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Llega el crecimiento, es hora de la música

por 12 septiembre, 2017

Llega el crecimiento, es hora de la música
Habrá que ver si el ansiado crecimiento se oirá como una sinfonía clásica, de la que gozan unos pocos, o si sonará al ritmo de un masivo concierto rock. Es decir, junto con aplaudir la llegada de mayores recursos, es indispensable preguntarse –desde ya– si estos recursos contribuirán a una mejor distribución del ingreso, si ayudarán a disminuir la tremenda brecha de desigualdad que irrita –con razón– a buena parte de los chilenos. Es decir, cómo se mantendrán y profundizarán las políticas sociales que benefician a la mayoría.
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"La tarea número uno es crecer, todo lo demás es música”. La afirmación del ex Presidente Ricardo Lagos sacó aplausos en algunos sectores, mientras otros arriscaban la nariz. Pero, ante tal declaración, fueron muchos los que se sintieron obligados a confirmar la importancia que le atribuyen al crecimiento. De derecha a izquierda, muchos se esmeraron en señalar que no se menosprecia el crecimiento, que nadie desconoce la realidad pura y dura: sin crecimiento el país no va a ninguna parte. Para que quedara definitivamente claro, al asumir nuevamente como ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre repitió la palabra como un mantra.

En los últimos días –mientras la política vuelve a enredarse con asesorías caras, malas y tramposas–, la economía trae buenas noticias. Todo indica que el crecimiento está de vuelta. El cobre comenzó a subir, superó los tres dólares la libra, y el país respiró aliviado. Porque, dada la importancia de la minería en nuestras finanzas, bastaba un poco de “buena pata” para que volviéramos a despegar.

Y allí está justamente la debilidad de la comentada frase del ex Presidente. Si bien la tarea número uno es crecer, lo demás no es música. Muy por el contrario, es el verdadero desafío.

Afortunadamente, las señales que anuncian un mayor crecimiento no vienen solo del precio del cobre. Los expertos coinciden en que está creciendo la inversión y el consumo interno. Y, por eso, ahora lo que realmente importa es precisamente la música.

Estamos en plena campaña electoral. Ya sabemos que ningún candidato despreciará el crecimiento. Sería bueno, entonces, averiguar con qué melodía avanzaremos en los próximos años. Cuán sustantiva será la apuesta en investigación y desarrollo, cuánto dedicaremos a la capacitación, cómo mejoraremos de manera sustantiva la calidad en la educación, cómo seguiremos avanzando en la producción de energías renovables, cómo garantizaremos los derechos de los consumidores, para que el mercado funcione sin tragarse al más débil, cuánto dedicaremos a la ciencia. Estos son algunos de los acordes esenciales que deben sonar para no desaprovechar el nuevo ciclo positivo, para construir en serio el desarrollo inclusivo que tanto anhelamos y del que tanto se habla.

Habrá que ver si el ansiado crecimiento se oirá como una sinfonía clásica, de la que gozan unos pocos, o si sonará al ritmo de un masivo concierto rock. Es decir, junto con aplaudir la llegada de mayores recursos, es indispensable preguntarse –desde ya– si estos recursos contribuirán a una mejor distribución del ingreso, si ayudarán a disminuir la tremenda brecha de desigualdad que irrita –con razón– a buena parte de los chilenos. Es decir, cómo se mantendrán y profundizarán las políticas sociales que benefician a la mayoría.

Pero eso no basta. Quizás lo más relevante es saber si, de una vez por todas, seremos capaces de aprovechar las vacas gordas para sacar mejor provecho de nuestra riqueza minera, para aumentar la productividad que se encuentra estancada, para establecer los incentivos correctos a las inversiones más beneficiosas para el país, aquellas que nos permitan crecer protegiendo a las personas y también al medio ambiente. Cómo lograremos motivar a nuestros empresarios-rentistas a ser más creativos e invertir productivamente. En la música está la clave.

Estamos en plena campaña electoral. Ya sabemos que ningún candidato despreciará el crecimiento. Sería bueno, entonces, averiguar con qué melodía avanzaremos en los próximos años. Cuán sustantiva será la apuesta en investigación y desarrollo, cuánto dedicaremos a la capacitación, cómo mejoraremos de manera sustantiva la calidad en la educación, cómo seguiremos avanzando en la producción de energías renovables, cómo garantizaremos los derechos de los consumidores, para que el mercado funcione sin tragarse al más débil, cuánto dedicaremos a la ciencia. Estos son algunos de los acordes esenciales que deben sonar para no desaprovechar el nuevo ciclo positivo, para construir en serio el desarrollo inclusivo que tanto anhelamos y del que tanto se habla.

A comienzos de los 90, cuando Bill Clinton logró derrotar a un George Bush que parecía imbatible, la frase que marcó su campaña electoral fue: “Es la economía, estúpido”. Parafraseando aquello, tal vez la frase que debiera marcar nuestra próxima elección sea: “Es la música, estúpido”.

Los analistas estiman que la carrera a La Moneda será estrecha, que el resultado puede variar con unos miles de votantes inesperados que se levanten esa mañana a votar. “Es la música, estúpido”, lo que puede despertar a los desencantados. Con un buen rock & roll, más de alguien puede volver a ilusionarse.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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