaya usted a saber quiénes aprovechan las jugosas sumas para "emprender". Sabemos, gracias a informes encargados por el mismo gobierno, que uno de los servicios más solicitados a las Asistencias Técnicas Educativas (ATEs) –pagados con fondos SEP– es el entrenamiento para subir puntajes Simce. Hay un enredo legal que es un buen negocio.

Y es que la respuesta tiene que ser un nuevo movimiento pedagógico. Ese solo saldrá organizado desde las bases docentes, como una revolución que canalice sus reflexiones y proponga acciones, esas que son imposibles de sistematizar cuando lo que domina es el agobio laboral del "management".

El otro esfuerzo de la élite desde el 2006 se enfocó en transformar el sentido de la pedagogía y orientarla hacia una actividad tecnificada. Dado el carácter histórico de tal tarea, la élite construyó organizaciones que permitieran aprovechar las condiciones políticas y generar consensos sociales para estimular esa tecnificación. Y lo han hecho bien. Los ejemplos más notables ya están nombrados: Educación 2020, Elige Educar y Enseña Chile, pero también incluyen ATEs que tienen capacidad de sistematizar información y hacerla pública, como Grupo Educativo. Otras incluyen a la Fundación Acción Educar, que agrupa a los conservadores extremos que dirigían la política educativa de Piñera.

Con diversos grados de actividad política, fundamentalmente lobby y gestión de medios, estas organizaciones han articulado una acción y discurso convergente que reúne a un espectro que va una desde el progresismo culposo hasta el conservadurismo explícito. En su acción, impulsan una de las agendas más conservadoras: la que la considera a la educación como "capital" individual, una "inversión" como especulación en la bolsa; y que la considera como una forma de estructurar la sociedad y separar a los "rotos" de los "ciudadanos". Este accionar tuvo quizá su momento más claro en los debates sobre la ley de inclusión y sobre la carrera docente, pero también es posible ilustrarla con instancias como la historia que inicia esta columna. Hay decenas de otras que podrían mostrarlo.

La condición histórica a diez años de la revolución pingüina presenta a una élite más consciente de su capacidad de andamiaje cultural. Luksic compró el Canal 13 en el 2010. En educación, ese andamiaje se orienta hacia un cambio en el significado de la pedagogía. Las ATEs, incluidas Educación 2020 y Grupo Educativo, acumulan experiencias que les permiten resignificar la docencia de aula y hablarle al mundo político y social con mayor propiedad desde allí. Elige Educar y Enseña Chile estimulan públicamente la elitización de la carrera docente y su consideración como "capital acumulable” para la productividad de las empresas. Al mismo tiempo participan del llamado Movimiento Aula, donde se juntan con Grupo Educativo y la Fundación Educacional Oportunidad, en el que Luksic es director junto a Mariana Aylwin.

Esta condición de oportunidad histórica le permite a la élite proyectar una resignificación y legitimación de la pedagogía con sus propios lenguajes: los de la gestión y el liderazgo, y los del foco en la "calidad". Así nos llenamos de "Redes de Tutorías" a la chilena o de "SARF", mediatizadas de la mano de la ministra y de la Agencia de la Calidad con sus consignas del "Año de la Calidad y la Innovación".

Pero 50 días de paro en las bases docentes del país podrían decir otra cosa. Por el bien de la pedagogía misma, esperamos que digan otra cosa. La acostumbrada catarsis docente es incapaz de sostener 50 días de paro por sí misma. Debe haber sido algo diferente lo que lo sostuvo.

Es posible que en tantos días de paro, en el reencuentro de la rebeldía, se hayan transformado conversaciones y relaciones entre un número notable de docentes, colegas de la misma escuela o de otras distantes a lo largo de todo el país. Preguntas sobre qué es la profesión y qué debe ser la pedagogía quedaron quizá ancladas en varias conversaciones, en algunas ganas de hacer algo, de moverse por una causa que parece propia y de tantos.

Quizá esas preguntas han sobrevivido a las condiciones de agobio que retornaron tras la movilización, quizá rondan las mentes de los profesores que ven cómo Elige Educar y Educación 2020 les lanzan "tips" por las redes sociales, o cómo Enseña Chile les pregunta si se van a atrever a "hacer algo por los niños" mientras todos sus egresados se evaluarán según pautas del Banco Interamericano de Desarrollo. Tantas preguntas en una confusión que no ofrece respuestas.

Y es que la respuesta tiene que ser un nuevo movimiento pedagógico. Ese solo saldrá organizado desde las bases docentes, como una revolución que canalice sus reflexiones y proponga acciones, esas que son imposibles de sistematizar cuando lo que domina es el agobio laboral del "management".

Hace unos días se lanzó una campaña de colegiatura para aprontarse a las elecciones del Colegio de Profesores. El Colegio, por su historia y condiciones, es quizá la única organización en Chile con capacidad de canalizar un nuevo movimiento pedagógico. Por el bien de Chile, esperemos que las nuevas preguntas se lo tomen y lo puedan liderar. Necesitamos una nueva pedagogía, pero no la que viene de la mano de quienes han mantenido y creado el sistema opresivo que inunda a nuestras escuelas. Ojalá no nos confundamos más.

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