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¿Qué es nuestra crisis moral?

por 2 julio, 2016

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Moral la entenderemos como el conjunto de normas de convivencia de un colectivo. No hay sociedad que no tenga ciertas normas que regulen el comportamiento de sus habitantes de modo de desarrollar relaciones de fraternidad y solidaridad que posibiliten la realización del máximo de bienes a sus miembros. Bienes materiales y bienes trascendentes: sentido, significación, paz, belleza. A partir de esas normas se define la Bondad. También al ‘ser’ ‘bueno’ y ‘valioso’ para el ser de la colectividad. A partir de esas normas se define luego la legalidad: el código escrito que instituye el ejercicio de esas normas morales ahora en un nivel de desarrollo correspondiente a un nivel superior culturalmente de la colectividad. Las normas tradicionales se formalizan racionalmente como leyes dentro de un código que castiga las faltas a las leyes normativas y estipula momentos de acusación, juzgamiento, defensa y castigo o absolución. Así estamos ya en una sociedad donde la palabra escrita tiene el poder de definir lo bueno y lo malo en términos de justo y legal o injusto e ilegal.

El Derecho viene luego de la reflexión crítica acerca de la Moral, tradicionalmente fundada en creencias religiosas, es decir irracionales, sin desmerecer el profundo valor simbólico y, me atrevo a decir, mágico, de sus postulados y creencias. Al decir ‘irracionales’ se dice en términos de no fundadas en las leyes y estructuras de la racionalidad y sus estrategias de verificación. La religión es irracional como lo son la poesía y el Arte en general, aunque religión, poesía y arte son susceptibles de análisis racionales y científicos. El fundamento de la Moral es irracional, históricamente hablando, pues fue fundada la moral en base a creencias irracionales, aunque significativas, acerca de otro plano trascendente a la materia. La ética es el cuestionamiento de la Moral. La ética es el análisis de la validez racional de las normas morales. De esa validación o invalidación se trata la ética, y de la ética escrita surgen posteriormente las leyes escritas y los códigos de convivencia: el Derecho.

En una sociedad moderna y democrática la racionalización de la moral, el debate ético y legal, corresponde a toda la sociedad. La forma democrática de hacerlo es mediante el voto a representantes de diferentes miradas y discursos acerca de los temas fundamentales de la sociedad: la paz social, la justicia, el bienestar general, el desarrollo integral. Cada grupo defiende sus ideas de sociedad y de poder de un modo que trata de ser convincente al resto de la sociedad para ganarse el voto del mayor número y así ser decisivo o influyente al momento de establecer las leyes que norman la convivencia democrática. Son aquellos por los que votan las mayorías los que redactan de acuerdo a esa voluntad mayoritaria las leyes normativas. Esto por lo menos debe ser en teoría. Esto precisamente es lo que no ocurre. De esto finalmente se trata la llamada “Crisis Moral” que está afectando a nuestra sociedad chilena, inserta al parecer desde su nacimiento en un mundo en crisis moral permanente. Pero nuestra crisis actual no sólo es una crisis moral en términos de crisis de validez de las normas: es una crisis general de sentido, una crisis espiritual, una crisis de percepción, una crisis espistemológica que pareciera estar llegando a un momento crítico de los fundamentos mismos de la sociedad humana moderna.

Pero el mal de Chile se repite a nivel planetario, o bien en Chile se reproduce el mal planetario de hoy: hay dos mundos conviviendo en un estado de tensión permanente, uno rico, minoritario y prepotente, y otro paupérrimo, mayoritario y alienado en extremo. ¿Cómo se ha llegado a esta situación en el mundo? ¿Cómo fue que del optimismo en la Razón y en la tecno-ciencia se llegó a la construcción de un mundo desalmado, contaminado, segregado y lleno de enfermedades mentales? La explicación que me parece más plausible parte del hecho histórico que del fracaso del modelo soviético de construcción del socialismo se pasó a una hegemonía unilateral del capitalismo en su fase especulativa que ha colonizado todas las esferas de la vida humana con su carga de desolación espiritual e iniquidad material.

El Neoliberalismo ha sido la máscara que ha adoptado el Nihilismo para penetrar en la intimidad de las personas y en los centros de circulación de la vida social, trabajo, mercado, política, educación, religión y cultura en general. Todo ha sido contaminado por los fundamentos de la especulación financiera que transformó al mundo en una fuente mecánica proveedora de recursos y a los seres humanos en productores y clientes. La estrategia de dominación de los poderosos ya ha sido descrita en la literatura (1984 – Orwell, Mundo Feliz – Huxley), en la Sociología, la Filosofía y la Psicología contemporáneas, pues parece que el tema central de estudio y de representación crítica en nuestro mundo intelectual ha sido y es el Malestar en la cultura, la sociedad neurótica de nuestro tiempo, la inautenticidad, la deshumanización, la alienación, la fragmentación del hombre contemporáneo, la pobreza, la destrucción del planeta por intereses de grupo, etc., etc.

Muerto el espíritu humano producto del proceso moderno de ¨desencantamiento del mundo¨ (Weber) sólo nos resta transformarnos en productores de bienes de consumo y animales dispuestos al goce simple y puro. Trabajar con cierta indiferencia (o una resignación sin sentido de culpa) respecto del costo ecológico, psicológico y social de nuestro esquema de supervivencia y luego gozar del producto financiero de nuestra alienación laboral, es el modelo psicológico de un neurótico bien adaptado a las exigencias del medio económico, es lo que se quiso imponer y lo que se está logrando. La aspiración por el poder simbolizado por la disponibilidad de dinero que permite un consumo que excede de lo necesario, es el motivo axial del nuevo estilo. Poder, indolencia, frivolidad y volcamiento a lo externo con poca selectividad. Gozar sin culpas, sin trabas, ese ha sido el deseo del hombre desde que fue exiliado del Paraíso. A pesar que hubo algunos, los grandes creadores de cultura, que intuyeron o captaron de alguna forma valores, principios abstractos que ordenaban y regulaban nuestra convivencia y dirigían nuestro desarrollo espiritual, que reconocieron en el concepto de espíritu la esencia de lo humano y transformaron la vida en algo que superaba su manifestación biológica. Hasta antes de los tiempos modernos se vivía en un modelo de interpretación del mundo y de la vida que hacía del humano un ser frágil frente a la voluntad de los dioses y las fuerzas de la naturaleza. La sabiduría espiritual de los hombres consistiría en alcanzar la armonía con el flujo de la naturaleza, no controlarla, no dominarla, adaptarnos y equilibrarnos a través de una sintonía fina con sus ritmos y procesos. Ese era el dictado del espíritu. Pero el espíritu comienza su decadencia con el dominio científico-técnico que el hombre fue ejecutando sobre la naturaleza a partir de Leonardo, Galileo, Descartes y Newton. La Razón moderna aceleradamente comienza a desconfiar de las abstracciones y de la metafísica y se transforma en instrumento de conocimiento causal y dominador de la naturaleza. La matematización de los resultados de la observación y la experimentación nos demuestran la objetividad del conocimiento basado en este método experimental y nos beneficia con el poder de predecir y dominar la Naturaleza. De acuerdo a estos resultados y al optimismo que generaba el uso de la Razón se llegó, con una lógica lineal, a la siguiente conclusión: Dominado el mundo, liberados de las supersticiones y de la filosofía como forma autónoma de teología con todo ese lenguaje ambiguo e incomprensible, la humanidad se recuperará y dejará su estado de alienación y progresará con paso firme con el control sobre la naturaleza y luego sobre la Historia. Cartesianismo, Positivismo, Optimismo, Racionalismo, Marxismo, todo confluía, a pesar de las diferencias, hacia la entronización de la Razón experimental como instrumento de dominio de todo. Los constructores del paradigma moderno, idolatradores de la Razón, partían básicamente de un optimismo antropológico que concluyó en la teoría del buen salvaje de Rousseau: somos buenos por naturaleza y es la sociedad la que nos corrompe, ergo, estableciendo una sociedad organizada racionalmente se le devuelve al hombre su naturaleza bondadosa. Los vectores de la Razón son las ideas axiales de Libertad y Progreso. El discurso filosófico de la modernidad se consolidaba en el espíritu progresista de la época.

A partir de Hume y Kant la Realidad se hizo esquema mental del sujeto. La realidad es una categoría abstracta que podemos manipular de acuerdo a nuestros mecanismos epistemológicos y al pensamiento técnico-científico; los principios y valores que orientan la acción son dados por estos supuestos: la objetividad de la realidad, de los principios y valores, es un dogma irracional. La realidad, los principios y valores son construcciones de nuestra mente. Lo que sabemos del mundo es lo que nuestra mente ha elaborado a partir de sus categorías a priori y de los datos que pasan filtrados por nuestros sentidos a nuestro entendimiento. No hay valores absolutos, no hay una realidad absoluta e independiente del sujeto que la percibe. El observador es el punto de referencia que define cualquier cosa que llamemos Realidad. Vivimos en el mapa -científico matemático- de un territorio desconocido. Entonces, como conclusión lógica del paradigma de la modernidad, optemos por lo práctico. Podemos dirigir al mundo y podemos dirigir los movimientos históricos, pues la historia también tiene sus leyes (La Dialéctica). Es dentro de este paradigma que debemos situar tanto al Marxismo como al neoliberalismo, a pesar de sus diferencias de contenido y propósitos. Lo bueno y deseable es lo que asegura placer y comodidad, en términos del siglo XX: descarga de la libido en cualquiera de sus manifestaciones, ¨mientras no dañe a terceros¨ (o no los dañe contra su voluntad), tanta desconsideración moral no nos cabe (o al super yo no le cabe). La Razón ocupa el trono que en otro tiempo ocupaban Dios o Las Moiras. Ya fuera de la inocencia, ya comido el fruto del árbol del conocimiento, fuera del paraíso sólo nos queda rememorarlo a través de la evasión de este no-paraíso. La reflexión nos retrotrae a nuestra condición de exiliados, el pensamiento nos descubre en el desarraigo, por lo tanto hay que elaborar un nuevo estilo de pensar que signifique no pensar, una irreflexión que nos provea del material necesario para vivir satisfechos, como chanchitos en el barro, en una realidad desencantada y trivial. Se entroniza el pensamiento calculador, la razón técnica como instrumento de dominación de la naturaleza y de los hombres, incluso de sus zonas inconscientes; este es el instrumento posibilitador del encuadramiento de la sociedad en el proyecto económico-político de los dueños del mundo.

Como una especie de maldición pitagórica toda la realidad se ha vuelto numero. Los números definen el ser de las personas y las cosas. ¿Cuánto ganas? ¿cuál es tu C.I.? ¿qué puntaje sacaste en tal prueba? ¿Cuánto debes? ¿Cuánto tienes? ¡¿Cuánto eres en realidad?!... La hegemonía del pensar calculador ha desencializado en las humanos su elemento fundamental: Lo Irreducible, aquello que ni siquiera los más elevados conceptos pueden describir y que en diversas culturas ha recibido distintos nombres: atma, pneuma, psique, espíritu, yo trascendental, yo superior, sí mismo, selbst,... Obviamente la ciencia positiva y su paradigma reduccionista, muy útil desde el punto de vista epistemológico y muy minimizador desde el punto de vista ontológico, lo han encarcelado bajo el concepto de esoterismo, ocultismo, imaginación... Esto es lo que filósofos y psicólogos han llamado alienación, el extrañamiento de nuestra esencia, el desarraigo del hombre en el mundo actual (La Nausea de Sartre, El Extranjero de Camus, ejemplos clásicos). Es lo que en otro nivel más general se ha llamado ¨Desencantamiento del mundo¨, ¨Nihilismo¨, ¨huida de los dioses¨, la transformación del sujeto humano en productor y consumidor, en cliente, en masa acrítica, en variable de mercado. La espiritualidad, lo que nos hacía humanos, se ha ido vaciando de nuestras vidas y eso nos está pasando la cuenta cotidianamente: en todo el mundo el ser humano (aquel ser hecho de humus y soplo divino) parece haberse vuelto demente, enajenado, psicopático o esquizofrénico: desde los cultivos transgénicos a las matanzas de animales, desde la economía basada en la depredación del planeta hasta la pedofilia en internet (y en las iglesias), desde la opulencia inescrupulosa del 1% del mundo hasta la miseria extrema del 90% del resto (la diferencia del 9% está adormecida por la televisión y el hedonismo [estoy hablando en números]), todo parece indicar que la inflación del ego y sus necesidades, la hipertrofia de los deseos y las vísceras, ha sido el arma fundamental de dominación de un sector del mundo sobre la inmensa humanidad. El pensamiento calculador, la razón instrumental, el discurso filosófico de la modernidad, no nos devolvió al paraíso, no nos condujo a una sociedad organizada racionalmente bajo las banderas democráticas de Libertad, Igualdad y Fraternidad, no nos hemos desalienado, no nos hemos liberado, no somos mejores seres humanos, no parecemos acercarnos más a esa gran síntesis de todas las contradicciones de la historia. Al contrario: el objetivo final parece ser la aniquilación del ser humano, su máxima alienación y automatización al servicio de la producción y reproducción de un modelo económico: el neoliberalismo. La economía desplazó a la ética. La economía neoliberal y sus supuestos filosóficos: el individualismo, la competencia y el afán de lucro como activadores de las relaciones de intercambio social, han colonizado todos los aspectos de la cultura: educación, trabajo, salud, información, etc. Todo aparece como recurso de dominación de los más poderosos sobre los más débiles, todo está contaminado por el solipsismo neoliberal donde sólo es válido mi ego como legitimador de valores y realidades. La sociedad es el recurso que se me dio para satisfacer mis necesidades y sólo lo puedo lograr perfeccionándome en las habilidades cognitivas y ejecutivas desarrolladas a través de la competencia con los otros. Estos principios, como una marea que revienta en los mass media y en las instituciones de reproducción cultural, colegios, liceos y universidades, son asimiladas acríticamente por masas de niños y jóvenes al amparo del miedo de sus padres y maestros por la cesantía o el descalabro social al haber asimilado como única posibilidad concreta de desarrollo el actual modelo. Ese es su gran triunfo: la economía neoliberal colonizó las conciencias como un pensamiento único y el retiro –el fracaso histórico- de las ideologías modernas transformó el escepticismo en estoicismo, la reflexión en desidia y la convivencia en aceptación de todo, inconformismo reprimido y afán de evasión.

Los nuevos mecanismos de control social son muy sutiles y aparecen disfrazados seductoramente bajo formas aparentemente democráticas de elección –o evasión-. La televisión inventa una realidad violenta, erotizada al extremo, donde no existe rebelión ni pensamiento paralelo, donde las alternativas de vida aparecen bajo las formas de anomalías patológicas o delincuenciales. La televisión se transformó en un arma que inmoviliza a los críticos y los confina a la soledad en el dormitorio y en las calles. El mundo gay, otrora visto como antinaturaleza (ahora que la naturaleza aparece como dadora de recursos, esa gigantesaca gasolinera de la que hablaba Heidegger), se legitima y se transforma en una variante fundamental del espectáculo virtual o televisivo dando la apariencia de tolerancia y aceptación de la alteridad, pero esa legitimación, si bien necesaria, se da de un modo que no daña en lo más mínimo las bases ideológicas ni materiales del sistema, al contrario, es sólo una actitud formal: los gay se han transformado en un nuevo sector de consumo altamente apetecido por el modelo. Se han transformado en parte sustantiva del espectáculo de la vida televisada y creadora de pseudonecesidades. La dispersión de las ideas y la proliferación de modas y estilos es la tarea cotidiana de publicistas y economistas, dominadores de la información en los medios de circulación masiva. La multiplicación ad infinitum de blogs y webs suplanta la circulación selectiva de ideas fuerza por la circulación extensa de deseos y frustraciones personales que hacen de lo privado público inflando aún más el narcisismo y la egomanía de niños y jóvenes, se habita en una nueva realidad virtual a pedido del consumidor, donde ¨todo lo sólido se desvanece en el aire¨(el espíritu de la época). Las nuevas políticas laborales transforman la inestabilidad económica de los trabajadores en un mecanismo de sometimiento, en nombre de la competitividad, que transforma a los trabajadores en esclavos asalariados de un nuevo cuño: ya los trabajadores no son una fuerza social relevante en lo político, pues una de las grandes conquistas sociales del siglo XX se ha hecho inoperante, el ¨sindicato¨, y el pobre Carlos Marx sigue teniendo la razón a pesar de la derrota aparentemente definitiva de su crítica al capitalismo. Aparece, también, una nueva mujer, la tercera mujer, en definición de Lipovetsky, que se transforma en actor político social subvirtiendo las relaciones entre los sexos y las relaciones laborales.

Muerto el espíritu humano producto del proceso moderno de ¨desencantamiento del mundo¨ (Weber) sólo nos resta transformarnos en productores de bienes de consumo y animales dispuestos al goce simple y puro. Trabajar con cierta indiferencia (o una resignación sin sentido de culpa) respecto del costo ecológico, psicológico y social de nuestro esquema de supervivencia y luego gozar del producto financiero de nuestra alienación laboral, es el modelo psicológico de un neurótico bien adaptado a las exigencias del medio económico, es lo que se quiso imponer y lo que se está logrando.

Esta nueva mujer, en su justo derecho, privilegia su desarrollo y proyecto personal por sobre la maternidad y la vida en pareja; el nuevo hombre entonces teme al compromiso, ya no siente la seguridad que antaño tuvo en la fidelidad y compromiso de la antigua mujer, esa que soportaba todo y se mantenía triste e insatisfecha al lado de la familia a pesar de engaños y humillaciones. PERO ESTA TRANSFORMACIÓN LA REALIZÓ EL MERCADO, POR SOBRE EL FEMINISMO, POR SOBRE EL PENSAMIENTO HUMANISTA, POR SOBRE EL MOVIMIENTO GAY, la inclusión de la mujer en el mundo laboral abrió un nuevo campo de competencia: mayor mano de obra a menor costo, mayor consumo de la población, mayor dispersión social... Se transmutaron todos los valores, pero en su reemplazo no aparecieron valoraciones o valores superiores, si es que existen afuera del mundo de Platón, sino que el mercado definió, en base a estrategias de merchandising, lo bueno, lo malo, lo feo, lo bello, lo deseable, etc, etc. El socialismo cayó en la trampa: se transformó en neoliberalismo reformista, algo absolutamente inoperante y engañador, la fase superior del imperialismo ideológico del mercado. Hay un pensamiento único que esencialmente es la negación del pensamiento. Las masas están adormecidas, hipnotizadas por la ebullición de imágenes y productos tecnológicos mágicos.

El nuevo opio ya no es la religión con su ética de la abstinencia de crítica y placer y su promesa de redención metafísica, sino el mercado con su exceso de satisfactores para las necesidades básicas y su máquina publicitaria productora de falsas necesidades que embaucan a las personas desde el nacimiento; la nueva droga no es metafísica ni ética, es todo lo contrario, la dominación se ejecuta a través de la domesticación del pensamiento y la seducción de los sentidos: goza todo lo que puedas, aprovecha de comprar y consumir, eres lo que consumes, eres lo que tienes, eres tu apariencia, los demás también son eso, todo entra por la vista, el corazón es fuente de graves errores y de dolor, y el dolor es malo y evitable, las psicoterapias en diversos modelos se ponen de moda, se hacen cool, además la juerga y la evasión se industrializan: el placer es siempre bueno, pero el sufrimiento se puede siempre evitar con fluoxetina, con sexo, con viajes, con alcohol, con fiestas, con intercambio de parejas... sin compromiso emocional, con dinero y libertad... se feliz, consume, adórate a ti mismo, no te preocupes del mundo, no te preocupes de nada que no sea práctico, no vale la pena, no hay nada que hacer, el mercado te provee de todo lo que quieras o necesites... Convéncete: ¡Dios ha muerto!

¿Qué es una crisis moral? Una crisis espiritual, una crisis de sentido, una crisis de percepción, una crisis espistemológica. Nuestro Chile de hoy se ha vaciado cultural y espiritualmente: una sociedad donde pareciera, hoy por hoy, que los principales candidatos a suceder a un gobierno que se desangra por los innumerables casos de corrupción son dos ex presidentes, uno que tiene un amplio prontuario como estafador, especulador financiero que ocupa la ilegalidad para ampliar su ya gran fortuna, alguien que en su gobierno se rodeó de corruptos que actualmente son juzgados por cohecho, por vender leyes que favorecen a las élites económicas, entre muchas otras faltas como su ignorancia, su arrogancia, su ser camaleónico y sin sentido del ridículo (grave para su investidura) ; otro que se hizo popular por ser izquierdista y rebelde, que luego en su gobierno hace de la Educación un gran negocio para la banca, que hace leyes para no castigar las estafas a la fe pública, que utiliza mañas ilegales para pagar más dinero a sus ayudantes, que no respetó ninguno de los principios que lo llevaron al poder…Una sociedad que los ve como los mejores candidatos es una sociedad donde están fallando todos los análisis éticos, donde se alienó el espíritu, donde existe una decadencia absoluta de los valores fundados en el aprecio a la humanidad y la naturaleza, donde la competitividad, el arribismo y la farandulización de la cultura han hecho estragos en la educación formal e informal. Esta es nuestra sociedad chilena hoy: apatía, desencanto, corrupción e hipocresía.

Los jóvenes nihilistas y frívolos que destruyeron una estatua de yeso de la encarnación de Dios no hicieron nada nuevo ni terrible. Para ellos esa figura y lo que representa son una mentira, un discurso que los que lo predican no lo respetan, una farsa para reprimir el pensamiento y los instintos. Ellos son la fotografía de nuestra crisis moral y espiritual. Ellos son los que han nacido en un mundo donde los poderosos y las religiones mesiánicas hace rato ya mataron a Dios. Nos quedamos sin el fundamento. Si estamos o no en una fase terminal del deterioro de nuestra sociedad es algo que aún no se puede saber…ni tampoco cómo saldremos de este destino, si tenemos la capacidad, hoy por hoy, de tomar consciencia y salir de este sucio panorama actual. Eso me supera. Trato de ver hacia adelante y entre la bruma no aparece el horizonte.

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