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A tres meses de las elecciones: de coaliciones y desafíos… de antiguos y nuevos escenarios

por 22 agosto, 2017

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A tres meses de las elecciones presidenciales el escenario político chileno se ve enfrentado a algunos elementos que no habían estado en elecciones anteriores, al menos desde el retorno a la democracia. Por una parte, la doble candidatura presidencial de la coalición de gobierno junto a dos listas parlamentarias. Por otra, una derecha con un tercer partido que, aunque se ha sumado al apoyo al candidato único del bloque, ha venido a disputar espacios de poder a la UDI y a RN a través de los cupos parlamentarios. También está este nuevo actor llamado Frente Amplio, que a diferencia de las terceras fuerzas que en el pasado disputaron las elecciones presidenciales – desde Francisco Javier Errázuriz en 1989 pasando por los candidatos comunistas, ecologistas, humanistas hasta los díscolos Jorge Arrate y Marco Enriquez-Ominami  en 2009- se encuentra institucionalizado como un bloque que ha demostrado intenciones de institucionalización. Dado este nuevo contexto, las coaliciones tienen desafíos interesantes para su toma de decisiones en los siguientes meses.

El oficialismo hoy enfrenta un escenario que la oposición de derecha enfrentó en las elecciones de 2005, cuando Joaquín Lavín y Sebastián Piñera llegaron a la primera vuelta presidencial para enfrentar a Michelle Bachelet. En ese minuto, la mirada de los partidos no estaba sólo en quién se quedaría con la presidencia, sino más bien en qué partido sería el que tendría la hegemonía del bloque dado que su candidato pasaba a segunda vuelta.

Lo cierto es que, aunque Joaquín Lavín fue derrotado, la UDI continuó siendo el partido más importante debido a sus resultados parlamentarios. Por ello, hoy, más allá de las candidaturas presidenciales, la Nueva Mayoría tiene, al menos, dos frentes de preocupación: uno interno y otro externo. En el primero debe desarrollar estrategias que permitan maximizar los resultados, a fin de sumar como bloque sin olvidar que la Democracia Cristiana está buscando un espacio de posicionamiento que le permita recobrar la importancia que tuvo a inicios de los noventas. Este esfuerzo es tan significativo, que les llevó a mantener una candidatura propia que hasta ahora no ha demostrado ser eficaz electoralmente y a llevar una lista parlamentaria propia, a pesar de los desafíos que hoy impone la nueva normativa- que rediseñó distritos, que asignó, por ejemplo, cuotas de género. Todo en un contexto además de restricciones financieras en torno a las campañas y de baja confianza en las instituciones políticas que dificulta la movilización del electorado. Por otro lado, los demás partidos de la coalición, ajenos a las divisiones que ha vivido la DC, ven cómo su candidato no crece al ritmo esperado en las encuestas, y la definición de la lista parlamentaria está dejando damnificados en el camino como –hasta el momento- José Miguel Insulza.

Así, se vienen tres meses interesantes que por ahora nos esperan con más preguntas que respuestas. De la solidez de estas últimas dependerá no sólo el resultado de las elecciones, sino el lugar desde el que las coaliciones enfrentarán como oficialismo u oposición el nuevo gobierno.

Lo anterior se suma a desafíos complejos en el frente externo – hacia la ciudadanía/electorado-, entre ellos, ¿cómo sumar al Gobierno en las campañas?, ¿cómo construir programas de Gobierno de las dos candidaturas que representen ciertos mínimos comunes y recojan el legado de reformas de este gobierno? Con una aprobación que en la última encuesta del CEP llegó a 18% es bastante difícil contestar a las preguntas anteriores, y de esta forma la disyuntiva estaría entre, aunar fuerzas con el gobierno y desde ambos frentes mejorar la política comunicacional y resaltar los avances y logros, o desmarcarse parcialmente de este fijando un cierto camino propio que considere lo realizado como un piso desde el cual avanzar, más que un legado que continuar. La definición de los programas de gobierno dará claras luces del camino escogido, si es que se logra construir algo que se asemeje a uno en los meses que quedan.

Por su parte, Chile Vamos, que pareciera que hoy es el mejor actor para enfrentar las elecciones dados los buenos resultados de Sebastián Piñera en las encuestas, también tiene un escenario interesante de enfrentar. La presencia de Evópoli dentro de la coalición genera nuevas condiciones para la discusión. Inteligente fue la decisión de este partido de llevar un candidato presidencial a las primarias de la coalición, pues no sólo fue una muestra de institucionalización del partido sino también generó con ello un recurso de poder con el cual disputar los espacios parlamentarios, independientemente de la cantidad de votos obtenida. La entrada de este actor pudo haber significado una nueva forma de resolver los conflictos al interior de la coalición, pero lo que hemos visto en los últimos días es que las prácticas siguen siendo tan jerárquicas y herméticas como siempre, y además avaladas por este nuevo actor. De otra forma no se entiende que aunque el acuerdo era que en el único distrito pendiente, donde se había acordado realizar una encuesta para definir el candidato, Evópoli pida que dada la premura del tiempo sea Sebastián Piñera quien nuevamente defina.

Ahora bien, desde la óptica presidencial, cierto es que el ex Presidente hoy encabeza las encuestas y parece ser inmune ante cualquier cuestionamiento a su gobierno o a su actuar personal mientras detentaba el cargo, pero el dilema es si ganar las elecciones con el mínimo es suficiente. En términos ideales, la candidatura presidencial no solo debe asegurar una mayoría parlamentaria para un futuro gobierno, sino también tener una mayor representación de la ciudadanía demostrada en la propia votación presidencial. La pregunta que sigue es, si el resultado es la alternancia, ¿significa esto que debe haber un cambio de rumbo frente a lo avanzado?, y si es así, ¿qué tan profundo debiera ser? Y finalmente, ¿es esto en lo que está pensando Chile Vamos? Sólo lo sabremos, como electores, si conocemos su Programa de Gobierno.  Hasta ahora, esencialmente han planteado modificaciones sólo en ciertos ámbitos como  en educación y en materia previsional. El discurso, en ese sentido, es de una sospechosa continuidad, pese a los errores que declaran que el actual gobierno ha cometido esta gestión.

Finalmente, el Frente Amplio se ha visto enfrentado a inconvenientes propios de una coalición tan diversa como esta, con tan distintas posiciones representadas, con tan diferentes recursos de poder cada uno pero al parecer homologados estos en la práctica. Lo ocurrido con su ex candidato presidencial, Alberto Mayol en los últimos días no es algo inusual en la definición de las listas electorales. Si una noción básica de la política nos refiere al ejercicio del poder, las elecciones son justamente la disputa por el poder, antes y después del acto de votar. Lo que llama la atención entonces no es el manejo de la situación bajo la inexperiencia propia de un nuevo bloque, sino que justamente esta les llevó a utilizar una “forma” de resolución de conflicto que ellos mismos habían declarado como elemento a superar de la antigua política. Sabiendo que las posibilidades de su candidata presidencial son bajas, la apuesta de instalar en la ciudadanía la idea de que hay una nueva forma de hacer las cosas, y que era tan fácil de llevar adelante como reunir a gente que tuviera la misma convicción, y desde ahí construir fuerza parlamentaria y electoral para futuras elecciones se ve fuertemente afectada. Claramente este no es un golpe fatal al bloque y más allá de lo pedagógica que pudo ser esta experiencia es interesante los reordenamientos que a su interior se puedan generar, siendo esta una coalición embrionaria. De esta forma, este bloque enfrenta desafíos anteriores a los coyunturales de las otras dos, que tienen que ver con su institucionalización, más que con los resultados electorales, y en este sentido van un paso atrás.

Así, se vienen tres meses interesantes que por ahora nos esperan con más preguntas que respuestas. De la solidez de estas últimas dependerá no sólo el resultado de las elecciones, sino el lugar desde el que las coaliciones enfrentarán como oficialismo u oposición el nuevo gobierno.

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