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Chile: sueños y liderazgos bananeros

por 23 diciembre, 2016

Chile: sueños y liderazgos bananeros
Bananas más o menos, lo cierto es que luego de estos 10 años el país salió del estado de ensoñación y despertó frustrado, desconfiando y enrabiado con la colusión, con el abuso de poder de las elites, con el financiamiento irregular de la política, con la mala gestión de unas reformas que nos habían devuelto en algo la capacidad de soñar, entre otras cosas.
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En el recuento del año me apareció el recuerdo de conversaciones que hace más de una década sosteníamos sobre política entre amigos. Cuando la conversa se acaloraba, siempre aparecía el banano como fruto inspirador de la discusión.

Me molestaba la insistencia de uno de mis contertulios en enjuiciar a Chile negativamente como país bananero. En su argumentación, la comparación con países caribeños le servía para apuntar a este como un país más corrupto que lo que suponíamos, donde campeaba la colusión entre las grandes empresas frente a la indolencia o condescendencia de las instituciones del Estado.

La metáfora bananera también apoyaba su opinión sobre la pérdida de sentido ético de políticos que habían sido referentes durante los años de dictadura. Para mí, en ese entonces, estas opiniones resultaban delirantes, más aún cuando aludía al financiamiento irregular de la política y a los intereses cruzados entre los grupos económicos y los partidos políticos, instituciones que me resultaban moralmente bastante sólidas.

De alguna manera yo compartía la ensoñación colectiva del país del momento. Nos sabíamos geográficamente sudamericanos, pero nos imaginábamos culturalmente ingleses. Nos diferenciábamos de nuestros vecinos, pues éramos más serios, muchísimo más esforzados y metódicos, teníamos instituciones sólidas, transparentes, confiables y que funcionaban. Además, la meritocracia estaba instalada como valor social y confiábamos ciegamente en que íbamos directo al desarrollo, lo que calzaba con el sueño colectivo mayoritario (informe PNUD, 1999). En rigor, no éramos raros dentro del vecindario, éramos especiales…

En fin, bananas más o menos, lo cierto es que luego de estos 10 años el país salió del estado de ensoñación y despertó frustrado, desconfiando y enrabiado con la colusión, con el abuso de poder de las elites, con el financiamiento irregular de la política, con la mala gestión de unas reformas que nos habían devuelto en algo la capacidad de soñar, entre otras cosas.

Este año la ingenuidad se ha seguido extinguiendo, la desconfianza en las elites políticas y económicas ha llegado a niveles que no vale la pena ya ni medir y los amores por los líderes pasados y sus éxitos han sido reinterpretados a la luz de otros hechos.

Este año la ingenuidad se ha seguido extinguiendo, la desconfianza en las elites políticas y económicas ha llegado a niveles que no vale la pena ya ni medir y los amores por los líderes pasados y sus éxitos han sido reinterpretados a la luz de otros hechos.

En este contexto, la conversa política que me motiva hoy es sobre si queremos líderes que nos devuelvan la capacidad de soñar o más bien aquellos que nos prevengan ante el temor de quedarnos dormirnos.

En simple, liderazgos que nos prevengan de los eventuales peligros de los inmigrantes o los mapuches, que nos ofrezcan controles preventivos de identidad y una vuelta a lo conocido en temáticas como la educación o los derechos sexuales o, más bien, liderazgos confiables e inspiradores, que nos propongan un proyecto estimulante y ambicioso de sociedad, con acento en los temas y contenidos que nos harán ambicionar y confiar en un mejor país. Más fácil aún, ¿Clinton o Trump?, apelando al “cliché” del momento.

Probablemente mi antiguo amigo y contertulio me seguirá considerando ingenuo, pero mi observación e intuición para el Chile de hoy me dicen que, ante la frustración, la rabia y el malestar, no hay mejor antídoto que recuperar la capacidad de soñar.

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