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A un año del asesinato de Nelson Quichillao

por Cristián Cuevas, dirigente social y político 26 julio, 2016

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Señor Director:

Hace un año los trabajadores y trabajadoras de Chile nos estremecimos con la caída del Compañero Nelson Quichillao en El Salvador, en la región de Atacama. En lo que parecía una batalla campal - en combate desigual -, se enfrentaron la dignidad de los trabajadores contratistas agrupados en CTC contra la mano oculta del Consejo Minero, Codelco y el Gobierno, encargados de aplastar esta fuerza transformadora.

12 meses después, pocas cosas han cambiado para los trabajadores en nuestro país. Hoy duele ver un movimiento sindical huérfano de conducción, con una parte importante cooptada por los administradores del modelo y vaciado de contenido. Duele ver un movimiento sindical que no se pone a la altura de las urgencias que las mayorías de este país demandan, sino que, muy por el contrario, sigue reproduciendo procesos electorales truchos y fraudulentos, con organizaciones sindicales que nacen como cascarones vacíos para mantener sus cuotas de poder en una dirigencia burocrática. Voluntades que son capaces de pactar y negociar con los gobernantes y empresarios, asuntos que son de primer orden para los trabajadores. Más aún, esto lo hacen sin consultar a quienes recibirán finalmente esos derechos o beneficios y, como si no bastara, convocan a paros que no son paros, sino que no son más que un acto performático donde están coludidos con la autoridad de turno.

La memoria nos señala que ha sido la organización, la unidad, la disciplina consciente y una conducción sindical enraizada en los trabajadores, la que ha posibilitado avances frente a este sistema que genera una amplia precarización laboral, y que ha creado un submundo que llamamos "el ejército de los subcontratistas", que no es más que la columna vertebral que sostiene el modelo de relaciones laborales. Es por esto que quienes hemos osado a desafiar este sistema, hemos pagado duras consecuencias.

Hace una década, a través de la organización de los trabajadores subcontratados logramos levantar un poder sindical y político que llegó más allá de la industria minera y comprendimos la urgencia de vincularnos con otros que padecían el mismo abuso y precarización, como en la industria forestal, en las salmoneras, en los puertos, en los servicios y en el sector público, fortaleciendo nuestras luchas con los estudiantes y los movimientos sociales. Este fue el despertar de los trabajadores y trabajadoras en el Siglo XXI, siempre acompañados de la memoria de Luis Emilio Recabarren, Teresa Flores, Elías Lafferte, Clotario Blest y Luis Figueroa, entre tantos otros y otras.

Estos hechos nos conmovieron y golpearon, ¿¡cómo en Chile se sigue matando y reprimiendo para mantener las reglas del capital nacional y transnacional!? Mientras nos hacíamos esta pregunta nos ofrecían a cambio una Reforma Laboral que no responde a las demandas y necesidades de los trabajadores y trabajadoras de este siglo y que nos impide negociar de forma ramal, todo esto, entre otros derechos a los que jamás renunciaremos. Los conquistaremos cueste lo que cueste.

No podemos seguir en la reflexión y en la dispersión, sometidos y capturados por el empresariado, el gobierno y la derecha. Son tiempos en que con decisión y audacia nos debemos plantear nuevos desafíos: abrir sendas que permitan explorar nuevas articulaciones entre lo político y lo social y recuperar la democracia para Chile, conquistar esa alegría que aún no llega.

El desafío, hoy es la construcción de un instrumento y un proyecto que aporte a la transformación de Chile. Que proponga, entre otras cosas, una revisión de las prácticas y lógicas de la izquierda para aportar a que los pueblos sean protagonistas políticos, al fortalecimiento de sus espacios y de su organización. Al mismo tiempo debe fomentar e impulsar a los movimientos sociales, a la multiplicación y al ascenso de las acciones ciudadanas reivindicativas y al desarrollo de una ética y moral convocante para las grandes mayorías del país.

Debemos superar aquellos días grises y huérfanos que buscaron la descomposición social, aquella que hoy es el caldo de cultivo donde se alimenta y se nutre el capital que corrompió la política y lo más preciado y que tenemos los trabajadores y trabajadoras: nuestra organización. Hoy esa es nuestra tarea: organizar, reflexionar y luchar por una nueva fuerza… por una Nueva Democracia para Chile. Ese es el mejor homenaje que le podemos rendir al compañero Nelson Quichillao.

Cristián Cuevas, dirigente social y político

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