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La Izquierda sin el pueblo: las razones de una derrota

por 28 diciembre, 2017

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El gran pensador marxista yugoslavo Milovan Djilas, en su célebre libro “La Nueva Clase”, hace una crítica ingente a la construcción de una elite politizada que se convierte en la nueva clase dominante (totalmente contrario a la sociedad sin clases postulada por Marx). Alude a la “nomenklatura” (elite política) y la “intelligentsia” (elite intelectual), que si bien no participa en la propiedad de los medios de producción, si poseía el control sobre la visión, decisiones y prioridades del Estado y del Partido.

El lector se preguntará qué tiene que ver un viejo marxista yugoslavo (posteriormente caído en desgracia dentro de sus propias filas), con el presente nacional y la estrepitosa derrota sufrida por las fuerzas progresistas en la segunda vuelta presidencial. La situación es análoga, nuestra “nomenklatura”, formada por dirigentes políticos y estudiantiles en retiro devenidos en burócratas profesionales, y nuestra “intelligentsia”, artistas e intelectuales ávidos de café en Providencia y noches de Jazz en Ñuñoa, decidieron cuál debía ser el mapa de prioridades de los Chilenos para estas elecciones y se lo impusieron a nuestro candidato presidencial Alejandro Guillier.

El mapa incluía solo una agenda de libertades y algunos derechos sociales, leyendo el escenario de la primera vuelta, no tenían dudas, Chile se había convertido en un país hecho a la imagen y semejanza de un estudiante de posgrado de clase media alta. Los obreros, campesinos, mineros, vendedores ambulantes, entre otros; que habían sido la base sustentadora del progresismo nacional durante más de 100 años debían ser convenientemente escondidos para buscar el voto de estos nuevos chilenos. Los énfasis debían estar puestos en propuestas que encantaran a estos chilenos, como la Ley de Identidad de Género, la legalización del cannabis y la ayuda a los start-ups (todos tremendamente necesarios desde mi punto de vista, pero exagerados en énfasis durante una campaña), las ideas del candidato de mostrar sus propuestas en Minería, en reducción de la jornada laboral, en sindicalización, en agua potable rural, debían morigerarse porque había que conquistar a este supuesto votante de Beatriz Sánchez que miraba con recelo los temas del ciudadano común.

En resumen se podría decir que, en la campaña hubo mucho la Moral Distraída y poco Sonora de Tommy Rey, mucho Baradit y poco Bombo Fica, mucho académico y poco dirigente sindical, mucho actor under de teatro y poco actor de la teleserie de moda, mucha propuesta moral y poca social, mucho ex dirigente estudiantil y pocas agrupaciones campesinas, mucho Bellavista y poco campamento minero, entre muchas otras analogías que uno podría señalar.

Mientras tanto en la otra vereda, el candidato de la derecha aceptaba la propuesta del Senador Ossandón de seguir avanzando en gratuidad en educación; de esta manera dejando  off side a una de las críticas más frecuentes que se le hacía a Piñera. Saldado ese tema, Piñera pudo abocarse a hablarle a la gente (desde su prisma derechista neoliberal) de su trabajo, de seguridad, de consumo, de vivienda, incluso de salud y seguridad social. En nuestro lado, esos temas no eran prioritarios y la mejor política fue omitirlos (esconderlos en la profundidad de un programa, que en general pocos chilenos leen), esos eran temas que no interesaban a este naciente nuevo chileno.

Luego llegaron las estrategias comunicacionales y sobre todo la franja electoral televisiva. En la franja de Guillier vimos jóvenes con tatuajes y largas barbas, niñas bonitas en bicicleta, a la protagonista de la película “joven y alocada” diciendo garabatos contra el contrincante y a un actor que lleva un tiempo sin actuar en teleseries. Nada de obreros, nada de dirigentes sindicales, menos de mineros y campesinos. Me gustaría saber que exactamente pensó el campesino del Maule o el minero de Atacama al verla, me aventuro a pensar que ese Chile que les mostraban les parecía ajeno y no se sentían identificados con los personajes que ahí aparecían, es razonable pensar que incluso la música no les gustaba mucho.

Nuevamente en la otra vereda, la franja repetía la canción reeditada del Puma Rodríguez la cual a nuestro mundo politizado tanta risa nos había dado. Mostraba a los nuevos chilenos, pero también mostraba al campesino, al minero y a la feriante entre otros. Hablaba de temas poco glamorosos, como delincuencia y un ofertón de empleos. Tiendo a pensar que el intelectual de Barrio Italia se sintió asqueado cuando la vio y acompaño de una risa burlona la repugnancia que le provocaba, no tanto el fondo, sino que la forma en que se transmitía.

Este relato busca introducir el tema de fondo, como el paternalismo y dirigismo intelectual de un sector importante del neomayorismo, nos llevó a la derrota más estrepitosa de nuestra historia. Durante ya varios años nos reímos  y burlamos de las preocupaciones, inquietudes y miedos del chileno común, de ese chileno asalariado o trabajador por cuenta propia que siente todavía cómo la pobreza presente en alguna generación anterior le jadea detrás de los oídos.

Ese chileno común que entiende que no vive en Saravejo o en Damasco, pero siente miedo de ser asaltado o de que sus hijos caigan en los círculos de los narcos. Ese chileno que en general en muchas cosas es progresista y liberal, el mismo que le entrego un gran triunfo a la Presidenta Bachelet porque supo a la vez de poner una agenda transformadora conectar con  sus preocupaciones del día a día (además de una imagen maternal que hace nacer una sensación de seguridad a los chilenos).

Es así, como todo aquel que demostraba algún grado de preocupación de su situación diaria o externalizaba los miedos del cual el Estado quería que lo protegiera, era puesto en un pelotón de fusilamiento intelectual siendo llamado “facho pobre”, “desclasado” o dudando de sus capacidades cognitivas para elegir a un nuevo gobernante (“solo los idiotas votan a Piñera”). La izquierda empezó a sentir una aversión por el pueblo que había sido su soporte. En sus preocupaciones no daríamos la pelea y le dejaríamos solo la versión de la derecha, no era necesario dar esa batalla y depondríamos dejando el frente totalmente a merced de las ideas derechistas. Quiero aclarar, que no es mi idea que adoptáramos las ideas de derecha, sino que diéramos la pelea con las nuestras a riesgo de perder.

En resumen se podría decir que, en la campaña hubo mucho la Moral Distraída y poco Sonora de Tommy Rey, mucho Baradit y poco Bombo Fica, mucho académico y poco dirigente sindical, mucho actor under de teatro y poco actor de la teleserie de moda, mucha propuesta moral y poca social, mucho ex dirigente estudiantil y pocas agrupaciones campesinas, mucho Bellavista y poco campamento minero, entre muchas otras analogías que uno podría señalar.

Creo que también resulta justo decir que desaprovechamos a nuestro candidato. Guillier sería el Presidente de la Gente, un hombre venido de región, que no participaba en los círculos de las universidades mainstream santiaguinas, que había hecho el servicio militar, que había estudiado afuera en Ecuador no en Harvard, Oxford o Heidelberg; además con una actitud tranquila, campechana y bonachona. Ese hombre era el ideal para hablarles a las grandes mayorías populares, acompañarlos en sus inquietudes y miedos con propuestas progresistas además de escucharlos con tranquilidad. Pero desde el fin de la primera vuelta eso se acabó, las campaña fue secuestrada por la “Nomenklatura” y la “Intelligentsia” obligando al candidato a cambiar el rumbo, disfrazarse de lo que no es y poner el foco en lo que leyeron era lo que Chile necesitaba y buscaba. Se sentían exultantes su dirigismo intelectual creían había dado resultado, habían podido imponer sus temas a los chilenos.

El impactante resultado, hace necesario recordar lo peligroso que es que nos hablemos solo a nosotros mismos y no consideremos el ethos de la izquierda que es la construcción de grandes mayorías populares. Ya se ha mencionado, el propio Guillier lo hizo a su manera, lo peligroso que es que una elite desde casa piedra, organismos internacionales o consultoras en el barrio alto ponga las temáticas en la izquierda –hay que decir que a punta de técnicas marketeras y mercachifles muchas veces con una impronta totalmente equivocada lograron concordar con los chilenos comunes- pero resulta igual de peligroso, que la nueva elite del Barrio Italia, de Bellavista, de algunos veteranos de la Revolución del 2011, de las fiestas “populares” al son de la nueva cumbia chilena,  sea la que genere los temas con los cuales la izquierda le hablara al país y buscará generar las grandes mayorías populares necesarias para volver a gobernar. Mientras tanto, hago la invitación a dejar el dirigismo cultural y el paternalismo intelectual, dejemos de menospreciar al ciudadano común e impregnémonos de su sabiduría práctica.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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