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Pensar los Derechos Humanos y el Sename

por 18 marzo, 2017

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Según los últimos avances sobre el caso Sename, las contenciones realizadas a los tres menores, dentro de los cuales se encontraba Lisette, no corresponderían al delito de tortura, o al menos, no cumplen los requisitos para ser tipificadas de acuerdo al protocolo de Estambul de Naciones Unidas. Lo anterior, si bien plantea la importancia de dilucidar los actos de los funcionarios a partir de los peritajes correspondientes al proceso judicial, instala a su vez, la problemática sobre los lineamientos del Sename y la vulneración de los Derechos Humanos de los/las niños y niñas.

¿Cómo restituir los Derechos de los/as niño/as? Si éste mismo pudiera llegar a ser víctima de delitos bajo la tipificación de tortura por parte del Estado. ¿A quién se confían los niños y niñas ante un Estado que más allá que tortura o no, bordea dicha situación a raíz de los eventos ocurridos? Una situación crítica como ésta, muestra un síntoma Institucional que lamentablemente da cuenta del desfase en la incorporación de los Derechos Humanos en Chile. Cabe mencionar que la Subsecretaría de Derechos Humanos comenzó a ser efectiva a comienzos del 2016, luego de 26 años del término de la Dictadura Militar.

La repetición de situaciones que bordean la vulneración de los Derechos Humanos de parte del Estado, se aparta de su responsabilidad de ejercer la “restitución” que ofrece en torno a los/as niños/as que han sido vulnerados en su Derechos. Todo esto, da cuenta de cómo el Estado comprende su propia realidad, de cómo se piensa y visualiza sus propios conflictos internos con respecto al reconocimiento de temáticas de vulneración de Derechos. Pero el problema parece no radicar solo en el reconocimiento, sino más bien en la paralización o la inmovilidad de poder pensar bajo qué condiciones se debe “restituir”, llevando a una continua repetición de situaciones tan extremas como la muerte de niños, la deprivación (entendido como privados de afecto) y la violencia.

Se debe considerar, que es necesario tener presente una Salud Mental del trabajador, que debe ser cuidada, ya que existe una transmisión real de un malestar a los niños y niñas. Si se sigue pensando como un ente corpóreo aparte, es decir, que el Estado que se desliga y encomienda a los trabajadores el cuidado de niños y niñas.

Por otra parte, es importante problematizar en torno a la crítica situación de los funcionarios en torno a jornadas laborales y la reconocida violencia dentro de los centros. En este sentido, las condiciones de los trabajadores del mismo Estado cuestionan los Derechos de éstos, toda vez que existen jornadas laborales extensas que implican un desgaste emocional, bajas remuneraciones, como a su vez, otras condiciones en torno al contrato. Además, existe un entorno laboral (muchas veces precario), que se suma a la realidad de cada trabajador (ya sea económica, como emocional y familiar), configurándose en una manifestación de un malestar que se expresa en licencias médicas que indican que algo ocurre. Por ende, el pretender que un trabajador expuesto a estas condiciones vele por el cuidado y la reinserción social de niños y niñas que son han sido vulnerados, es sin duda, un acto que da cuenta de la negación de la violencia que el Estado ejerce al dejar de visualizar que son necesarias otras condiciones de trabajo en la Institución.

Por otro lado, no debemos dejar de pensar que el Estado le confía a cada trabajador un don omnipotente que los trabajadores no pueden cumplir, porque resulta imposible suplir tantas falencias a nivel social, psíquico y de situaciones de la realidad laboral, en el encuentro con la violencia y la deprivación. En suma, se presenta un malestar innegable que es transmitido a los niños y niñas; impactando en su desarrollo psíquico que ya (si queremos pensarlo así) se encuentra bajo una subjetividad amenazada por su historia. De este modo, cada situación extrema ocurrida dentro de la Institución es vivida por los niños y niñas de manera diferente, no sólo porque existen distintas subjetividades, sino que también por encontrarse ante una situación ligada a la sobrevivencia y la interrogante sobre el futuro ¿qué va a ser de mí? Nada más angustiante que esto, suponiendo que la posibilidad de pensar en contextos extremos es reducida.

Sería entonces importante considerar a los trabajadores dentro de un contexto de reformulación del Sename, repensar las instalaciones, los salarios, el grupo de cada centro que sin duda tiene sus particularidades. Se debe considerar, que es necesario tener presente una Salud Mental del trabajador, que debe ser cuidada, ya que existe una transmisión real de un malestar a los niños y niñas. Si se sigue pensando como un ente corpóreo aparte, es decir, que el Estado que se desliga y encomienda a los trabajadores el cuidado de niños y niñas. Es decir, se les deja solos precarizando cada vez más el ejercicio del cuidado, podrían existir más situaciones, tan dolorosas como éstas. Por ende, se debiesen generar instancias de cuidado de la Salud Mental sobre todo a aquellos trabajadores que se relacionan directamente con niños y niñas, ya que se encuentran en continúo riesgo de actuar sus emociones (es decir, caer en la violencia corporal o en el descontrol ante situaciones extremas). De esta manera, es necesario pensar una forma de cuidado de los niños y niñas y de los trabajadores vinculados a ellos, que sostenga la compleja realidad de la vulneración de derechos.

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