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Elecciones en la Sofofa: Los micrófonos solo registran ruido

por 30 mayo, 2017

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El escándalo que explotó la pasada semana debido al hallazgo de un micofóno oculto en la oficina del presidente de la SOFOFA o Sociedad de Fomento Fabril, Hermann Von Mühlenbrock; no es más que el colofón de una larga novela en torno a las elecciones en el gremio más importante del empresariado en Chile a celebrarse el próximo miércoles 31 de Mayo.

Esto comenzó con la candidatura de Bernardo Larraín Matte, con una lista opositora de la actual conducción; luego de que una lista alternativa terminara bajándose - la de Rodrigo Álvarez - y otras posibles no hayan llegado ni a consumarse; acusaciones a Larraín Matte por estar salpicado (o algo más) en la colusión del papel confort o tissue, de la cual la CMPC fue la principal responsable. Todo estalló con este hallazgo que hace peligrar las elecciones, que concita la sorpresa y la condena de la dirigencia política y de los grandes nombres del empresariado.

La novela ya tenía ribetes inéditos y atractivos suficientes que superaban con creces a otras elecciones en el gremio y que atraían la atención del público y de la prensa no especializada. Buena parte de su atractivo tenía que ver con la dificultad para distinguir entre fracciones con idearios y valores contrapuestos: los supuestamente renovadores eran los más cuestionados moralmente - hasta Alberto Mayol salió a denunciar que el empresariado organizado no había aprendido nada de sus últimos escándalos y denuncias - mientras que los conservadores que siempre controlaron al gremio se veían como los más preocupados por la reputación del empresariado en la ciudadanía y la opinión pública.

El ruido que transmiten los micrófonos ocultos, las listas electivas de consejeros que suben y bajan, las elecciones que pueden posponerse o al menos ya quedarán manchadas no son más que el producto de ese desconcierto e incertidumbre.

De este modo, se desdibujaban los contornos usuales entre tradicionalistas y renovadores. No sólo eso, también se hacían más borrosas las líneas entre los grupos distinguibles en el empresariado chileno entre el 2011 y la actualidad en torno a las demandas ciudadanas y los proyectos de reforma bajo el gobierno de Michelle Bachelet.

Uno de los resultados de nuestro proyecto FONDECYT “La transformación de las élites en una sociedad emergente. Distinción, Tolerancia y Transnacionalización en las élites empresariales chilenas” concluido en Marzo de este año, destacaba la existencia de una mayoría que se centraba en el contrataque frente a las demandas ciudadanas y reformas gubernamentales, con dos minorías en los extremos: una que apostaba por la victimización y la generación de miedo, y otra más cercana a la autocrítica y dispuesta a la transformación y a tomar las demandas y las reformas con seriedad, que apostaba por cierto grado de adaptación.

Al iniciarse la puja electoral en el gremio, ¿quién dudaba de que la candidatura emergente de Larraín Matte representaba a estos últimos oponiéndose al establishment de la SOFOFA, las fuerzas siempre dispuestas al contrataque y a no tomar con la seriedad suficiente al entorno? Parecía darse una coyuntura similar, pero esta vez con más bríos, a la anterior candidatura de Andrés Navarro en 2015.

No obstante, no son tan simples las coordenadas actuales. Los microfónos ocultos están lejos de transmitir estos clivajes tan claros. Aquí hay algo más que se debe explicar y que nos acerca a una conclusión más de fondo del mismo proyecto: tanto por los escándalos recientes como por considerarse guardianes de un modelo económico que muestra sus fisuras, las élites empresariales han perdido buen parte de su supuesta superioridad moral y cognitiva.

No necesariamente están en crisis o en retirada, pero sí, al menos ven perdida buena parte de su legitimidad y liderazgo, pero no por ello su poder real o fáctico. Es decir, pierden algo de su carácter de élite, pero no su posición de clase dominante. El ruido que transmiten los micrófonos ocultos, las listas electivas de consejeros que suben y bajan, las elecciones que pueden posponerse o al menos ya quedarán manchadas no son más que el producto de ese desconcierto e incertidumbre. Elites que no seducen y no pueden mostrar un liderazgo superador caen en las bajezas de cualquiera o de aquellos que éstas creen superar y conducir.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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