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Codesarrollo: ¿la respuesta a la migración?

por 23 enero, 2017

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En la Cooperación Internacional al Desarrollo (el esfuerzo mancomunado entre actores estatales, multilaterales, de la sociedad civil, etc., con objeto de mejorar los procesos de desarrollo de comunidades y sociedades nacionales), se denomina “codesarrollo” al ámbito de investigación/intervención relacionada con el impacto de los flujos migratorios sobre los procesos de desarrollo, tanto del país de acogida como de la sociedad de origen. De ahí el concepto, al entenderse el desarrollo en clave de proceso compartido entre ambas sociedades.

Aun cuando existen diversas definiciones de Codesarrollo, la más recurrida es la del politólogo y ex delegado Interministerial para el Codesarrollo y las Migraciones Internacionales del gobierno francés, Sami Naïr, quien en 1999 lo definió como “una propuesta para integrar inmigración y desarrollo de forma que ambos países, el de envío y el de acogida, puedan beneficiarse de los flujos migratorios. Es decir, es una forma de relación consensuada entre dos países de forma que el aporte de los inmigrantes al país de acogida no se traduzca en una pérdida para el país de envío”.

Efectivamente, y con respaldo en la “Teoría del Transnacionalismo”, que comprende las áreas de origen y destino de migración como conectadas por colectividades migrantes que construyen y mantienen relaciones simultáneas y ramificadas, superando fronteras geográficas, políticas y culturales (Schiller), el Codesarrollo asimismo se posiciona frente a enfoques tradicionales que tratan separadamente al país receptor y al emisor, superando la perspectiva dicotómica que estudia las sociedades de origen y destino de manera separada (y que visualiza los lugares y espacios como entidades fijas y estáticas), introduciendo elementos novedosos como el de la “simultaneidad”, es decir, el proceso mediante el cual dichas colectividades no nacionales viven simultáneamente aspectos de sus vidas ligados a sus comunidades de origen, al mismo tiempo que se incorporan a las sociedades de acogida.

El Codesarrollo, en ese sentido, significa concretamente el desarrollo de políticas públicas que fortalezcan los procesos naturales y espontáneos de interacción e inclusión entre las colectividades extranjeras y la sociedad de destino, así como su aporte a su sociedad de origen, a través de toda una serie de líneas de trabajo, ya sea con dichos colectivos en suelo nacional o con las propias sociedades y comunidades de origen de estos. Respecto al trabajo con dichas colectividades en Chile, ejemplos de ello pueden ser talleres de formación que impartan elementos socioculturales mínimos que faciliten la inclusión; microcréditos, que mejoren las probadas capacidades de emprendimiento de dichos colectivos; y, con particular relevancia para nuestra sociedad, acciones de sensibilización y “educación para el desarrollo”, que combatan representaciones negativas de las colectividades extranjeras, generando conciencia respecto a los problemas globales detrás de los fenómenos migratorios (problemas económicos, políticos, medioambientales, etc.), pudiendo así valorarse correctamente el aporte de los nuevos colectivos en la sociedad chilena.

De todas maneras, el desarrollo de políticas públicas de codesarrollo implica una serie de desafíos a todo nivel, para todos los actores involucrados: colectividades extranjeras y ONGs, municipios, ministerios y el Estado en su generalidad. Solo por nombrar algunos, pues las propias colectividades extranjeras deben hacer carne lo señalado por Hannah Arendt: “El poder surge cuando los hombres se reúnen para actuar y dialogar en concierto”. Y perfeccionar sus mecanismos de organización. Ello será el requisito indispensable para que dichos colectivos puedan influir en la generación de políticas públicas que les consideren como actores protagónicos en la materia.

Asimismo, a nivel meso, las nuevas autoridades municipales recién electas, debieran analizar sus respectivas demografías locales y gestionar acciones de cooperación internacional descentralizada con los municipios de los cuales provienen sus colectividades extranjeras más numerosas y organizadas. Por ejemplo, algunos municipios, fundamentados en estrategias de desarrollo e impulso del turismo, han desarrollado acciones de hermanamiento, (town-twinning), con ayuntamientos de otros países. Ahora es momento de retomar ese tipo de herramientas pero con un objeto distinto: conocer la realidad de origen de las(os) nuevas(os) vecinas(os) de sus respectivas comunas, de tal manera de poder comprender el verdadero potencial de ellas(os).

Los fenómenos relacionados con los flujos migratorios efectivamente necesitan respuesta, pero no en el entendido de que la migración sea un problema que requiere una “solución” (la historia universal tiene un triste anecdotario de “soluciones”), sino en la medida en que involucra a seres humanos, con presencia femenina e infantil creciente globalmente, seres concretos con necesidades y potencialidades concretas, que requieren respuestas a sus necesidades y oportunidades a sus respectivas potencialidades.

A nivel estatal, nuestra Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AGCID) y el Ministerio de Relaciones Exteriores, debieran sensibilizar a la Presidencia de la República (que define nuestra política exterior), para establecer prioridades cooperativas con las sociedades de origen de las colectividades extranjeras presentes en Chile. Desafortunadamente, en la Estrategia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo 2015-2018, el concepto de codesarrollo no aparece, mientras que el de migrantes aparece solo 1 vez. Es de esperar que a través de un Plan Anual 2017 ello se rectifique y se retomen algunas de las antiguas lógicas de trabajo con su antigua dependencia (hasta 2004 AGCID dependió del Ministerio de Planificación), y pueda orientar al Ministerio de Desarrollo Social, para que afronte su tarea con los colectivos extranjeros con una perspectiva global del fenómeno.

Volviendo al tema del codesarrollo propiamente tal, y para ser justos, también existen visiones críticas del codesarrollo, pues consideran que posee una visión reductivamente desarrollista del fenómeno migratorio, ocultando, asimismo, un interés último respecto a que el desarrollo de las sociedades de origen, sea una “acción disuasoria” de la migración, (es decir, + desarrollo = - migración), cuando aquello es tanto un derecho humano (el derecho al desarrollo), como un fenómeno multidimensional y complejo. Sin perjuicio de lo recién señalado, y más allá de si se concuerda con el esfuerzo de Nair, hay que reconocer una cualidad no muy frecuente en nuestros días, nos referimos al “coraje político”, de expresar definiciones en un terreno controvertido, y de trabajar por regular una materia que, aun cuando podamos no concordar en el contenido total de dicha regulación, indudablemente concordamos que significa un avance, pues compromete un pronunciamiento mínimo del Estado, en tanto comunidad nacional jurídicamente organizada.

Lo anterior es primordial en realidades como la nuestra, pues en esta materia (políticas de codesarrollo), es donde se trabajan también las dimensiones político-económicas de las remesas (envíos de dinero y otros bienes de las colectividades extranjeras hacia sus sociedades de origen), y cuyo volumen mundial es incluso mayor que el volumen global de AOD (“Ayuda Oficial al Desarrollo”: el aporte de Estados a los procesos de desarrollo, orientado según criterios OCDE). Por ejemplo, para el año 2016, España destinó 2.396 millones de euros de su presupuesto a AOD., durante el mismo periodo las remesas de las colectividades extranjeras en España duplicaron dicho monto, y aun cuando en nuestro país las cantidades por dicho concepto sean significativamente menores, es previsible que nuestras(os) “emprendedoras(es)” (que han convertido el agua e incluso la política en “oportunidades de negocios”), sientan interés en ello, y ejerzan un poderoso lobby, con objeto de que dicha área sea otra más en la que reine la “autorregulación”, con efectos a futuro de los cuales los recientes casos de colusión nos sirven de ilustración al respecto.

Finalmente, solo señalar que los fenómenos relacionados a los flujos migratorios efectivamente necesitan respuesta, pero no en el entendido de que la migración sea un problema que requiere una “solución” (la historia universal tiene un triste anecdotario de “soluciones”), sino en la medida en que involucra a seres humanos, con presencia femenina e infantil creciente globalmente, seres concretos con necesidades y potencialidades concretas, que requieren respuestas a sus necesidades y oportunidades a sus respectivas potencialidades. Algo en lo que, en perspectiva de codesarrollo, todas(os) podemos aportar, pero en lo cual, al menos en sus orígenes, los Estados de acogida y las colectividades extranjeras tienen un rol preponderante, y para lo cual el Codesarrollo puede ser sumamente relevante en cuanto a herramienta de orientación y fortalecimiento.

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