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Con la TV en crisis Luksic compra Canal 13: que alguien le avise que el mundo cambió

por 8 noviembre, 2017

Con la TV en crisis Luksic compra Canal 13: que alguien le avise que el mundo cambió
Que Luksic haya tenido que meter la mano al bolsillo después que los esperados compradores no llegaran, fue por una razón evidente: la industria televisiva, tal como la conocemos, está muriendo, agoniza. Hace poco, el grupo Luksic salió de Alto Maipo (un tipo de minería, sucia y sin respeto por el entorno, que también desaparecerá) con la venta de su participación a AES Gener. Hoy, más allá de los motivos, compran un sistema de comunicación que, de aquí a poco tiempo, quedará obsoleto. Que alguien le avise a Luksic que el mundo cambió.
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La enciclopedia tradicional no vio venir a Wikipedia y terminó absorbida por ella; la industria del taxi no vio venir a Uber y hoy agoniza buscando acomodarse en las nuevas condiciones. Medios TV, la sociedad de Luksic, compra a la Universidad Católica el 33% de su participación en Canal 13 por US$ 10 millones y terminará absorbida por la comunicación que se viene en un mundo cada vez más horizontal, un mundo en red.

Según Jeremy Rifkin, todas las revoluciones industriales conjugan una tecnología energética y una de las comunicaciones. La primera revolución unió el carbón y los sistemas de comunicación como el telégrafo; la segunda, el petróleo con los sistemas electrónicos de comunicación como el teléfono; y la tercera, de acuerdo a Rifkin, vino de la mano de los sistemas energéticos renovables y de la comunicación distribuida como internet. En eso estamos. Hoy, el mundo transita a las energías renovables e Internet.

Hasta China lo entiende y, por eso, ha desplegado un programa agresivo en el tránsito energético. Cuando Estados Unidos no aprueba los acuerdos de París (insuficientes, pero un paso, al fin y al cabo), está, de cierta forma, intentando aferrarse a una visión de mundo que caerá: el mundo de las energías fósiles. Lo mismo hace Luksic: aferrarse a un mundo que desaparecerá. Estamos viviendo un cambio en tiempo real. Un tránsito de un mundo a otro. En 100 años más, cuando otro Eric Hobsbawm cuente la historia, hablará de este momento como un puente entre una época y otra.

Como señala El Mostrador, para Andrónico no había opción: o metía la mano al bolsillo o Canal 13 se cerraba. De hecho, ya desde hace unos meses la UC buscaba vender el tercio que aún tenía en su poder. Durante ese periodo había pedido a Luksic que le ayudara a encontrar un comprador. Este lo evaluó y los puso en contacto con Citigroup en Nueva York, con los cuales son socios en Banco Chile. El comprador no llegaba por una razón evidente: la industria televisiva, tal como la conocemos, está muriendo, agoniza. La crisis de TVN es un síntoma de la misma enfermedad.

A diferencia de la televisión actual, los periódicos tradicionales o la radio, Internet no está organizado verticalmente. Es horizontal: el contenido carece de un orden impuesto de arriba abajo por un par de tipos que deciden la programación. Además, Internet puede generar economías de escala y sin intermediarios; puede, por ejemplo, permitir arrendar una habitación sin pasar por el hotel o un juguete sin pasar por la industria que los vende.

Como señala El Mostrador, para Andrónico no había opción: o metía la mano al bolsillo o Canal 13 se cerraba. De hecho, ya desde hace unos meses la UC buscaba vender el tercio que aún tenía en su poder. Durante ese periodo había pedido a Luksic que le ayudara a encontrar un comprador. Este lo evaluó y los puso en contacto con Citigroup en Nueva York, con los cuales son socios en Banco Chile. El comprador no llegaba por una razón evidente: la industria televisiva, tal como la conocemos, está muriendo, agoniza. La crisis de TVN es un síntoma de la misma enfermedad.

El mismo Jeremy Rifkin, en su último libro (La Sociedad de Coste Marginal Cero: El Internet de las Cosas, los Bienes Comunes y el Eclipse del Capitalismo), habla del Internet de las cosas (Idc) como un espacio que genera tal incremento en la productividad, que el coste marginal de producción se reduce al mínimo. Esto permite que se puedan ofrecer productos a bajo precio saltándose eso que llaman “las leyes del mercado”: para ofrecer una habitación en Airbnb no necesito más que una conexión a Internet y limpiar la habitación entre uno y otro viajero.

El coste marginal es prácticamente nulo, y no depende de un montón de especuladores financieros que suben o bajan los precios según la histeria de turno. Como dice Rifkin: “Las empresas siempre han buscado tecnologías nuevas que les permitan aumentar la productividad y reducir el coste marginal de producir y distribuir bienes y servicios con el fin de bajar precios, atraer consumidores, ganar cuota de mercado y garantizar beneficios suficientes para sus inversores. Pero nunca previeron una revolución tecnológica que pudiera dar lugar a una productividad extrema y redujera los costes marginales casi a cero, consiguiendo así que la información, la energía y muchos bienes y servicios físicos dejaran de estar sometidos a las fuerzas del mercado y fueran abundantes y casi gratuitos. Y eso es lo que está empezando a suceder”.

Todos estos cambios se dan dentro de otro paradigma: la economía colaborativa. Así suele llamarse a este tipo de economías a escala, sin intermediarios y con bajos costes de producción. Economías horizontales, en red, basadas en el respeto y no la codicia.

Hace poco, el grupo Luksic salió de Alto Maipo –un tipo de minería, sucia y sin respeto por el entorno, que también desaparecerá– con la venta de su participación a AES Gener. Hoy, más allá de los motivos, compran un sistema de comunicación que, de aquí a poco tiempo, quedará obsoleto. Pues bien, estos negocios son el símbolo de una visión del mundo que, ante todas las evidencias, tenderá a desaparecer. De hecho, su patrimonio se sustenta en lo acumulado: capital especulativo y rentista.

Que alguien les diga a los Luksic –este es un negocio personal del mayor de los Luksic y no parte de Quiñenco, el holding que agrupa a las empresas de la familia– que el mundo cambió y que, para parecer “buena onda”, no basta poseer un canal de televisión, escribir un par de tuits a la semana, ni ir a tomar el té con el chupamedias de turno.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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