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¡Cuidado que viene Farkas!

por 18 mayo, 2016

¡Cuidado que viene Farkas!
No tengo nada contra Farkas, incluso me parece un tipo simpático, pero su irrupción es una señal de alarma para la clase política y para el país. Un símbolo de que las cosas se están haciendo muy mal. El Gobierno, la Nueva Mayoría y Chile Vamos no han aportado mucho en el último tiempo para cambiar esta percepción.
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Parece que la crisis política que estamos atravesando nos ha dejado sin candidatos presidenciales. Lo que parecía una certeza, la disputa entre Lagos-Piñera para 2017, está quedando en duda con los últimos sondeos de opinión pública.

La encuesta CERC-Mori de mayo trajo una noticia demoledora: un 72% de las personas responde “nadie” ante la pregunta “¿Quién le gustaría que fuera el próximo Presidente?”. Esto no había pasado nunca desde que retornó la democracia, hace 26 años. Cero interés y, lo que es peor, cero expectativas respecto de quién puede contribuir a mejorar la situación política del país.

Es verdad que Piñera obtiene el primer lugar, pero apenas logra un 12%. Le sigue MEO con 8% –a propósito, ¿qué es de Marco?–, Lagos con un pobre 5%. Y aquí viene la novedad, que ya veníamos advirtiendo en esta misma columna: Leonardo Farkas, el excéntrico millonario, ocupa el 4° lugar (3%).

No tengo nada contra Farkas, incluso me parece un tipo simpático, pero su irrupción es una señal de alarma para la clase política y para el país. Un símbolo de que las cosas se están haciendo muy mal.

El Gobierno, la Nueva Mayoría y Chile Vamos no han aportado mucho en el último tiempo para cambiar esta percepción. La Moneda ha mostrado un estado de confusión sorprendente en la crisis de Chiloé, además de incapacidad de estructurar una estrategia política-comunicacional: durante más de una semana, proyectó una falta de sensibilidad que fue duramente castigada no solo por los chilotes, sino por el país entero. La frase de la “billetera” de Burgos es una de las más desafortunadas que alguien puede pronunciar cuando se está en una situación tan delicada; solo logra exacerbar los ánimos y provoca al que está viviendo un drama.

En la Nueva Mayoría se han agudizado las diferencias internas a partir del bochornoso impasse de las inscripciones a primarias. Pese a que el Tribunal Calificador de Elecciones terminó por darle la razón, el daño reputacional causado es grande: de fondo, el conglomerado oficialista llegó al filo de la hora ese día al Servel porque no tuvo la capacidad de ponerse de acuerdo antes. Además, solo va a realizar primarias en 63 comunas –de 345–, quedando fuera las más importantes del país.

A lo anterior se suma la crisis del PPD. Primero fue la renuncia de Pepe Auth y todas las declaraciones, críticas y disputas que siguieron a la mediática salida del diputado que fue presidente de la colectividad. Y en estos día ha explotado el caso que vincula aportes de SQM al partido a través de una “triangulación” con una ONG, que para remate, se suponía que promovía el medio ambiente y era dirigida por el principal detractor de HidroAysén, Patricio Rodrigo, otrora hombre cercano a Girardi.

La estrategia del niño amurrado suele no traer dividendos políticos. ¿Cómo se entiende que Chile Vamos haya declarado que el proceso del Gobierno no era representativo y a su vez no quieran representar a la gente de derecha? ¿Cómo leerán los chilenos que existan dos caminos para expresar las ideas acerca de la Carta Magna a la que se aspira? La rabia de Piñera por no haber sido capaz de alinear al conglomerado en torno a su postura, además de un signo de debilidad, debería alertar al ex Mandatario de las intenciones de Andrés Allamand de ingresar a la carrera presidencial.

En Chile Vamos las cosas están aún peor: no hay caso con este bloque que, aunque se cambió el nombre, no logra despegar frente a la ciudadanía. De hecho, en la última encuesta Adimark ni siquiera alcanza el 20% de aprobación: es decir, no capitalizan nada de la baja del Gobierno.

La decisión de no participar en el proceso Constituyente terminó por agudizar las diferencias internas y aparecieron los “díscolos”, ese mal que tanto daño le hizo a la Concertación en su momento y del cual la derecha se burló hasta el cansancio. Ossandón y Kast entendieron algo que Allamand y Piñera no lograron visualizar: no hay peor señal que excluirse de un proceso en que la gente está participando y al cual las instituciones y gremios han ido sumándose de a poco.

La estrategia del niño amurrado suele no traer dividendos políticos. ¿Cómo se entiende que Chile Vamos haya declarado que el proceso del Gobierno no era representativo y a su vez no quieran representar a la gente de derecha? ¿Cómo leerán los chilenos que existan dos caminos para expresar las ideas acerca de la Carta Magna a la que se aspira?

La rabia de Piñera por no haber sido capaz de alinear al conglomerado en torno a su postura, además de un signo de debilidad, debería alertar al ex Mandatario de las intenciones de Andrés Allamand de ingresar a la carrera presidencial. Solo en los últimos meses ha liderado la presentación ante el TC de la Reforma Laboral y ahora logró que varios parlamentarios cambiaran de posición.

En todo caso, quien debe estar sacando dividendos del desorden de Chile Vamos es Manuel José Ossandón. El senador ha sido inteligente, logrando instalarse como un hombre con visión de Estado, pero firme en sus posiciones. Además ha quedado como “la” carta de RN, luego de que Lavín señalara que Piñera era el “candidato natural de la UDI”.

Una reflexión final. En estos días ha circulado una serie de rumores que apunta a que el CEP estaría “sondeando” nombres que provengan del mundo intelectual y académico para incorporar en su próxima encuesta, a falta de personajes políticos destacados. Seguramente esto crearía una realidad: presidenciables “no políticos”. ¿Por qué no un Carlos Peña o Eduardo Engel? Por ahora, el riesgo de Farkas empieza a tomar forma. Es seguido por más de 1 millón de personas en su Twitter y blog –lo llaman “líder y filántropo”– y existe un grupo ciudadano que está promoviendo su candidatura. Ojalá, por el bien de Chile, que no tengamos nuestro propio Trump.

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