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Mi programa de gobierno

por 14 junio, 2017

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Ante la carencia de oferta programática que me resulte atractiva hasta la fecha, estoy estudiando presentarme como candidato de orientación centrista, social democrática y gradualista-leninista. Esto significa avanzar sin prisa pero sin pausa, de manera prolija y sin retroexcavadoras, hacia mega cambios en la sociedad chilena.

Los contenidos programáticos (resumidos) estarán basados en ocho pilares estratégicos desafiantes. Hay muchos temas adicionales pero los anunciaré cuando esta columna haya sido reproducida por sus lectores 10 mil veces en las redes sociales. Y si no, no nomás.

1.- Recuperar el crecimiento económico y la confianza entre empresarios, trabajadores y gobierno. Sin volver a llegar al 4% al año no tendremos los recursos para solucionar la desigualdad ni la capacidad de generación de empleo estable que requeriremos. Uno de sus pilares, mas no el único, será una política de concesiones de infraestructura, por medio de contratos licitados, transparentes para la ciudadanía y bien fiscalizados, que podrán movilizar más de US$ 20 mil millones en 4 años. Las políticas pro crecimiento deberán asegurar respeto por el ambiente y la promoción proactiva de sectores innovadores. Se requiere además una corrección urgente a las reformas tributaria y laboral, no para volver atrás en la recaudación ni los derechos sindicales, sino porque quedaron pésimamente diseñadas en sus detalles, y dejaron una hecatombe de enredos para delicia de contadores, abogados tributarios y litigantes laborales.

2.- Tres reformas constitucionales clave.

Régimen semipresidencial,. de modo que a partir del 2022 terminen para siempre estos períodos letales de 4 años sin reelección y con municipales al medio, con Parlamento unicameral, presidente del Estado y primer ministro del gobierno. Asimismo, b) derechos de rango constitucional para los pueblos indígenas, y c) descentralización efectiva, pero siempre en una República unitaria. Por ahora, me contento con esas tres macro reformas.

Por cierto, cuando sea presidente daré personalmente una conferencia de prensa semanal, en que recibiré todo tipo de preguntas y las contestaré con transparencia y franqueza, para toda la ciudadanía. Cuando no haya respuestas fáciles, ni alcancen los recursos, también lo diré. Además, les aviso que pondré una estatua de Nicanor Parra en la Plaza de la Constitución, y al que no le guste que se joda.

3.- Continuar hasta terminar todas las reformas propuestas por la comisión Engel.

Éstas han avanzado solo en 50%. Son imprescindibles para recuperar la transparencia, la confianza, y controlar los desmanes políticos y empresariales. Aunque no se lo he preguntado, si salgo elegido pondré sin duda (y si me acepta) a Eduardo Engel como ministro de Hacienda y además encargado de llevar todas estas reformas a feliz término. La defensa de los equilibrios macroeconómicos será intransable. Se gasta lo que se tiene, y si no, no se gasta.

4.- Estado fuerte y eficiente.

Son numerosas reformas. Sin un Estado prolijo y eficiente, no será posible asignarle mayores recursos a las reformas sociales imprescindibles. En particular, acabaremos de manera despiadada con la pitutocracia desde el primer día de mi mandato. Al primer miembro del gabinete o jefe de servicio que sorprenda en este tipo de prácticas, se va cortado de una. Pero es una larga y detallada lista, que incluye reformas de avanzada a la Alta Dirección Pública (ADP) incorporando muchos cargos concursables adicionales; concursabilidad pública y transparente en todos, sí, todos los cargos de gobierno en cualquier nivel; fortalecimiento del centro de gobierno; un rol clave y mandatorio a las subsecretarias como verdaderos jefes de servicio que rindan cuenta por ello; pacto de largo plazo con la ANEF; una verdadera revolución en gobierno digital al servicio de los ciudadanos; la desburocratización y modernización de ese monstruo de siete cabezas llamado Dipres; y la creación de una largamente prometida pero nunca materializada Agencia de la Calidad de las Políticas Públicas.

5.- Reformas sociales.

En particular, es imprescindible resolver el drama de la salud pública, lo cual es en sí mismo un mega proyecto a 10 años, y mejorar las pensiones mínimas, para llevar ambas prestaciones a un nivel digno. Si queremos solidaridad inter e intrageneracional, ésta se logra con tributos, no con impuestos al trabajo. Con los aumentos de esperanza de vida, si seguimos como vamos esta será una República de viejos y viejas enfermas y más amargadas de lo que ya están. Es también necesario asegurar un aumento en los ingresos mínimos de los tres quintiles más pobres, no por medio de una jungla corrupta y confusa de cientos de bonos, sino de un sistema simplificado.

6.- Reforma educativa 2.0 centrada en la calidad

Compuesta de cuatro subprogramas: educación inicial, educación escolar, educación superior, y modernización del Mineduc. En julio, Educación 2020 divulgará los detalles con muchas propuestas concretas. Téngame paciencia.

7.- Protección a la infancia.

Mientras el 25% de los niños de Chile sean vulnerados en sus derechos y maltratados GRAVEMENTE en sus hogares, no tenemos futuro posible como nación. La lista de medidas es extensa, y el costo financiero muy elevado. Implica, en realidad, un cambio cultural de la ciudadanía, no sólo la protección a los niños ya vulnerados, en un Sename y sistema de protección a la infancia que ya no da para más, a pesar de los cantos de sirena de múltiples proyectos de ley sin recursos financieros ni verdadera capacidad de gestión.

8.- Reforma Tributaria gradual.

Como quiera que se hagan los cálculos, los puntos 5, 6 y 7 cuestan inevitablemente, más de 5% adicional del PIB, es decir US$ 12 mil millones anuales. Hoy, la carga tributaria total del país es 23% del PIB. Esto significaría llevarla gradualmente a 28% en 12 años, a partir de que recuperemos el crecimiento y la confianza de los inversionistas. Para mayor claridad, 28% sigue estando muy por debajo del promedio de la OCDE, y desafío a cualquier empresario a que me diga que esto no es así. Pero, son cambios que negociaremos en paz y armonía. Y si no lo hacemos, el país va a reventar tarde o temprano.

Dejo en claro que el programa es sistémico. Esto significa que ninguna de las reformas se puede ir quedando atrás, pues están todas encadenadas, y se cae todo. Por ejemplo, el Estado es hoy incapaz de administrar adecuadamente un gasto público como el propuesto, y ni siquiera el actual. Por su parte, la delincuencia y la droga no la solucionaremos si seguimos maltratando a la infancia. Si no cambiamos el régimen político, no habrá manera de tomar decisiones y legislar adecuadamente en todos los temas, y así sucesivamente.

Aclaro asimismo, como concepto general, que ya basta de dilemas espurios "Estado vs. mercado". Este será un modelo de concepción socialdemocrática, en que ambos deben coexistir y apoyarse armónicamente.

Por otro lado, mi mensaje social es que quiero darle más derechos a los ciudadanos, pero sin obligaciones... nada. Derechos y deberes van de la mano en un país serio.

Por cierto, cuando sea presidente daré personalmente una conferencia de prensa semanal, en que recibiré todo tipo de preguntas y las contestaré con transparencia y franqueza, para toda la ciudadanía. Cuando no haya respuestas fáciles, ni alcancen los recursos, también lo diré. Además, les aviso que pondré una estatua de Nicanor Parra en la Plaza de la Constitución, y al que no le guste que se joda.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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