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Territorio: infraestructura versus comunidades

por 5 julio, 2017

Territorio: infraestructura versus comunidades
La creación de un Ministerio del Territorio sería un gran paso para avanzar en la formación de un Estado capaz de enfrentar y solucionar los desafíos de equidad y sustentabilidad que el país tiene. La madre de todas las reformas, esa que consiste en hacer del Estado un órgano más eficiente y transparente, podría partir desde el principio: el territorio.
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Hace algunos días nos enteramos que el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano (CNDU) enviará a la Presidenta Bachelet un estudio para fusionar los ministerios de Vivienda, Obras Públicas, Transporte y Bienes Nacionales y transformarlos en el Ministerio de Territorios y Ciudades.

Crear una repartición así es una idea técnicamente sólida y representaría una potente señal para afrontar de manera real los desafíos de justifica social, superación de la pobreza y sustentabilidad que existen en Chile. Sin embargo, hay que tener cuidado en mirar solo una parte de las complejidades y pensar que este desafío solamente se trata de un mero problema de infraestructura.

Quienes reducen el tema a un asunto de mejorar la planificación para instalar un paradero de micro, con la construcción de barrios o el diseño de un puente, no entienden nada del real significado de lo “territorial” y de su potencial impacto.

Hablar de territorio significa dejar de pensar en el individuo y entendernos como una comunidad. Es, por sobre todo, romper con el paradigma individualista en que se sustentan nuestras políticas públicas, y mirar de forma interdependiente a los seres humanos con el entorno.

Desde hace unos años que en Chile los conflictos sociales y ambientales van de la mano. Si recorriéramos el país de norte a sur nos encontraríamos con desafíos territoriales de proporciones: lugares donde el agua potable viene con arsénico y hasta con plomo; una larga lista de pasivos ambientales; sobreexplotación de los recursos marinos; guetos urbanos; desastres naturales; Transantiago; sequía; mala calidad del aire; cuestionables proyectos de energía; y una larga lista de conflictos y pobrezas territoriales.

Con urgencia, el Estado de Chile debe saber afrontarlos desde una mirada distinta, porque la actual, basada en el individuo, ya está obsoleta.

Un verdadero enfoque territorial es aquel que alberga lo físico (la infraestructura) con lo económico, con lo social y con lo medioambiental. Es aquel que entiende que los problemas de vivienda también tienen que ver con los del trabajo; que las empresas son interdependientes con el medioambiente y que la pobreza solo se superará si se desarrolla el entorno, porque ¡pobre es el contexto donde las personas viven!

Un enfoque territorial del desarrollo implicaría, por ejemplo, que Fosis estuviera articulado completamente desde su programa “Más Territorio” y supeditara a este todos sus otros programas individuales, como el “Yo Emprendo”; o que el programa “Quiero mi Barrio”, del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, sea el articulador intersectorial de los proyectos que existen en Obras Públicas, Transportes y Vivienda.

Un Ministerio del Territorio debería nacer de la fusión de los ministerios de Vivienda y Urbanismo; Medioambiente; Obras Públicas; Economía; Transportes y Telecomunicaciones; y Desarrollo Social. Es decir, instalar una mirada integral al desarrollo del país desde las comunidades, que es el lugar donde cada ciudadano vive y se relaciona con los demás.

En una segunda línea, habría que generar estrategias integradas entre algunos servicios y programas.

Un enfoque territorial del desarrollo implicaría, por ejemplo, que Fosis estuviera articulado completamente desde su programa “Más Territorio” y supeditara a este todos sus otros programas individuales, como el “Yo Emprendo”; o que el programa “Quiero mi Barrio”, del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, sea el articulador intersectorial de los proyectos que existen en Obras Públicas, Transportes y Vivienda.

Si el Estado pudiera trabajar a partir de este enfoque, podríamos llegar a importantes niveles de gestión e impacto en temas estratégicos, tales como desastres naturales, regeneración ambiental, ciudades, conectividad e infraestructura, entre otros.

Una articulación como esta se transformaría en un motor dinamizador de la economía a través de la generación del empleo y del desarrollo de los circuitos económicos locales y los clusters territoriales productivos. Se trata, en definitiva, de fortalecer las capacidades productivas que existen en las zonas agrícolas, en los recursos marinos y en los recursos naturales. Con este enfoque, los niveles de desarrollo territorial empujarían el desarrollo económico, el crecimiento y el empleo.

La creación de un Ministerio del Territorio sería un gran paso para avanzar en la formación de un Estado capaz de enfrentar y solucionar los desafíos de equidad y sustentabilidad que el país tiene.

La madre de todas las reformas, esa que consiste en hacer del Estado un órgano más eficiente y transparente, podría partir desde el principio: el territorio.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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