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DC chilena: dinámicas propias de un partido de centro

por 17 enero, 2018

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Sorpresa nos causan los análisis especializados respecto al cisma-éxodo ocurrido en el Partido Demócrata Cristiano de Chile. Mientras que algunos se han centrado en factores tan básicos como la diferencia etaria de sus miembros (lo viejo vs lo nuevo. El resabio conservador vs el progresismo joven), en la orgánica interna del partido (si las decisiones internas son democráticas o si la mayoría intransigente oprime a una minoría indefensa) o en la crisis de representación (quién tiene la culpa de la pérdida y distancia con los electores), ninguno ha hecho un análisis serio desde una perspectiva politológica: el PDC es un partido de centro y como tal está sujeto a la dinámica de comportamiento propia de los partidos de centro. Lo más cercano a esto han sido los análisis sobre giros a la izquierda y giros a la derecha, es decir, de los “tirones” debido a los impulsos centrífugos propios de un sistema de partidos que se transforma y polariza. Pero esto no es suficiente. No para un politólogo

En 1992 Timothy R. Scully, de quién nadie puede dudar su conocimiento sobre la Democracia Cristiana chilena, confrontando las perspectivas teóricas dominantes respecto al rol de los partidos de centro (incluyendo a dos pesos pesados como Sartori y Duverger), dibuja el siguiente panorama: “la experiencia de los partidos de centro en Chile sugiere que hay al menos dos tipos diferentes de partidos de centro: los posicionales y los programáticos. Un partido de centro posicional es el que ocupa una posición intermedia, de compromiso respecto a los polos extremos, sobre el eje predominante del conflicto político. Su liderazgo está motivado ante todo por la meta de obtener acceso al Estado y mantener el poder. Por el contrario, un partido programático de control está substancialmente comprometido a un conjunto específico de políticas y un resultado peculiar a lo largo del eje de fisura principal, sobre los cuales no está dispuesto o no puede admitir compromisos. Sus líderes están más interesados en usar al Estado para alcanzar metas programáticas específicas”. A partir de esto Scully llega a la siguiente conclusión: “los demócratas cristianos (chilenos) sirven como ejemplo del segundo tipo, un centro programático”. La intención del trabajo de Scully no fue sólo refutar las tesis existentes sobre los partidos de centro, sino también contestar, de una vez por todas, una de las preguntas más importantes al momento de analizar el espectro político partidario en términos de izquierda y derecha ¿Es el centro político algo que existe por derecho propio y posee, por lo tanto una cierta capacidad de iniciativa política, o es más bien el centro una parte móvil del electorado, que fluctúa desde un polo a otro? Su respuesta fue clara: no hay que subestimar la capacidad del centro para generar una identidad política y un proyecto propio. Este proyecto propio fue llamado en muchos países como la “tercera vía”, es decir, un punto intermedio entra las pretensiones de transformación social de los partidos de izquierda y la defensa acérrima de las derechas conservadoras principalmente en materia moral.

El aporte de Scully para analizar la historia del centro chileno, incluyendo la transición democrática, resulta innegable. Liberales a mediados del siglo XIX y radicales a comienzo del siglo XX respondieron según el comportamiento propio de los partidos de centro programáticos formando alianzas principalmente con fines electorales. La Democracia Cristiana desde su nacimiento hasta la elección de Allende se comportó como un centro posicional. Lamentablemente luego de veinticinco años de la aparición de Los partidos de centro y la evolución política chilena los cuestionamientos respecto a la mecánica centrista siguen persistiendo. Por mucho que Scully haya querido dotar de identidad propia al centro político éste insiste en mostrar su inestabilidad. Al parecer hoy resulta más atractivo para analizar la crisis de la Democracia Cristiana chilena volver a mirar la mecánica centrista desarrollada por Sartori. A pesar de mostrarse cauto respecto al tema tratado por Scully (si existen o no las doctrinas o las ideologías de centro) éste nos dejó quizá el trabajo más orientador para analizar a los partidos de centro en momentos de crisis políticas: en contextos multipartidistas, con un aumento en la distancia ideológica entre los polos de izquierda y derecha, los partidos ubicados en el terreno central del sistema político tenderán a erosionarse. Como bien nos detalló Arturo Valenzuela, fue esto lo que pasó con la DC entre 1970 y 1973.

Este más que vulgar resumen sobre la dinámica partidaria centrista en momentos de polarización política de Sartori nos permite, sin embargo, plantear dos pertinentes preguntas para analizar el momento que vive la DC chilena ¿Es el momento actual el momento de mayor polarización política desde el retorno a la democracia? Y ¿Es posible aplicar a un partido de centro programático como el de Scully el esquema analítico desarrollado por Sartori?

Para los ojos del mainstream académico Chile es el paradigma de lo que Sartori llamó un sistema de partidos de pluralismo moderado. Para muchos –que claramente no conocen del tema- es un bipartidismo de coalición similar al de las estables democracias europeas.

Para los ojos del mainstream académico Chile es el paradigma de lo que Sartori llamó un sistema de partidos de pluralismo moderado. Para muchos –que claramente no conocen del tema- es un bipartidismo de coalición similar al de las estables democracias europeas.

Para Scully, debido a su imposibilidad de tranzar sus principios, un centro programático está destinado a correr por cuenta propia. Para Sartori, en un multipartidismo moderado, el centro partidario está desocupado por lo que los partidos de los extremos compiten por los votos de centro. Es esto lo que modera el sistema partidario. La Democracia Cristiana chilena no sólo es un centro programático que ha hecho alianzas con un partido tan alejado como el Partido Comunista sino que ocupa en centro político en un sistema de partidos moderado. Y entonces ¿Qué es lo que pasa con la DC chilena?

Dejando de lado nuestro inexistente chovinismo hay algo que es cierto: Chile es territorio de salidas de libreto y de rupturas de brújulas. Terreno fértil para el nacimiento de nuevas herramientas teóricas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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