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Lo que esta elección de Piñera no clausura

por 18 diciembre, 2017

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Sebastián Piñera es electo Presidente de Chile. Así es. Tenemos nuevo presidente. Sin embargo, ni el cierre de campaña, ni el esperado 17D, día en que por fin sabemos quién se apoltronará en La Moneda, cierran algo relevante en el Chile de hoy.
Nadie serio puede negarlo.

Hay procesos sociológicos por sobre lo que aconteció ayer, la jornada electoral presidencial, que son mucho más estructurales e importantes para tener en cuenta y que nos acompañarán al menos por un par de decenios más.

Como nunca hace décadas, este cierre de campaña y de elección presidencial significan, sobre todo, lo contrario: significan no un cierre sino la apertura de un nuevo ciclo político.

Nuevo ciclo marcado fundamentalmente por una nueva sociedad con nuevos desafíos.

Hay que decirlo sin ánimo de ser paradojal por ser paradojal. Lleno de matices, de contradicciones, de contratiempos y muchas veces también a contrarreloj, se abre en nuestra sociedad un nuevo ciclo político. Esto hubiera ganado Piñera como efectivamente ganó o hubiera ganado cualquier otro candidato. En este umbral histórico, vamos a ser testigos de la tensión entre lo viejo que comienza a morir y lo nuevo que comienza a nacer.

Pues bien, ¿cuáles son esas cuestiones que están pendientes, todavía más importantes que las ya alcanzadas para ser una sociedad decente, y que debiésemos afrontar con nuevas perspectivas de diseño? Respondamos así: entreguemos al menos 1 clave, 1 giro, ante el cual debiésemos poner atención en el nuevo ciclo que se abre en Chile. Digamos… 1 urgencia, 1 necesidad, 1 discurso, 1 idea matriz.

No es sólo que la impugnación al modelo llegó para quedarse; que el malestar y la indignación se tomen la agenda de los gobiernos de aquí en más; que el proceso de una nueva Constitución esté en punto de no retorno; que la pluralidad líquida y posmoderna de las nuevas identidades haya plantado la bandera de sus derechos en nuestra cotidianidad; que el lucro y el lobby se vuelvan cada vez más transparentes para el panóptico de las redes sociales o las políticas de control; o que el abuso ya no sea más tolerado en ninguna de sus formas cotidianas por una opinión pública que se entera de vez en cuando de las colusiones de uno que otro grupo económico. No es sólo todo esto, lo que ya es bastante para una sociedad que debiese aspirar a ser cada vez más decente, lo que está aquí como nuevos sentidos de ciudadanía y acción política en su más amplio sentido.

También están pendientes cuestiones más de fondo, más arraigadas en nuestro quehacer socio cultural y que se niegan a morir aún, o que a duras penas hemos vislumbrado su nacimiento porque sencillamente no hemos pensado en todos estos años los problemas, nuestros problemas, con una mayor profundidad o con una más serena perspectiva. La misma lógica del ciclo político que se está terminando nos entrampó vez por vez en un laberinto conceptual del que sólo podían surgir las mismas respuestas: llevamos 200 años hablando de libertad de enseñanza, por ejemplo, lo que después de Pinochet y la Concertación, se agravó aún más.

Pues bien, ¿cuáles son esas cuestiones que están pendientes, todavía más importantes que las ya alcanzadas para ser una sociedad decente, y que debiésemos afrontar con nuevas perspectivas de diseño? Respondamos así: entreguemos al menos 1 clave, 1 giro, ante el cual debiésemos poner atención en el nuevo ciclo que se abre en Chile. Digamos… 1 urgencia, 1 necesidad, 1 discurso, 1 idea matriz.

Lo más urgente , sin duda, es el deterioro de la educación en general en nuestro país. No por los resultados en las pruebas estandarizadas, sino por dos criterios “nuevos” que se debieran tomar mucho más en serio. La educación en Chile está deteriorada porque su aporte al producto de la nación es prácticamente igual a cero, por ello es urgente, lo necesitamos, fortalecer las capacidades cognitivas del sistema en el más profundo sentido de la palabra: necesitamos que la educación se oriente hacia la innovación en el conocimiento. Eso es urgente, pero también la educación en Chile está deteriorada porque el bienestar escolar de los estudiantes en general es insano, hostil, desorganizado y lo que es peor, aburrido. Así ¡cuándo! Necesitamos escuelas creativas, escuelas que desafíen a los estudiantes para aprender más en un saber por excelencia aplicado. Y necesitamos también escuelas ciudadanas, para la ciudadanía. Escuelas libres de malestar insano.

En esa misma línea, la línea matriz de la educación, es imprescindible ver y comprender con atención el deterioro de la clase social que llamaremos “Becas Chile”, “los becas Chile”. Es una capacidad que no debiésemos desperdiciar sobre todo si nuestra principal crisis de aquí en más es un producto nacional sin inteligencia, sin conocimiento, sin innovación. La clase de “los becas Chile” vuelven a las universidades a llenarse el horario en el cumplimiento de “metas paper” porque es eso lo que las universidades necesitan para posicionarse en sus acreditaciones. Y esto afecta tanto a los jóvenes científicos como a los jóvenes humanistas. ¡Qué decir de nuestros jóvenes artistas! No puede ser. Simplemente no puede ser. Más plata a las universidades, sí, pero para que creen más links virtuosos con el mundo de la empresa o la industria. ¿Qué hacemos con esta nueva clase social en Chile? es todo un reto, uno de marca mayor. La política tiene la responsabilidad en este desperdicio, es evidente, pero también la visión miope de nuestros empresarios.

Podríamos seguir con las urgencias, es cierto, pero por aquí va la viga maestra: por la educación. Desde aquí Sebastián Piñera tendrá que construir gobierno y desde aquí la oposición tendrá que pensar el país.
No queda otra. Dejemos esta elección atrás, que cerrar cerrar, no cierra nada. ¡Bienvenido el nuevo ciclo político en Chile!

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