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Eyzaguirre: pastelero a tus pasteles

por 21 julio, 2016

Eyzaguirre: pastelero a tus pasteles
No podemos responsabilizar a la actual ministra de este gran desacierto del Gobierno, cuando es innegable que Eyzaguirre ejerce una gran influencia impidiendo que los cambios a la reforma propuestos por el equipo de la ministra Delpiano fueran considerados en el diseño final. Por eso, no es extraño que Eyzaguirre sea considerado el hombre más poderoso del gabinete.
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Ha quedado claro que no necesariamente quien tiene habilidades y conocimientos en economía las tiene en educación, este ha sido el caso de dos ministros que ha tenido nuestro país en los últimos años.

Lamentablemente, se inició el proceso de articulación de la reforma con el convencimiento de que una persona competente en materia económica podría ser el agente indicado para diseñar e implementar una reforma estructural a nuestro sistema de educación, el que por mucho tiempo ha sido cuestionado por la ciudadanía.

Me refiero al ministro Nicolás Eyzaguirre, quien a mi juicio tuvo un nefasto manejo del proyecto de ley, que le significó la salida del ministerio. Él fue quien lideró el proceso de diseño, elaborando el proyecto de manera secreta y a espaldas de la ciudadanía, a pesar de haber solicitado la contribución de actores claves.

La actual titular de la cartera –Adriana Delpiano– logró devolver la conducción y el carácter participativo a la discusión sobre la reforma, al recoger las opiniones de todos los actores con el objeto de mejorar el proyecto. Pese a ello, la única información oficial que tuvimos fueron minutas y presentaciones generales que no permitieron dar cuenta de los detalles más importantes del proyecto, ni menos constatar si algunas de nuestras propuestas se encontraban integradas.

Pero no podemos responsabilizar a la actual ministra de este gran desacierto del Gobierno, cuando es innegable que Eyzaguirre ejerce una gran influencia impidiendo que los cambios a la reforma propuestos por el equipo de la ministra Delpiano fueran considerados en el diseño final. Por eso, no es extraño que Eyzaguirre sea considerado el hombre más poderoso del gabinete.

La influencia ha sido tal, que ni siquiera se respetaron las propuestas planteadas en el mismo Programa de Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, en especial las relativas al fortalecimiento de la educación pública. Por ejemplo, el programa establece la existencia de un fondo permanente exclusivo para las instituciones de educación superior estatales, pero que no vemos expresado en el proyecto de ley.

A partir de los planteamientos del Programa de Gobierno, queda claro que el Estado debiese cumplir un rol fundamental con la educación pública, garantizando el acceso y la calidad de esta en todos sus niveles. Bajo esa misma línea, el Estado debe consolidarse como un actor central en la entrega directa de servicios educativos, además de resguardar una estricta fiscalización del sistema. De esta manera puede garantizar, a sus ciudadanos y ciudadanas, la educación como un derecho.

El ministro Nicolás Eyzaguirre, quien a mi juicio tuvo un nefasto manejo del proyecto de ley, que le significó la salida del ministerio, él fue quien lideró el proceso de diseño, elaborando el proyecto de manera secreta y a espaldas de la ciudadanía, a pesar de haber solicitado la contribución de actores claves.

Por otro lado y siguiendo esta lógica, resulta necesario que la educación pública establezca las bases y estándares de calidad, convirtiéndose en la herramienta más potente sobre la que se construya el sistema. Así, los proveedores de educación privados no podrán tener estándares de calidad más bajos que las instituciones públicas porque no serán competitivos. Es lógico que una persona que tiene la capacidad de elegir entre pagar un colegio con malos resultados y uno donde no debe pagar pero con buenos resultados, escoja el segundo.

Lo anterior responde a la necesidad de resolver las brechas de desigualdad que hoy se evidencian en nuestro país, lo que requiere cambios profundos y estructurales que nos permitan avanzar hacia una educación más equitativa y de calidad en todos sus niveles. Esto, no solo producirá una mayor inclusión social, sino que también permitirá que profesionales y técnicos con grados crecientes de calificación den el impulso necesario a nuestra economía. No podemos darnos el lujo de prescindir del talento, creatividad y empuje de todos nuestros ciudadanos y ciudadanas.

Pero más allá de los diagnósticos, se debe recalcar la importancia que tiene la participación de la sociedad, la misma que en los últimos años ha logrado incidir y manejar la agenda pública. Pero no basta con esto, también es necesario que las cúpulas de poder abran los espacios, evitando, así, que una reforma tan importante para nuestro país se desarrolle entre cuatro paredes.

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