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Frente Amplio: ¿Sabemos lo que pasa con las escobas nuevas?

por 11 diciembre, 2017

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Veinte coma tres por ciento en una primaria presidencial. La sangre nueva mostró los dientes. Su herramienta, la herramienta de Beatriz Sánchez y el FA, fue la de movilizar eficazmente la entraña del votante volátil. Ese votante que no lee mucho más que el titular de Twitter, que antes no votaba, y que este pasado 19 de noviembre confió en que de alguna manera se reducirían los abismos entre la política y el ciudadano común. Bajo todo prisma, es una hazaña el 20,3%. Se logró convocar a 1.336.824 chilenos y chilenas desilusionados, básicamente, de todo y de todos.

Párame a música: aunque duela

No se ganó. Se perdió. Se perdió frente a Piñera, y se perdió frente a Guillier. Se perdió ante los de siempre. Nos ganaron aquellos que deseamos erradicar, y una de las razones importantes es que el discurso de Beatriz Sánchez dejó fuera a otra parte relevante del padrón. Los votantes con más conocimiento de las dinámicas en la política criolla, (quizás más realistas, que entienden el contexto en más extenso), creyeron que las promesas de Beatriz Sánchez sonaban a ideas demasiado buenas para convertirse en algo concreto, y que además, ya hemos escuchado y creído en el pasado sin resultados. Piensan, en resumen, que la candidata del FA tiene energía, pero es un poema que roza la demagogia.

Ese votante, predominantemente político, que saborea frescura en el FA, que se enorgullece porque vive en carne la responsabilidad civil, de igual forma terminó votando por Guillier con gusto a poco, a bien poco, porque Guillier es un mal candidato y representa a la clásica película del mal menor. No es tema de esta columna el candidato, pero llegó a ser candidato sin decir nada, sólo porque no ostentaba investigaciones de corrupción encima (¡Vaya País!), y desde que habló, cayó sostenidamente en las encuestas. Guillier es el candidato con menor cantidad de votos en primera vuelta que ha tenido la concertación desde la vuelta a la democracia.

La brújula del Frente Amplio

Es un punto clave para el FA saber dónde estará el votante en 4 años más, y donde debe posicionarse. El escenario bajo este sistema electoral es dinámico y cambiante. Esto lo saben los dirigentes del FA, y sin poder decirlo públicamente, entienden que no se pueden cometer los mismos errores en los siguientes escalones hacia el poder. Perder en primera vuelta no es un triunfo. Perder no es un triunfo, por definición. Se ha sobre-exagerado el valor de los resultados. Toda escoba nueva se supone que barre bien. El mérito del 20,3% también pasa porque hay caras nuevas, arrastre, discurso a veces fácil, y no mucho más.

Ahora que se compite, se debe competir con responsabilidad, con la misma responsabilidad que te entrega cada chileno y chilena cuando marca tu nombre porque representas el Chile que anhela, porque eres la poca esperanza de convertir la realidad del mal menor, en otra.

Esta característica transitoria, (porque las caras se van a empezar a repetir) impactará negativamente en las siguientes elecciones si no se toman las medidas adecuadas para bajar los humos también de quienes piensan que perder es ganar. Un buen candidato del FA podría haber ganado quitándole votos al mal candidato concertacionista (La Concertación aún vive camarada). Y es que no hay que ser un adivino: El proyecto de la nueva mayoría nació en picada, como un avión japonés en sus últimos 10 segundos antes de impactar Pearl Harbor. Y en esta parábola final, ya no se tienen muchas formas de evadir la explosión, fin, o lo que los predicadores digan.

No saber aprovechar esa caída libre en un sector desilusionado y aburrido es una derrota moral, electoral, y política, sobre todo en elecciones con voto voluntario. Ser caras nuevas dura lo mismo que la escoba nueva que barre bien, y eso, como Frente-Amplista parece preocuparme más que a mis semejantes.

¿Y si se hubiese ganado?

Sentimientos encontrados. Algunos expresan internamente que quizás era el momento exacto para simplemente perder y quedar bien parados, re organizados. Y no es descabellado. Quizás este no era el momento del FA para llegar a La moneda. Tomás Hirsch no podría responder tantas preguntas al día, y esto no es el poder por el poder ¿o si? ¿Cuánto cuesta poner los paños fríos en un escenario como éste, en un movimiento naciente como éste?

El Frente Amplio debe llegar para quedarse, para establecer nuevas formas de hacer política, no para improvisar. Y como dicen algunos precavidos, quizás un triunfo presidencial habría terminado por destruirnos muy antes de tiempo. Mucho antes de lo que hubiésemos querido. Mucho antes de lo que nos hubiésemos imaginado. Ya dejamos de ser estudiantes con palabras que empiezan y terminan en la calle. Dejamos de ser proyectos del posible país que queríamos. Dejamos de ser la facción que el poder miraba desde arriba. Dejamos de ser sólo políticos de twitter. Ahora que se compite, se debe competir con responsabilidad, con la misma responsabilidad que te entrega cada chileno y chilena cuando marca tu nombre porque representas el Chile que anhela, porque eres la poca esperanza de convertir la realidad del mal menor, en otra.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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