martes, 19 de marzo de 2019 Actualizado a las 01:17

Opinión

Autor Imagen

El sinhogarismo como síntoma

por 3 noviembre, 2017

  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

A propósito de las declaraciones de Karen Rojo respecto de las acciones que el municipio de Antofagasta tomará para “resolver” el problema del sinhogarismo, me permito este espacio para aportar a la discusión una visión radicalmente distinta: el sinhogarismo es un problema de vivienda y requiere ser discutida en clave de derechos y dignidad.

Siguiendo las ideas del activista y profesor Albert Sales (Universitat Pompeu Fabra), detrás del sinhogarismo se esconde una obviedad: corresponde a una situación que se produce a consecuencia de la imposibilidad de acceder a una vivienda. Es decir, las personas que pernoctan y deambulan en la costanera de Antofagasta, representan la cara más cruda de la exclusión habitacional, y esta crudeza es la guinda de la torta de la vulneración sistemática de los derechos de las personas a acceder a una vivienda digna en Chile.

Para hacer más clara la reflexión posterior, propongo dos puntos de gran importancia:

En primer lugar, la clasificación de la situación de privación de vivienda debe dejar de percibirse como dicotómica, donde la sociedad “integrada” difiere de aquellas personas desplazadas. Existen al menos cuatro categorías subyacentes a la privación de vivienda: Las personas sin techo, las personas sin vivienda, las personas en situación de vivienda insegura y las personas en situación de vivienda inadecuada.

La primera hace referencias a personas sin un espacio físico para refugiarse, mientras que la segunda se relaciona con aquellas personas que pernoctan en equipamientos públicos pero que no tienen la privacidad de un hogar propio. El tercer punto, por su parte, consiste en aquellas personas que no pueden desarrollar un proyecto de vida estable en su hogar, mientras que la cuarta pone atención a personas que tienen titulo y dominio legal pero con bajos niveles de espacio físico, ausencia de suministros energéticos y falta de condiciones de higiene.

¿Qué sucede con aquellos niños bajo la tutela del Estado que cumplieron la mayoría de edad y deben sobrevivir haciendo uso de sus recursos? Probablemente formen parte de dicho grupo ¿y los mayores de edad que se han quedado sin vivienda y se les vuelve imposible arrendar? ¿y las personas de origen extranjero, sin papeles y nulo poder adquisitivo? El sinhogarismo tiene múltiples caras, pero en Chile no hemos trabajado en reconocerlas, no ha sido parte de la discusión pública y, por lo tanto, no tenemos un lugar de partida.

En segundo lugar, el sinhogarismo en Chile es visualizado como “problema público” una vez que la colectividad se alza para evidenciar el daño “visual” y de “seguridad”, entre otros, que las personas sin hogar han provocado en sus parques y proximidades. Creo necesario expresar mi indignación frente a estos argumentos constituidos de causalidades erróneas y estigmas que las propias autoridades y medios se han encargado de reproducir.

¿Existe un trabajo previo para la configuración de perfiles que le permita a la alcaldesa osar de declaraciones de tal magnitud? Claramente no. Si existieran estudios serios, con las metodologías e hipótesis adecuadas, muy probablemente los resultados que de allí surjan sugerirían no llamar “colectividad”, en tanto similitud de perfiles, a las personas sin hogar. ¿Por qué? Pues la complejidad inherente a los problemas públicos lo explica. Ejemplo: En España se tienen nociones respecto de que la mayoría de las personas que se encuentran en situación de calle son hombres. Pero también se tienen nociones acerca del sinhogarismo femenino, que tiene una manifestación distinta y recurrente, donde incitadas por el miedo ellas intentan lo imposible para evitar pasar la noche en la calle, fenómeno que se ha llegado a caricaturizar con el tránsito de sofá en sofá.

Por otro lado, ¿qué sucede con aquellos niños bajo la tutela del Estado que cumplieron la mayoría de edad y deben sobrevivir haciendo uso de sus recursos? Probablemente formen parte de dicho grupo ¿y los mayores de edad que se han quedado sin vivienda y se les vuelve imposible arrendar? ¿y las personas de origen extranjero, sin papeles y nulo poder adquisitivo? El sinhogarismo tiene múltiples caras, pero en Chile no hemos trabajado en reconocerlas, no ha sido parte de la discusión pública y, por lo tanto, no tenemos un lugar de partida.

Aclarado este punto, no es que el concejo y la alcaldesa de Antofagasta hayan sido incapaces de ver la solución ¡es que no pudieron ver el problema! A raíz de esto es que insto a los lectores a aproximarse al sinhogarismo desde la óptica de acceso a la vivienda, lo cual implica replantearnos los modos de intervención tradicionales, entre los que figura el absurdo fundado en la lógica del mercado, fijando una multa a las personas en situación de calle. A eso le llamaré proceder salvaje.

Entre los objetivos que comprende la intervención municipal de Antofagasta se encuentra el compromiso de “ordenar” a las personas sin hogar, realizarles un perfil psicológico y otorgarles ayuda profesional. Estos lineamientos expresados por Karen Rojo en prensa, vislumbran una concepción patológica de las personas sin hogar.

En otras palabras, al tener la persona sin hogar una patología social debe ser tratada con los dispositivos que guíen su superación al mismo tiempo vincularlos al servicio social. Equivocado. El proceso de recuperación de autonomía personal se obtiene justamente dejando de concebir al sin hogar como objeto tutelar. Aquí el acceso a la vivienda cobra sentido, al transformarse en un punto de partida para el posterior tratamiento que el municipio pueda otorgarles, sin descuidar evidentes fallas estructurales. Es decir, no se obtiene ningún resultado a favor si el equipo de salud mental interviene en una persona que se mantiene desprovista de vivienda, alimentación, agua potable, seguridad, ingresos mínimos para adquirir las anteriores y un tejido social activo.

La pregunta nos ha cambiado y en ese contexto ¿de qué manera se puede guiar el accionar de la administración comunal respecto de estos temas? Lo interesante de las políticas públicas, en tanto curso de acción, es que emergen continuamente en diversos puntos del orbe. Solo para dar luces, la experiencia Estadounidense y Europea nos ayuda a poner en clave de proposición el modelo “Husting first” (vivienda primero) para la erradicación del sinhogarimos. Este modelo interviene en personas que se encuentren en situaciones de mayor complejidad (problemas de salud mental, adicción u otros) a fin de generar un tratamiento en las condiciones apropiadas. Como esta, existen muchas luces que se les presentarán a quienes quieran intervenir de la mejor manera en un problema de carácter social. La ponderaciones de modelos en ningún caso es una invitación a copiarlos y pegarlos haciendo caso omiso a las condiciones propias del contexto social, institucionales y cultural, sino más bien, es una invitación a superar la soluciones con lógica mercantil a problemas que requieren ser pensados en clave de derechos y dignidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV