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Transparencia en las encuestas presidenciales

por 5 junio, 2017

Transparencia en las encuestas presidenciales
La política se merece tener mejores niveles de información sobre sus electores, los electores se merecen que no se les trate como a rebaños. Las encuestas pueden entregar mejor información, y acercarse más a la realidad, para que el sistema político pueda tomar decisiones informadas. Hay metodología, hay técnicas, hay capital humano en Chile para hacerlo. Es inexplicable entonces que no exista. Es inexplicable que la llamada “madre de todas las encuestas” (CEP) realice algo tan incompleto y se haga pasar por algo que no es.
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Las encuestas presidenciales tienen preguntas de intención de voto. ¿Si las elecciones presidenciales fueran este domingo, por cuál de los siguientes candidatos votaría Ud.?

Ahí se presenta una lista de todos los candidatos a primera vuelta. Algunas encuestas presentan un símil de un voto.

Luego en un sistema de voto voluntario se somete esa respuesta a un cálculo de cuántos votan y cuántos no votan, es lo que se llama el cálculo del “votante probable”. Esto se puede hacer con distintas baterías de preguntas, el que busque en internet se encontrará con la publicada por AAPOR, la asociación de encuestadores de EE.UU., u otras publicadas en la literatura, así como las no publicadas, propias de cada encuestador.

Cruzando la pregunta de intención de voto con aquel indicador que calcula al votante probable, se obtiene una aproximación de cuántos votos tiene cada candidato. La suma de todos los votos de todos los candidatos debería entregar el porcentaje de participación electoral de la primera vuelta.

En las municipales 2016 votó el 35% de los chilenos, cerca de 5 millones de chilenos de un total de 14 millones. En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2013 votó el 42%, cerca de 6 millones, y 49% en la primera vuelta, cerca de 6.8 millones. Entre 1989 y 2013, en ningún momento se ha producido un aumento de participación electoral entre elección y elección. La probabilidad de que suceda en esta elección es prácticamente nula, a menos que se produzca un fenómeno visible a simple vista.

En estas elecciones presidenciales, entonces, la probabilidad es que voten alrededor de 6 millones y un poco más, muy difícil que llegue a los 7 millones.

Las encuestas, cuando publican un número, por ejemplo 30%, están hablando, en el caso de la encuesta CEP, del 30% del total de los mayores de 18 años, que equivale a 4.2 millones de votos. Queda claro para cualquier encuestador electoral que es una locura que se reporte que algún candidato pueda tener ese porcentaje de votantes, cuando el total esperado de votantes es entre 6 y 7 millones en total.

La encuesta CEP entregó dos preguntas abiertas “Quién cree” y “Quién le gustaría” que fuera Presidente, desplegadas como si fueran equivalentes a un cálculo de “intención de voto”, sobre las que se saca todo tipo de conclusiones sobre lo que sucederá en la elección presidencial. Estas preguntas abiertas muestran que el recuerdo de nombre es alto para dos candidatos y no para el resto, sobre todo muestran un “efecto locomotora”(bandwagon) para Sebastián Piñera muy fuerte, con casi uno de cada dos chilenos que cree que él será el próximo Presidente.

Es, por tanto, muy preocupante que incluso personas que son singularizadas como expertos electorales hablen de porcentaje de votos, sin tener preguntas de intención de voto, sin tener un cálculo del votante probable y sin tener una relación con el número de votantes que irá a votar en las elecciones presidenciales de noviembre 2017.

La encuesta CEP entregó dos preguntas abiertas “Quién cree” y “Quién le gustaría” que fuera Presidente, desplegadas como si fueran equivalentes a un cálculo de “intención de voto”, sobre las que se saca todo tipo de conclusiones sobre lo que sucederá en la elección presidencial.

Estas preguntas abiertas muestran que el recuerdo de nombre es alto para dos candidatos y no para el resto, sobre todo muestran un “efecto locomotora”(bandwagon) para Sebastián Piñera muy fuerte, con casi uno de cada dos chilenos que cree que él será el próximo Presidente.

¿Pero voto? No dicen nada sobre el voto.

Chile pasa por un momento crítico de su política, con un nivel de descrédito nunca visto en la historia del país, a lo que se le añade un cambio de la ley electoral, un cambio en la forma de competir en las campañas electorales y un cambio fuerte de comportamiento de parte de los electores.

Como encuestadora estudiosa desde 1988 de los procesos electorales en Chile, no puedo dejar de señalar la preocupación de que se pueda creer que dos preguntas abiertas que no son intención de voto, que no calculan el votante probable, sin estimación de los que pueden votar, puedan ser un sustituto de lo que harán los electores.

La política se merece tener mejores niveles de información sobre sus electores, los electores se merecen que no se les trate como a rebaños. Las encuestas pueden entregar mejor información, y acercarse más a la realidad, para que el sistema político pueda tomar decisiones informadas. Hay metodología, hay técnicas, hay capital humano en Chile para hacerlo. Es inexplicable que no exista. Es inexplicable que la llamada “madre de todas las encuestas” (CEP) realice algo tan incompleto y se haga pasar por algo que no es.

Que no vaya a ser el caso que en noviembre los electores hagan lo que siempre iban hacer pero nadie sabía, y digan que son las “encuestas” las que se equivocaron. La encuesta CEP no es una encuesta electoral que haga un predicción del voto y, el que la entiende como tal, lo hace tomando sus propios riesgos.

Desde luego, para sacar del error sobre la portada del diario La Tercera (3 junio de 2017) que ha tenido a bien publicar el gráfico con la pregunta de segunda vuelta, entre Piñera y Guillier, es posible decir, con TODA certeza, que no votará el 61.6% de los chilenos como dice ese gráfico (suma de los porcentajes de Piñera y Guillier), por lo que cualquier conclusión que se saque de ese dato está equivocado en el punto de partida. Eso serían cerca de 8.5 millones de votantes (lo que fue la participación electoral del inicio de la transición hace mas de 20 años). En esa pregunta solamente sobran cerca de dos millones de votantes, que habría que calcular en qué medida castigan a cada candidato.

Al menos podemos desear transparencia en no hacer pasar un dato por algo que no es, transparencia en no hacer creer que hay intención de voto donde no la hay. Transparencia en el reporte, transparencia en la lectura, transparencia y honestidad intelectual de lo que se tiene al frente.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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