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Sename y solución pacífica de controversias

por Alejandra Díaz, Directora Instituto de Estudios Jurídicos de la Facultad de Derecho U. San Sebastián 9 mayo, 2016

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Señor Director:

El triste suceso y las circunstancias conocidas respecto a la muerte de una niña de 11 años en un centro del Servicio Nacional de Menores (SENAME) obligan a preguntar sobre cuáles son las políticas que el Estado de Chile debiera impulsar en materia de infancia. Es el momento de plantearnos políticas que generen cambios culturales, sin que signifiquen una sobre-intervención de las familias, ni una institucionalización de los niños necesitados de protección.
Es el momento oportuno para debatir acerca de la incorporación de una política pública de justicia restaurativa para niños y jóvenes, que establezca centros y programas de resolución colaborativa de conflictos en los colegios, las comunidades, el sistema proteccional y la justicia penal juvenil.
Tenemos un problema con la institucionalización de nuestros niños en el SENAME. Es de conocimiento masivo que casi siempre es mejor que un niño permanezca junto a su familia, a que sea objeto de una medida de protección en un Centro Residencial.

Los casos que pueden llevar a que un niño sea objeto de una medida de protección son muchos, y abarcan desde situaciones de maltrato o abuso hasta problemas de consumo de drogas, situación de calle, deserción escolar, y causales bastante genéricas tales como las inhabilidades parentales.

En muchas ocasiones, el origen radica en conflictos mal manejados como los que pueden surgir entre padres e hijos, compañeros de curso o vecinos en barrios donde la violencia es parte de la cotidianeidad. Al no ser bien resueltos, esto escala a situaciones más graves como violencia física e intrafamiliar, amenazas, deserción escolar y comisión de delitos, entre otros.

Si promoviéramos de manera efectiva una cultura de solución pacífica de las controversias entre nuestros niños, se podrían evitar muchos de estos problemas. Incluso, podría mejorar la convivencia entre padres e hijos y las habilidades parentales de éstos.

Esto, pues quienes participan de procesos de mediación suelen incorporar herramientas de resolución colaborativa de conflictos como un nuevo aprendizaje en sus vidas, lo cual les permite, a su vez, mejorar sus habilidades comunicacionales y sus relaciones interpersonales.

Es momento de que pensemos en soluciones de largo plazo que posibiliten cambios culturales y que ayuden a las familias a criar a sus hijos, sin estigmatizarlas y sin sobre-intervenirlas, como por ejemplo, a través de la Justicia Restaurativa y la solución colaborativa de conflictos.

Alejandra Díaz, Directora Instituto de Estudios Jurídicos de la Facultad de Derecho U. San Sebastián

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