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Meritocracia en la sala de clases

por 1 octubre, 2017

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Un discurso altamente enraizado en diferentes contextos, y entre ellos el chileno, es aquel que indica que el esfuerzo es lo que permite que las personas asciendan socialmente y mejoren su estándar de vida. En otras palabras, la meritocracia sostiene que las personas obtienen lo que merecen, de acuerdo a su esfuerzo.

Diferentes corrientes teóricas en psicología social y política han abordado a la meritocracia, entre ellas la teoría de justificación del sistema o la teoría de la dominancia social. Pese a sus amplias diferencias, la mayor parte de ellas coincide en describir a la meritocracia como una ideología que legitima el statu quo. En términos generales, aquellos individuos que creen en la meritocracia como un hecho, es decir, que objetivamente se observa en nuestra sociedad, también creen que nuestro sistema social es justo (lo cual parece obvio, dado que todos estaríamos en la posición que merecemos).

Esta relación entre meritocracia y legitimación del statu quo ha concitado gran interés en la literatura científica en psicología política (así como también en otras disciplinas), debido a que existe una extensa cantidad de ejemplos que, en su conjunto, nos muestran que el mundo no es tan justo como este discurso propone. La posición social que tenemos, en gran medida, es determinada por nuestro origen social, más que por el “esfuerzo”.

Sin embargo, un contexto donde la meritocracia ha recibido menor atención es el sistema educativo. El debate por la gratuidad en la educación superior, los liceos de excelencia, la ley de inclusión, etc., suelen acabar, en algún grado, por recurrir al discurso meritocrático.

Sin embargo, un contexto donde la meritocracia ha recibido menor atención es el sistema educativo. El debate por la gratuidad en la educación superior, los liceos de excelencia, la ley de inclusión, etc., suelen acabar, en algún grado, por recurrir al discurso meritocrático. Por ejemplo, cuando se discutía la ley de inclusión, se argumentaba que había estudiantes que se esforzaban más y, por tanto, merecían recibir una mejor educación.

¿Pero qué efectos tiene el discurso meritocrático en el estudiantado? Recientemente, el British Journal of Social Psychology (una de esas revistas que quienes nos dedicamos a la investigación en la disciplina debemos leer casi por obligación), publicó un artículo titulado “Where there is a will, there is a way”: Belief in school meritocracy and the social-class achievement gap. En el estudio, las autoras analizaron el efecto del discurso meritocrático en el desempeño en pruebas estandarizadas de lenguaje y matemática en estudiantes franceses de educación básica (10 años de edad, aproximadamente). Las autoras dividieron la muestra en dos partes. A una primera mitad le mostraron un texto donde se explicaba que el éxito de un estudiante en el colegio se debía, principalmente, a su esfuerzo y al trabajo duro. Mientras que a la restante mitad, se les mostró un texto sobre las ranas.

Los resultados mostraron que los estudiantes de nivel socioeconómico alto, en las dos condiciones, tuvieron un mejor desempeño en las pruebas, en comparación a aquellos de nivel socioeconómico bajo (algo que ya todos sabemos). Sin embargo, lo más interesante es que aquellos estudiantes de nivel socioeconómico bajo que leyeron el primer texto (es decir, aquellos expuestos al discurso meritocrático) tuvieron un desempeño más bajo en las pruebas estandarizadas, que aquellos que leyeron el texto de las ranas (la condición de control). En palabras mucho más sencillas, la meritocracia disminuyó el desempeño en pruebas de lenguaje y matemáticas en estudiantes de bajo estatus, principalmente porque se produce un fenómeno de interiorización de la posición social en la que se encuentran los estudiantes. En efecto, las autoras concluyeron “Aunque la meritocracia escolar a menudo es presentada como una forma de luchar contra las desigualdades sociales, los resultados sugieren que sostener esas creencias de hecho acentúa las desigualdades sociales” (traducción propia).

Este estudio permite profundizar una crítica que extensamente se ha hecho de la meritocracia, ampliándola al sistema educativo. Aun cuando requiere ser replicado en diferentes contextos (como el nuestro), analizar la influencia de otras variables, los resultados aportan evidencia sobre las consecuencias negativas de este discurso, sobre todo cuando estamos ad portas de una elección presidencial y parlamentaria, donde muchas de las propuestas de algunos sectores intentan incentivar y premiar el “esfuerzo” de los más desposeídos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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