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Rodrigo Pérez, el candidato a Core de Piñera y las derechas chilenas

por 26 septiembre, 2017

Rodrigo Pérez, el candidato a Core de Piñera y las derechas chilenas
¿Es aceptable que en el Chile de hoy un partido político de la importancia de la UDI presente como candidato a un cargo de representación popular a una persona que en el pasado reciente se declaraba nazi y que en la actualidad persiste en relativizar los horrores del Holocausto en el espacio público? Me parece que esta es una pregunta clave, particularmente si tenemos en cuenta que los principales actores de la derecha chilena contemporánea se refieren permanentemente a su sector político como “la centroderecha”. Llevar como candidato a un personaje como Rodrigo Pérez Castillo es incompatible con esa imagen de moderación y modernidad. Absolutamente incompatible.
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Mientras celebraba Rosh HaShaná –el año nuevo judío– en Rehovot, Israel, recibí desde Chile un artículo de El Mostrador sobre la candidatura a consejero regional de un ex nazi llamado Rodrigo Pérez. Según la nota, Pérez fue vinculado en 2006 al grupo neonazi acusado de asesinar a un joven punk en el Persa Bío-Bío, siendo entrevistado en más de una ocasión por la prensa de la época como vocero de los nazis santiaguinos. En esos días, su casa fue allanada dos veces por la policía, en busca de evidencia que condujera a los asesinos de Tomás Vilches. Hoy, tras años de anonimato, Pérez vuelve a aparecer en los medios de comunicación al conocerse su candidatura a Core por Chile Vamos y su foto de campaña junto a Sebastián Piñera. “Me autodefino como un nacionalista que actualmente participa de la UDI”, declara al ser consultado por su militancia política. “No es tema para mí”, responde cuando le preguntan sobre el Holocausto.

De vuelta en Tel Aviv, me senté frente al computador para buscar información sobre este sujeto, que no figuraba en mis investigaciones sobre el nazismo chileno. Abrí Google y escribí “Rodrigo Pérez, Piñera”. Sorpresivamente, los resultados tomaron dos caminos muy distintos. El primero llevaba al ex intendente y ministro de Estado, Rodrigo Pérez Mackenna, a quien tuve la oportunidad de conocer en el Seder de Pesaj organizado por la B’nai B’rith en abril de 2012; el segundo, al candidato “nacionalista” Rodrigo Pérez Castillo.

Egresado del colegio Tabancura –vinculado al Opus Dei– e ingeniero civil industrial de la Universidad Católica, Pérez Mackenna es un destacado ejecutivo que desde los años ochenta se ha desempeñado con éxito en distintas empresas del sector privado. Tras hacer un MBA en la Universidad de Navarra –también vinculada al Opus Dei–, se convirtió en gerente general de la corredora de bolsa de Citicorp y luego en gerente de inversiones de AFP Provida.

En marzo de 2010 fue reclutado como intendente de la Región de O’Higgins por Sebastián Piñera, cargo que desempeñó hasta su nombramiento como ministro de Vivienda y Urbanismo, en 2011, cartera a la que luego sumó la de Bienes Nacionales. Con el retorno de Michelle Bachelet a la Presidencia de la República, en marzo de 2014, se convirtió en el principal dirigente gremial de las AFP, cargo que desempeñó hasta comienzos de este año. Rodrigo Pérez Mackenna, qué duda cabe, es un fiel representante de la derecha tradicional chilena, formada por hombres de negocios mayoritariamente católicos y conservadores.

Durante la Segunda Guerra Mundial, esa derecha se mostró particularmente indiferente a la situación de los refugiados europeos, entre los que se contaban miles de judíos. Tristemente célebre fue, por poner solo un ejemplo, la intervención del senador conservador Maximiano Errázuriz Valdés en el Congreso Nacional a propósito de la Conferencia de Evián, en julio de 1938.

En aquella ocasión, el senador Errázuriz se opuso tajantemente a la inmigración judía bajo argumentos como la competencia económica y las diferencias religiosas, y afirmó que “son los mismos judíos quienes se encargan de crear problemas ahí donde previamente no los hay”. No obstante, con el paso del tiempo, una parte significativa de esa derecha ha ido modificando su actitud frente a la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Así, de manera creciente, varios actores del sector han comprendido que lo ocurrido en Auschwitz no compete únicamente al pueblo judío sino al conjunto de la humanidad, y que no caben ambigüedades a la hora de evaluar el nazismo. Prueba de ello es la asistencia de numerosas personalidades de derecha a los actos conmemorativos de la Shoah organizados por la comunidad judía, como el Día de Conmemoraciónde las Víctimas del Holocausto.

Ciertamente, Rodrigo Pérez Castillo representa otra derecha, ubicada en los extramuros del establishment político. Como destaca Óscar Contardo en su crónica sobre el neonazismo chileno incluida en el libro Fuera de lugar, Pérez Castillo fue hasta hace algunos años un reconocido activista neonazi en el sector surponiente de Santiago. Entonces, mostraba con orgullo a la prensa fotos de las celebraciones que organizaba en su casa de La Granja –“asados con cruces gamadas y cabezas rapadas bailando cueca”– y la biblioteca que había formado con títulos antisemitas como Mein Kampf y El judío internacional. Es más, cuando se lo vinculó a “Tito Van Damme” y los asesinos de Tomás Vilches, Pérez Castillo apareció en Las Últimas Noticias declarando desafiante “soy nazi y qué”.

Hoy, que es candidato a un cargo de representación popular, prefiere ser visto como un “nacionalista”. Su lavado de imagen, sin embargo, ha sido imperfecto, pues al ser consultado por el Holocausto, ha puesto en duda el número de víctimas exterminadas por el Estado alemán y ha reivindicado “el ojo crítico del revisionismo histórico”, asemejándose mucho a lo que hacía un nazi como Miguel Serrano en sus apariciones públicas durante los años ochenta.

Tan significativas como las diferencias políticas que existen entre Rodrigo Pérez Mackenna y Rodrigo Pérez Castillo son sus similitudes. Más allá de sus distintos orígenes sociales, sus trayectorias personales o sus posiciones al interior del sector –mientras Pérez Mackenna encarna a una derecha respetable, “de caballeros”, Pérez Castillo se encuentra en los márgenes de ella–, ambos comparten el mismo candidato presidencial, Sebastián Piñera, y militan en el mismo partido político, la UDI. Esto último, sumado a la abundante evidencia histórica que he reunido para mi tesis doctoral, pone de manifiesto que los límites entre el establishment político conservador y la extrema derecha son más delgados de lo que creemos.

Tan significativas como las diferencias políticas que existen entre Rodrigo Pérez Mackenna y Rodrigo Pérez Castillo son sus similitudes. Más allá de sus distintos orígenes sociales, sus trayectorias personales o sus posiciones al interior del sector –mientras Pérez Mackenna encarna a una derecha respetable, “de caballeros”, Pérez Castillo se encuentra en los márgenes de ella–, ambos comparten el mismo candidato presidencial, Sebastián Piñera, y militan en el mismo partido político, la UDI. Esto último, sumado a la abundante evidencia histórica que he reunido para mi tesis doctoral, pone de manifiesto que los límites entre el establishment político conservador y la extrema derecha son más delgados de lo que creemos.

Así, por ejemplo, Jorge González von Marées, líder del Movimiento Nacional Socialista de los años treinta, tuvo pocos problemas para cruzar la vereda y militar en el Partido Liberal de los Alessandri una vez que su movimiento “nacista” se hundió; Jorge Prat Echaurren, que pocos años después de la Segunda Guerra Mundial publicaba una revista abiertamente antisemita como “Estanquero”, se convirtió en uno de los líderes indiscutidos del ibañismo durante los cincuenta, y del Partido Nacional durante la Unidad Popular; incluso Miguel Serrano, figura emblemática del nazismo chileno y cuyos libros “hitleristas” se publican en diversos puntos del planeta en la actualidad, fue por décadas un genuino representante político y social de la derecha local, y como tal desempeñó funciones diplomáticas e intelectuales que su posterior radicalización ideológica no logran borrar.

En este sentido, es importante destacar que, a pesar de que nazis y neonazis han esgrimido históricamente no formar parte ni de la izquierda ni de la derecha, la evidencia histórica demuestra de manera contundente que ellos constituyen otra derecha, la extrema derecha, y que en determinadas circunstancias muchos de sus miembros han cruzado el puente sin mayor dificultad. En el caso puntual de Pérez Castillo, eso ha significado desprenderse de las esvásticas para abrazar la lucha “por la vida, por la familia y por la patria”, como se lee en su cuenta de Facebook. El nazi de ayer hoy es “pro vida”.

Más allá de lo anecdótico, el alcance de nombre del ex ministro y el actual candidato a consejero regional asoma como una metáfora del proceso de configuración identitaria que viven las derechas chilenas modernas. En ese proceso, donde los distintos actores se disputan la hegemonía del sector y los marcos de su identidad política, surgen preguntas de gran relevancia histórica. Una de ellas es la siguiente: ¿es aceptable que en el Chile de hoy un partido político de la importancia de la UDI presente como candidato a un cargo de representación popular a una persona que en el pasado reciente se declaraba nazi y que en la actualidad persiste en relativizar los horrores del Holocausto en el espacio público?

Me parece que esta es una pregunta clave, particularmente si tenemos en cuenta que los principales actores de la derecha chilena contemporánea se refieren permanentemente a su sector político como “la centroderecha”. Llevar como candidato a un personaje como Rodrigo Pérez Castillo es incompatible con esa imagen de moderación y modernidad. Absolutamente incompatible.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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